Una fiesta con todo permitido
Por:
NICOLÁS PARRILLA
Viernes 24 de
Enero 2014

Todos los años, previo al inicio del tiempo de Cuaresma, se dejan salir afuera todos los impulsos, en una celebración que derrumba las barreras sociales.
“El carnaval ignora toda distinción entre actores y espectadores. Los espectadores no sólo asisten, sino que lo viven, ya que está hecho para todo el pueblo. Durante el carnaval no hay otra vida posible, no se puede escapar, porque no tiene ninguna frontera espacial. En el curso de la fiesta sólo puede vivirse de acuerdo a sus leyes, es decir de acuerdo a las leyes de la libertad. El carnaval posee un carácter universal, es un estado peculiar del mundo: su renacimiento y su renovación en los que cada individuo participa. Esta es su esencia misma, y los que intervienen en el regocijo lo experimenten vivamente”. El filósofo del lenguaje y teórico ruso Mijaíl Bajtín dejó bien en claro el verdadero significado del carnaval en su obra “La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento. El contexto de François Rabelais”, publicada en 1941.El día anterior al Miércoles de Cenizas (el inicio de la Cuaresma, es decir cuarenta días antes de la Semana Santa) se celebra en los países de tradición católica el Martes de Carnaval, una conmemoración que tiene sus orígenes en viejos rituales paganos y celebraciones y fiestas de abundancia en honor a Baco, el dios romano del vino; aunque también según algunos historiadores que investigaron su origen, podría relacionarse a las antiguas Sumeria y Egipto, hace más de cinco mil años.
A comienzos de la Edad Media, la Iglesia Católica intentó buscar una etimología de la palabra, asegurando que provenía del latín “carne-levare”, que significa abandonar la carne, el alimento que no se puede comer durante la Cuaresma. Pero lo que realmente se abandonaban durante la celebración son las diferencias de jerarquías entre las distintas clases sociales, ya que se vive una especie de liberación y supresión de barreras.
En cada país, las costumbres e idiosincrasias propias de la sociedad fueron amoldando las tradiciones de sus carnavales. En la ciudad italiana de Venecia, el festejo surgió alrededor del año 1400, cuando la nobleza se disfrazaba para salir a mezclarse con el pueblo, utilizando máscaras a fin de no reconocerse unos a los otros. En la actualidad se siguen utilizando las máscaras y los trajes característicos del Siglo XVIII. También es mundialmente famosa la celebración de Mardi Gras, que se lleva a cabo en la ciudad estadounidense de Nueva Orleans, y cuyo nombre (“martes grasoso” en francés) se refiere a que era el último día para disfrutar de suculentas comidas antes del comienzo de la abstinencia que supone la Cuaresma. Otros carnavales reconocidos en el planeta son los de Tenerife y Cádiz, en España; Binche y Aalst, en Bélgica; y Oruro, en Bolivia, consagrados como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
En nuestro país, los carnavales varían según las diferentes regiones del país. En la zona del litoral, existe una marcada influencia de la vecina cultura brasilera: son reconocidos los carnavales de las ciudades de Gualeguaychú, en Entre Ríos, y de Corrientes, Paso de los Libres y Monte Caseros, en la provincia de Corrientes. En el noroeste, las celebraciones están más relacionadas con creencias de los pueblos originarios de la zona y en especial el culto a la tierra, representada en la Pachamama.
Sin embargo, alrededor del mundo se sabe que el Carnaval más grande de todos es el de la ciudad brasilera de Río de Janeiro. Cada año, más de cinco millones de turistas se dan cita en el “sambódromo” donde se lleva a cabo el desfile de las comparsas, que pueden llegar a tener hasta cinco mil participantes, bailando y tocando música. Traído por la inmigración, tanto europea como la de origen africano, en Brasil el Carnaval tuvo además algunas variaciones, como por ejemplo, los juegos de tirarse agua entre las personas, como un símbolo de purificarse el cuerpo. El desfile, acompañado de la música, se remonta a las épocas en que las personas de origen afro-brasilero salían a la calle reivindicando su libertad.
A comienzos de la Edad Media, la Iglesia Católica intentó buscar una etimología de la palabra, asegurando que provenía del latín “carne-levare”, que significa abandonar la carne, el alimento que no se puede comer durante la Cuaresma. Pero lo que realmente se abandonaban durante la celebración son las diferencias de jerarquías entre las distintas clases sociales, ya que se vive una especie de liberación y supresión de barreras.
En cada país, las costumbres e idiosincrasias propias de la sociedad fueron amoldando las tradiciones de sus carnavales. En la ciudad italiana de Venecia, el festejo surgió alrededor del año 1400, cuando la nobleza se disfrazaba para salir a mezclarse con el pueblo, utilizando máscaras a fin de no reconocerse unos a los otros. En la actualidad se siguen utilizando las máscaras y los trajes característicos del Siglo XVIII. También es mundialmente famosa la celebración de Mardi Gras, que se lleva a cabo en la ciudad estadounidense de Nueva Orleans, y cuyo nombre (“martes grasoso” en francés) se refiere a que era el último día para disfrutar de suculentas comidas antes del comienzo de la abstinencia que supone la Cuaresma. Otros carnavales reconocidos en el planeta son los de Tenerife y Cádiz, en España; Binche y Aalst, en Bélgica; y Oruro, en Bolivia, consagrados como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
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Con información de
clarin
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