Salarios registrados: en septiembre volvieron a perder frente a la inflación
Viernes 20 de
Noviembre 2020

En septiembre, los salarios formales volvieron a perder frente a la inflación: aumentaron el 1,9% frente a una suba de los precios, según el INDEC, del 2,8%.
Para octubre la suba nominal de los salarios registrados podría mejorar por el cierre de muchas paritarias pero el “desafío” es mayor porque la inflación trepó al 3,8% y las canastas básicas entre un 5,7 y 6,6%.
En lo que va del año, luego de la mejora salarial inicial de casi el 14% por los aumentos por decreto, con la pandemia y la cuarentena, en los 7 meses de marzo a setiembre los salarios de los trabajadores registrados aumentaron el 9,8% y la inflación el 17,2%. Eso implica que en 7 meses los salarios cayeron un 6,3% con relación a la inflación.
Los datos salariales corresponden al RIPTE (Remuneración Imponible para Trabajadores Estables) que elabora la Secretaria de Seguridad Social, en base a las declaraciones de las empresas. Esa medición considera los salarios con aportes (jubilación, salud) por lo que los aumentos "no remunerativos" o sin aportes, muy generalizados en las paritarias, no se contabilizan en esa medición.
En septiembre el salario promedio bruto registrado fue de $ 61.909,95, según el RIPTE Con los descuentos de jubilación y salud, queda un neto o ingreso de bolsillo de $ 51.385,25. En tanto, se estima que la mitad de esos trabajadores registrados tiene salarios brutos menores a los $ 50.000 o inferiores a los $ 41.500 netos mensuales.
Este salario de bolsillo promedio de los trabajadores registrados o “en blanco”, que con la asignación por hijo podría sumar otros $ 3.540 (un hijo) o $ 7.080 ( 2 hijos) , es más bajo o casi roza el valor de la canasta básica familiar “de pobreza” que, en octubre, según el INDEC, fue de $ 49.911,60.
Para los trabajadores informales –que en una altísima proporción perdieron sus trabajos por la pandemia y cuarentena- la situación es más adversa porque los que conservaron el empleo, en promedio, perciben la mitad que los trabajadores registrados.
Esta pérdida salarial formal se produjo en medio de un achique del número de trabajadores registrados del sector privado –unos 250.000 menos-, más de 300.000 trabajadores suspendidos con sueldos hasta un 25% inferiores, y con negociaciones paritarias que se llevaron adelante con retraso y que acordaron, en la mayoría de los casos, incrementos salariales en cuotas, en muchos casos no remunerativas, inferiores a las proyecciones de inflación.
Además, sobre el salario pesan los altos niveles de desempleo. Es que con la flexibilización de la cuarentena y la vuelta a la actividad de muchos sectores, unido al recorte de los pagos de subsidios (caso IFE) la enorme cantidad de gente que perdió el empleo en los meses “duros” de la cuarentena ya está saliendo a buscar trabajo. Y de inactivo o desocupado que no pudo buscar otro empleo, ese conglomerado de gente se convierte en un desocupado que busca trabajo, engrosando la tasa de desempleo del INDEC que en el segundo trimestre fue del 13,1%. Ahora se estima que en el tercer trimestre habría sido mayor al 15%.
En lo que va del año, luego de la mejora salarial inicial de casi el 14% por los aumentos por decreto, con la pandemia y la cuarentena, en los 7 meses de marzo a setiembre los salarios de los trabajadores registrados aumentaron el 9,8% y la inflación el 17,2%. Eso implica que en 7 meses los salarios cayeron un 6,3% con relación a la inflación.
Los datos salariales corresponden al RIPTE (Remuneración Imponible para Trabajadores Estables) que elabora la Secretaria de Seguridad Social, en base a las declaraciones de las empresas. Esa medición considera los salarios con aportes (jubilación, salud) por lo que los aumentos "no remunerativos" o sin aportes, muy generalizados en las paritarias, no se contabilizan en esa medición.
En septiembre el salario promedio bruto registrado fue de $ 61.909,95, según el RIPTE Con los descuentos de jubilación y salud, queda un neto o ingreso de bolsillo de $ 51.385,25. En tanto, se estima que la mitad de esos trabajadores registrados tiene salarios brutos menores a los $ 50.000 o inferiores a los $ 41.500 netos mensuales.
Este salario de bolsillo promedio de los trabajadores registrados o “en blanco”, que con la asignación por hijo podría sumar otros $ 3.540 (un hijo) o $ 7.080 ( 2 hijos) , es más bajo o casi roza el valor de la canasta básica familiar “de pobreza” que, en octubre, según el INDEC, fue de $ 49.911,60.
Para los trabajadores informales –que en una altísima proporción perdieron sus trabajos por la pandemia y cuarentena- la situación es más adversa porque los que conservaron el empleo, en promedio, perciben la mitad que los trabajadores registrados.
Esta pérdida salarial formal se produjo en medio de un achique del número de trabajadores registrados del sector privado –unos 250.000 menos-, más de 300.000 trabajadores suspendidos con sueldos hasta un 25% inferiores, y con negociaciones paritarias que se llevaron adelante con retraso y que acordaron, en la mayoría de los casos, incrementos salariales en cuotas, en muchos casos no remunerativas, inferiores a las proyecciones de inflación.
Además, sobre el salario pesan los altos niveles de desempleo. Es que con la flexibilización de la cuarentena y la vuelta a la actividad de muchos sectores, unido al recorte de los pagos de subsidios (caso IFE) la enorme cantidad de gente que perdió el empleo en los meses “duros” de la cuarentena ya está saliendo a buscar trabajo. Y de inactivo o desocupado que no pudo buscar otro empleo, ese conglomerado de gente se convierte en un desocupado que busca trabajo, engrosando la tasa de desempleo del INDEC que en el segundo trimestre fue del 13,1%. Ahora se estima que en el tercer trimestre habría sido mayor al 15%.
Con información de
Clarín

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