Macri volverá al país esta semana y elevará su perfil contra el Gobierno, pero busca preservar la unidad opositora
Por:
Ricardo Carpena
Martes 01 de
Septiembre 2020
Está preocupado por la impronta de la gestión de Alberto Fernández y calificó como “una locura” la posición de la ministra Frederic sobre la toma de tierras. Cómo el mal clima político puede favorecer su relación con Rodríguez Larreta. Con quiénes habla y dónde cumplirá la cuarentena.
Mauricio Macri regresará esta semana a la Argentina, cumplirá 14 días de cuarentena en su casa de Acassuso y tiene previsto levantar su perfil opositor contra el Gobierno. Nadie de su entorno quiere decir el día exacto de su arribo al Aeropuerto de Ezeiza (¿una estrategia para evitar escraches kirchneristas?), pero sí deslizan que apenas pise Buenos Aires trabajará para asegurar la unidad de toda la dirigencia opositora: está muy preocupado por la impronta radicalizada que, a su juicio, ha adquirido la gestión de Alberto Fernández.
Este lunes, como tenía otras actividades en Zurich, Suiza, el ex presidente participó apenas cuatro minutos del Zoom que mantuvo desde las 9.30 la Mesa Nacional de Juntos por el Cambio, en la que se resolvió endurecer la postura contra el Gobierno. En su única intervención, destacó que la oposición había tenido “muchos gestos en favor del diálogo” y afirmó “no entender” por qué la Casa Rosada entró en una etapa tan intransigente.
“Está claro que vienen por todo”, dijo, luego de lo cual respaldó la postura de los líderes parlamentarios de JxC de concurrir este martes al recinto de Diputados para participar en forma presencial de la sesión convocada por el oficialismo para tratar dos proyectos sobre la actividad turística y modificar penas a la pesca ilegal.
El ex presidente quedó entusiasmado por su encuentro de una hora y media con el presidente Emmanuel Macron, en el Palacio del Elíseo, la sede de la Presidencia de la República Francesa. No sólo porque confirmó la afinidad que une a las esposas de ambos, Brigitte Macron y Juliana Awada, sino porque pudo contarle al mandatario francés muchos detalles que éste no conocía acerca de “la cuarentena más larga del mundo”, como calificó al aislamiento obligatorio en la Argentina, y los múltiples perjuicios que ocasiona a la gente.
Desde Europa, adonde está desde el 30 de julio pasado, Macri mantiene un contacto casi permanente con Patricia Bullrich, la presidenta del PRO, pero también con Elisa Carrió y con Alfredo Cornejo, el titular de la UCR. Ellos fueron en las últimas horas quienes escucharon sus durísimas críticas contra la posición que está teniendo la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, ante la toma de tierras en Villa Mascardi. “Es una locura”, repitió de manera insistente.
Otro tema que lo sigue enojando, como surge de las charlas telefónicas que sostiene con dirigentes de su espacio político, es la revelación de Alberto Fernández de la supuesta frase que le dijo Macri después de decretar la cuarentena obligatoria (”que murieran los que tuvieran que morirse”). Según sus interlocutores, el ex presidente no se explica “por qué miente” el primer mandatario y lo considera un símbolo de cómo Cristina Kirchner ha logrado que hasta los supuestamente moderados del Gobierno se hayan puesto intolerantes.
Una de las incógnitas que lo esperan a su regreso es cómo será la relación que mantendrá con el ala moderada de su partido, que integran Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal, después de la tensión que se generó ante la convocatoria al banderazo del 17 de agosto. Ya se sabe que los más duros, como Macri y Patricia Bullrich, veían con buenos ojos la convocatoria a marchar contra el Gobierno, pero que el jefe de gobierno porteño no quería saber nada con una movilizacion callejera en el peor momento de los contagios.
Un día después de la protesta contra el Gobierno que movilizó a miles de argentinos, incluso, las diferencias entre ambos parecieron amplificarse: Macri publicó en Twitter que estaba “orgulloso de los miles de argentinos que salieron ayer para decirle basta al miedo y al atropello, y sí al trabajo, al respeto y a la libertad”, mientras que Rodríguez Larreta no sólo permaneció en silencio sino que también decidió no participar del encuentro que mantienen todas las semanas los líderes de Juntos por el Cambio.
Cerca de Macri, de todas formas, creen que la realidad política cambió y que eso puede derivar en una tregua con Rodríguez Larreta. Hay una fuerte ofensiva del Gobierno por la reforma judicial, que está emparentada con la estrategia del oficialismo en la Cámara de Diputados de deliberar de manera virtual aunque no se haya renovado el protocolo con la oposición y con la actitud beligerante de Cristina Kirchner en el Senado.
Pero la propia buena sintonía que existía entre el Presidente y el alcalde porteño está en crisis luego de las diferencias que ambos mantienen sobre cómo seguir flexibilizando o no la cuarentena. Y, sobre todo, a partir de que Alberto Fernández aseguró el viernes pasado que la opulencia de Buenos Aires lo “llenaba de culpa”, algo que lo obligó a Rodríguez Larreta y a Diego Santilli, vicejefe de gobierno porteño, a contestarle. Se suma a este cuadro de tiranteces las diferencias entre la Nación y CABA por la apertura de las escuelas porteñas.
Ese mal clima que sobrevuela hoy la relación entre Alberto Fernández y Rodríguez Larreta es lo que les permite suponer a los allegados a Macri que ahora existen más posibilidades de extender una bandera blanca para frenar las incipientes tensiones entre “halcones” y “palomas” dentro de la coalición opositora.
Quienes conocen al ex presidente imaginan que éste levantará su perfil político desde que aterrice en Buenos Aires, pero que tratará de preservar la unidad de Juntos por el Cambio en medio de la ofensiva oficialista.
Son esas mismas fuentes las que aseguraron que Macri se rió con ganas cuando le contaron un chiste y que como le gustó tanto ahora lo repite ante sus interlocutores como si fuera propio: “¿Qué fue lo único que hizo Alberto Fernández en estos días en materia de obra pública? Dinamitó el camino del medio”.
Este lunes, como tenía otras actividades en Zurich, Suiza, el ex presidente participó apenas cuatro minutos del Zoom que mantuvo desde las 9.30 la Mesa Nacional de Juntos por el Cambio, en la que se resolvió endurecer la postura contra el Gobierno. En su única intervención, destacó que la oposición había tenido “muchos gestos en favor del diálogo” y afirmó “no entender” por qué la Casa Rosada entró en una etapa tan intransigente.
“Está claro que vienen por todo”, dijo, luego de lo cual respaldó la postura de los líderes parlamentarios de JxC de concurrir este martes al recinto de Diputados para participar en forma presencial de la sesión convocada por el oficialismo para tratar dos proyectos sobre la actividad turística y modificar penas a la pesca ilegal.
El ex presidente quedó entusiasmado por su encuentro de una hora y media con el presidente Emmanuel Macron, en el Palacio del Elíseo, la sede de la Presidencia de la República Francesa. No sólo porque confirmó la afinidad que une a las esposas de ambos, Brigitte Macron y Juliana Awada, sino porque pudo contarle al mandatario francés muchos detalles que éste no conocía acerca de “la cuarentena más larga del mundo”, como calificó al aislamiento obligatorio en la Argentina, y los múltiples perjuicios que ocasiona a la gente.
Desde Europa, adonde está desde el 30 de julio pasado, Macri mantiene un contacto casi permanente con Patricia Bullrich, la presidenta del PRO, pero también con Elisa Carrió y con Alfredo Cornejo, el titular de la UCR. Ellos fueron en las últimas horas quienes escucharon sus durísimas críticas contra la posición que está teniendo la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, ante la toma de tierras en Villa Mascardi. “Es una locura”, repitió de manera insistente.
Otro tema que lo sigue enojando, como surge de las charlas telefónicas que sostiene con dirigentes de su espacio político, es la revelación de Alberto Fernández de la supuesta frase que le dijo Macri después de decretar la cuarentena obligatoria (”que murieran los que tuvieran que morirse”). Según sus interlocutores, el ex presidente no se explica “por qué miente” el primer mandatario y lo considera un símbolo de cómo Cristina Kirchner ha logrado que hasta los supuestamente moderados del Gobierno se hayan puesto intolerantes.
Una de las incógnitas que lo esperan a su regreso es cómo será la relación que mantendrá con el ala moderada de su partido, que integran Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal, después de la tensión que se generó ante la convocatoria al banderazo del 17 de agosto. Ya se sabe que los más duros, como Macri y Patricia Bullrich, veían con buenos ojos la convocatoria a marchar contra el Gobierno, pero que el jefe de gobierno porteño no quería saber nada con una movilizacion callejera en el peor momento de los contagios.
Un día después de la protesta contra el Gobierno que movilizó a miles de argentinos, incluso, las diferencias entre ambos parecieron amplificarse: Macri publicó en Twitter que estaba “orgulloso de los miles de argentinos que salieron ayer para decirle basta al miedo y al atropello, y sí al trabajo, al respeto y a la libertad”, mientras que Rodríguez Larreta no sólo permaneció en silencio sino que también decidió no participar del encuentro que mantienen todas las semanas los líderes de Juntos por el Cambio.
Cerca de Macri, de todas formas, creen que la realidad política cambió y que eso puede derivar en una tregua con Rodríguez Larreta. Hay una fuerte ofensiva del Gobierno por la reforma judicial, que está emparentada con la estrategia del oficialismo en la Cámara de Diputados de deliberar de manera virtual aunque no se haya renovado el protocolo con la oposición y con la actitud beligerante de Cristina Kirchner en el Senado.
Pero la propia buena sintonía que existía entre el Presidente y el alcalde porteño está en crisis luego de las diferencias que ambos mantienen sobre cómo seguir flexibilizando o no la cuarentena. Y, sobre todo, a partir de que Alberto Fernández aseguró el viernes pasado que la opulencia de Buenos Aires lo “llenaba de culpa”, algo que lo obligó a Rodríguez Larreta y a Diego Santilli, vicejefe de gobierno porteño, a contestarle. Se suma a este cuadro de tiranteces las diferencias entre la Nación y CABA por la apertura de las escuelas porteñas.
Ese mal clima que sobrevuela hoy la relación entre Alberto Fernández y Rodríguez Larreta es lo que les permite suponer a los allegados a Macri que ahora existen más posibilidades de extender una bandera blanca para frenar las incipientes tensiones entre “halcones” y “palomas” dentro de la coalición opositora.
Quienes conocen al ex presidente imaginan que éste levantará su perfil político desde que aterrice en Buenos Aires, pero que tratará de preservar la unidad de Juntos por el Cambio en medio de la ofensiva oficialista.
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Con información de
Infobae
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