IDESA: “La mitad del aumento del déficit fiscal es por gastos no Covid-19”.
Lunes 20 de
Julio 2020
Luego de cuatro meses de confinamiento obligatorio, el Gobierno permitió que los municipios del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) flexibilicen la cuarentena.
Si bien para el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) fue “el paso a una fase de mayor libertad basada en responsabilidad individual”, la imposición “fue derivada del cansancio social y el grave deterioro social y productivo” y no porque se tenga control sobre la pandemia.
“El equivocado concepto de que primero está la vida y luego la economía terminó llevando a la paradoja de tener que flexibilizar el aislamiento en el momento que se registra el mayor número de contagios. Las autoridades matizan la situación argumentando que la cantidad de casos diarios no estaría creciendo. Esto es relativo ya que se desconoce la verdadera cantidad de contagios. Esto se explica porque la principal debilidad de la estrategia argentina sigue siendo no priorizar la masificación de los tests. De todas formas, es positivo ir hacia una estrategia productiva y social más sostenible y tolerable”, remarcó el informe semanal del Instituto.
En ese sentido, apuntó que “la degradación en la situación económica” se manifiesta en múltiples facetas y, una de ellas es la situación de las cuentas públicas. Según un informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso de la Administración Nacional, el primer semestre del año el déficit primario (antes del pago de intereses) pasó de 1% a 8% del PIB, es decir, aumentó 7 puntos del Producto Bruto Interno respecto al mismo período del año anterior.
El 56% del aumento del déficit fiscal se explica por transferencias extraordinarias a las familias, los trabajadores, al sector salud y a las provincias por la crisis del Covid-19. Sin embargo, el 44% restante corresponde a aumentos de los gastos corrientes por encima de la recaudación, no ligados directamente a la pandemia.
“Estos datos muestran que la degradación de las cuentas públicas alcanza magnitudes inusitadas. No sólo porque el déficit primario llegó a un nivel inédito sino porque los gastos extraordinarios directamente vinculados al Covid-19, los cuales cabría de esperar que desaparezcan cuando vuelva la normalidad, explican poco más de la mitad del desequilibrio”, resaltó Idesa.
En la misma línea, el informe agregó: “La otra mitad del aumento del déficit fiscal son excesos de gastos corrientes sobre la recaudación. Que la mitad del aumento récord de déficit fiscal sea por gastos no directamente relacionados con el Covid-19 condiciona la salida de la crisis”.
La entidad recordó que, al tener muy limitado acceso al crédito público, los desequilibrios fiscales se financian con emisión: en el primer semestre del 2020, el financiamiento monetario del déficit fiscal fue de $940.000 millones, equivalentes al 33% del gasto público.
“Esto tuvo poco impacto sobre la inflación. Pero es un fenómeno transitorio asociado a la abrupta caída del consumo producto del aislamiento. A medida que se normalice la situación será cada vez más visible la inconsistencia entre la masiva emisión monetaria y una aparente inflación controlada”, advirtió IDESA.
Además, el Instituto subrayó que la reducción del déficit fiscal depende de la recuperación de la recaudación y la recaudación del gasto público, pero la misma “está muy condicionada por el cierre de empresas ocasionado por el aislamiento y la incoherencia de sostener alta presión tributaria junto con promesas de un jubileo con generosas moratorias”.
Y añadió: “La reducción de los gastos requiere sincerar el retraso de las tarifas públicas, reformar el sistema previsional, cerrar los programas nacionales que se superponen con funciones provinciales y eliminar la coparticipación para sustituirla por un fondo de convergencia. También hay que desactivar los programas creados por la pandemia cuando sea superada. Si se quiere transformar el Ingreso Familiar de Emergencia en un “Ingreso Universal”, previamente hay que eliminar todos los planes asistenciales existentes que operan de manera desarticulada”.
“Muchos comparan la actual crisis con la del 2002. En función de ello, proyectan con optimismo que el próximo año comenzará una recuperación similar a la del 2003. Para que esta comparación sea válida habría que liberar el tipo de cambio oficial generando una mega-devaluación similar a la del 2002. Esta sería la (dolorosa) manera de producir la enorme licuación de gasto público que permitió, en aquella época, generar superávit fiscal sin ordenamiento del Estado”, concluyó el reporte de IDESA.
“El equivocado concepto de que primero está la vida y luego la economía terminó llevando a la paradoja de tener que flexibilizar el aislamiento en el momento que se registra el mayor número de contagios. Las autoridades matizan la situación argumentando que la cantidad de casos diarios no estaría creciendo. Esto es relativo ya que se desconoce la verdadera cantidad de contagios. Esto se explica porque la principal debilidad de la estrategia argentina sigue siendo no priorizar la masificación de los tests. De todas formas, es positivo ir hacia una estrategia productiva y social más sostenible y tolerable”, remarcó el informe semanal del Instituto.
En ese sentido, apuntó que “la degradación en la situación económica” se manifiesta en múltiples facetas y, una de ellas es la situación de las cuentas públicas. Según un informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso de la Administración Nacional, el primer semestre del año el déficit primario (antes del pago de intereses) pasó de 1% a 8% del PIB, es decir, aumentó 7 puntos del Producto Bruto Interno respecto al mismo período del año anterior.
El 56% del aumento del déficit fiscal se explica por transferencias extraordinarias a las familias, los trabajadores, al sector salud y a las provincias por la crisis del Covid-19. Sin embargo, el 44% restante corresponde a aumentos de los gastos corrientes por encima de la recaudación, no ligados directamente a la pandemia.
“Estos datos muestran que la degradación de las cuentas públicas alcanza magnitudes inusitadas. No sólo porque el déficit primario llegó a un nivel inédito sino porque los gastos extraordinarios directamente vinculados al Covid-19, los cuales cabría de esperar que desaparezcan cuando vuelva la normalidad, explican poco más de la mitad del desequilibrio”, resaltó Idesa.
En la misma línea, el informe agregó: “La otra mitad del aumento del déficit fiscal son excesos de gastos corrientes sobre la recaudación. Que la mitad del aumento récord de déficit fiscal sea por gastos no directamente relacionados con el Covid-19 condiciona la salida de la crisis”.
La entidad recordó que, al tener muy limitado acceso al crédito público, los desequilibrios fiscales se financian con emisión: en el primer semestre del 2020, el financiamiento monetario del déficit fiscal fue de $940.000 millones, equivalentes al 33% del gasto público.
“Esto tuvo poco impacto sobre la inflación. Pero es un fenómeno transitorio asociado a la abrupta caída del consumo producto del aislamiento. A medida que se normalice la situación será cada vez más visible la inconsistencia entre la masiva emisión monetaria y una aparente inflación controlada”, advirtió IDESA.
Además, el Instituto subrayó que la reducción del déficit fiscal depende de la recuperación de la recaudación y la recaudación del gasto público, pero la misma “está muy condicionada por el cierre de empresas ocasionado por el aislamiento y la incoherencia de sostener alta presión tributaria junto con promesas de un jubileo con generosas moratorias”.
Y añadió: “La reducción de los gastos requiere sincerar el retraso de las tarifas públicas, reformar el sistema previsional, cerrar los programas nacionales que se superponen con funciones provinciales y eliminar la coparticipación para sustituirla por un fondo de convergencia. También hay que desactivar los programas creados por la pandemia cuando sea superada. Si se quiere transformar el Ingreso Familiar de Emergencia en un “Ingreso Universal”, previamente hay que eliminar todos los planes asistenciales existentes que operan de manera desarticulada”.
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Con información de
El Economista
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