Pekín
Un gobierno manchado por la corrupción y los dobles estándares
Por:
F. Gualdoni, A. Rizzi y J. González
Jueves 23 de
Enero 2014

En el lado norte de la plaza Tiananmen, en Pekín, un retrato gigante de Mao preside la entrada a la Ciudad Prohibida, hogar de los emperadores durante casi 500 años.
El cuadro objeto de veneración de toda una generación de chinos, educados en el culto al líder y al Partido Comunista Chino (PCCh) es utilizado de fondo en las fotografías de millones de turistas.
Poco queda hoy de la herencia ideológica y las teorías del fundador de la República Popular China, creada en 1949. El Gran Timonel murió en septiembre de 1976, y su sucesor, Deng Xiaoping, desmontó con habilidad y pragmatismo la herencia maoísta y embarcó a China en un proceso de apertura y reformas, que desencadenó una de las mayores y más veloces transformaciones que ha experimentado un país en la historia de la humanidad.
Deng implantó la economía de mercado socialista, basada en el llamado socialismo con características chinas, que sustituyó a la economía central planificada soviética, y exhortó a sus compatriotas a trabajar por el progreso chino con la famosa frase "Hacerse rico es glorioso".
Pero con el salto al capitalismo y la reestructuración de la economía llegó el rápido enriquecimiento de un sector de la población, gracias, en muchos casos, a sus relaciones con el partido y a la corrupción, una lacra que afecta en la actualidad a todas las capas de la sociedad, pero que alcanzó su máximo entre representantes de las élites políticas y empresariales, hasta el punto que los propios dirigentes reconocen que supone un serio peligro para la supervivencia del PCCh.
En mayo pasado, la inclusión de Kong Dongmei, nieta de Mao, en una lista de las personas más acaudaladas del país provocó una oleada de críticas y acusaciones de hipocresía. Kong, de algo más de 40 años, y su marido, Chen Dongsheng, ocupaban la posición 242 en el ranking de la revista Nueva Fortuna, con una riqueza estimada en 605 millones de euros.
La nieta de Mao es sólo uno entre los muchos casos de familiares y personas próximas a los héroes de la revolución y empresarios que se enriquecieron hasta extremos insospechados desde el inicio de las reformas, gracias a sus conexiones con el poder.
Una investigación de junio de 2012 de la agencia Bloomberg reveló que, a medida que el presidente Xi Jinping ascendía en el escalafón del PCCh, miembros de su familia expandieron sus intereses empresariales con participaciones en compañías mineras, inmobiliarias y de telecomunicaciones. Esos intereses incluyen inversiones en firmas con unos activos de 275 millones de euros, una participación indirecta del 18% en una empresa de tierras con 1268 millones de euros en activos y un holding de 14,8 millones de euros en una compañía cotizada. Ninguno de los bienes estaba ligado a Xi, su esposa o su hija, ni había indicios de que Xi hubiera actuado para favorecer las operaciones.
Los documentos mostraron que la familia tenía por lo menos siete propiedades en Hong Kong, entre ellas, un casa tasada en 23,1 millones de euros. Los activos de la familia eran propiedad de la hermana de Xi, Qi Qiaoqiao; su marido, Deng Jiagui, y la hija de Qi, Zhang Yannan.
Otra investigación de The New York Times de octubre de 2012 reveló que familiares del que fuera primer ministro entre 2003 y 2013, Wen Jiabao, entre ellos, su madre, hijo, hija, hermano menor y cuñado, se hicieron "tremendamente ricos" durante el tiempo de Wen en el poder. "Un examen de los registros empresariales y regulatorios indica que los parientes del premier controlaron unos activos de 1980 millones de euros", señaló la investigación.
Tanto familiares de Xi como de Wen recurrieron a paraísos fiscales a través de empresas creadas por ellos mismos o su participación en otras ya constituidas. Es el caso de Deng Jiagui cuñado de Xi, y el hijo y el yerno de Wen, Wen Yunsong y Liu Chunhang, respectivamente.
Las disparidades entre ricos y pobres en el país asiático se encuentran entre las mayores del mundo. Mientras en las calles de ciudades como Pekín y Shanghai abundan autos Ferrari y Lamborghini conducidos por los hijos de empresarios y la nomenclatura, en las zonas rurales aún hay pueblos sin agua corriente, calles asfaltadas o servicios sanitarios.
Muchos de quienes se enriquecieron durante el auge económico chino se llevaron la fortuna fuera del país. Funcionarios corruptos sacaron de China 90.929 millones de euros procedentes de desfalcos u obtenidos ilegalmente durante 15 años, según un informe del banco central chino. Alrededor de 17.000 miembros del partido, funcionarios judiciales y ejecutivos de empresas estatales abandonaron China entre mediados de los años 90 y 2008.
La decisión de Deng y sus más allegados de salvaguardar la supremacía del PCCh les llevó a poner a sus familias al frente de la apertura y la reforma, que tuvo como resultado la concentración de riqueza y poder en manos de unos pocos. En la década de 1980, muchos fueron elegidos para dirigir los conglomerados estatales. El proceso de desarrollo se puso en marcha y sacó a cientos de millones de chinos de la pobreza. Pero con aquel vino la corrupción y el enriquecimiento desmesurado de una parte de la población. La sociedad igualitaria dejó de serlo.
JUZGAN A UN ACTIVISTA
Xu Zhiyong, un abogado activista por la defensa de los derechos humanos que lanzó un movimiento para pedir la transparencia de la dirigencia política china, empezó a ser juzgado ayer en Pekín, mientras la cúpula gobernante es sacudida por el descubrimiento de cuentas millonarias en el exterior. Xu, fundador del Nuevo Movimiento de los Ciudadanos, está acusado de haber "reunido una multitud para alterar el orden público". Durante la audiencia de seis horas, el activista no pronunció palabra a modo de protesta contra el régimen.
Poco queda hoy de la herencia ideológica y las teorías del fundador de la República Popular China, creada en 1949. El Gran Timonel murió en septiembre de 1976, y su sucesor, Deng Xiaoping, desmontó con habilidad y pragmatismo la herencia maoísta y embarcó a China en un proceso de apertura y reformas, que desencadenó una de las mayores y más veloces transformaciones que ha experimentado un país en la historia de la humanidad.
Deng implantó la economía de mercado socialista, basada en el llamado socialismo con características chinas, que sustituyó a la economía central planificada soviética, y exhortó a sus compatriotas a trabajar por el progreso chino con la famosa frase "Hacerse rico es glorioso".
Pero con el salto al capitalismo y la reestructuración de la economía llegó el rápido enriquecimiento de un sector de la población, gracias, en muchos casos, a sus relaciones con el partido y a la corrupción, una lacra que afecta en la actualidad a todas las capas de la sociedad, pero que alcanzó su máximo entre representantes de las élites políticas y empresariales, hasta el punto que los propios dirigentes reconocen que supone un serio peligro para la supervivencia del PCCh.
En mayo pasado, la inclusión de Kong Dongmei, nieta de Mao, en una lista de las personas más acaudaladas del país provocó una oleada de críticas y acusaciones de hipocresía. Kong, de algo más de 40 años, y su marido, Chen Dongsheng, ocupaban la posición 242 en el ranking de la revista Nueva Fortuna, con una riqueza estimada en 605 millones de euros.
La nieta de Mao es sólo uno entre los muchos casos de familiares y personas próximas a los héroes de la revolución y empresarios que se enriquecieron hasta extremos insospechados desde el inicio de las reformas, gracias a sus conexiones con el poder.
Una investigación de junio de 2012 de la agencia Bloomberg reveló que, a medida que el presidente Xi Jinping ascendía en el escalafón del PCCh, miembros de su familia expandieron sus intereses empresariales con participaciones en compañías mineras, inmobiliarias y de telecomunicaciones. Esos intereses incluyen inversiones en firmas con unos activos de 275 millones de euros, una participación indirecta del 18% en una empresa de tierras con 1268 millones de euros en activos y un holding de 14,8 millones de euros en una compañía cotizada. Ninguno de los bienes estaba ligado a Xi, su esposa o su hija, ni había indicios de que Xi hubiera actuado para favorecer las operaciones.
Los documentos mostraron que la familia tenía por lo menos siete propiedades en Hong Kong, entre ellas, un casa tasada en 23,1 millones de euros. Los activos de la familia eran propiedad de la hermana de Xi, Qi Qiaoqiao; su marido, Deng Jiagui, y la hija de Qi, Zhang Yannan.
Otra investigación de The New York Times de octubre de 2012 reveló que familiares del que fuera primer ministro entre 2003 y 2013, Wen Jiabao, entre ellos, su madre, hijo, hija, hermano menor y cuñado, se hicieron "tremendamente ricos" durante el tiempo de Wen en el poder. "Un examen de los registros empresariales y regulatorios indica que los parientes del premier controlaron unos activos de 1980 millones de euros", señaló la investigación.
Tanto familiares de Xi como de Wen recurrieron a paraísos fiscales a través de empresas creadas por ellos mismos o su participación en otras ya constituidas. Es el caso de Deng Jiagui cuñado de Xi, y el hijo y el yerno de Wen, Wen Yunsong y Liu Chunhang, respectivamente.
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Con información de
lanacion
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