Obama: 'Los derechos civiles abrieron nuevas puertas a los negros, los latinos y los gays'
Jueves 10 de
Abril 2014

Barack Obama rindió homenaje este jueves en Austin a su predecesor Lyndon B. Johnson con un discurso en el que elogió sus convicciones y la inteligencia política que desplegó para sacar adelante las leyes que propiciaron el principio del fin de la segregación racial.
"Como Martin Luther King o como Lincoln, Johnson sabía que la nuestra es una historia de optimismo y lo sabía porque él mismo había vivido esa historia", dijo el primer presidente afroamericano, que recordó que los derechos civiles habían abierto "nuevas puertas de oportunidades para todo el mundo, no sólo para los negros sino para las mujeres, los latinos, homosexuales y los ciudadanos con discapacidad".
El evento se celebraba en la biblioteca presidencial de Johnson y Obama recordó que era necesario recobrar el espíritu con el que el presidente demócrata había logrado el fin de la segregación: "Johnson entendió que la igualdad requería algo más que la ausencia de opresión. Requería la presencia de oportunidades económicas. No era tan elocuente como Martin Luther King, pero comprendió que la gente necesitaba empleos, salarios justos y seguros médicos y que el Gobierno tenía que desempeñar un papel en otorgar prosperidad a aquéllos que luchan por ella".
Obama enumeró los logros legislativos de LBJ y recordó cómo desoyó los consejos de los asesores que le empujaban a posponer la aprobación de la Ley de Derechos Civiles hasta después de su primera y última campaña presidencial.
"Le dijeron que corría el riesgo de hacer descarrilar los otros elementos de su agenda política y que no valía la pena perder el tiempo con causas perdidas por muy valiosas que fueran", dijo Obama, que acto seguido imitó con su voz la respuesta de Johnson a sus asesores: "¿Entonces para qué demonios sirve la Presidencia?"
La ley como palanca del cambio
Obama recordó que la discriminación no terminó con las leyes que acabaron con la segregación racial en los años 60 y animó a sus seguidores a proseguir la lucha contra la discriminación que sufren los hispanos, las mujeres y los homosexuales. Pero reconoció el papel protagonista del sucesor de Kennedy en la lucha por los derechos civiles y reconoció que no habría llegado a la Casa Blanca si no fuera por él.
"Johnson era un político realista y sabía que la ley por sí sola no era suficiente para cambiar los corazones de la gente", afirmó el presidente. "Pero también sabía que sólo la ley podía servir como palanca para el cambio y poner al país en otra dirección".
Obama ni siquiera tenía tres años cuando Johnson firmó la Ley de Derechos Civiles. Entonces muchos restaurantes no servían comidas a los negros y aún eran ilegales en 16 estados los matrimonios interraciales, declarados constitucionales por el Supremo unos años después.
Lyndon B. Johnson (LBJ) juró el cargo unos minutos después de la muerte de John F. Kennedy en uno de los compartimentos del Air Force One el 22 de noviembre de 1963. Pero el seísmo que provocó el magnicidio de Dallas no le impidió elaborar en las primeras horas de su mandato un programa político más ambicioso que el de su predecesor.
Al día siguiente de su toma de posesión, Johnson llamó a Martin Luther King para decirle que utilizaría el impacto de la muerte de Kennedy para sacar adelante la Ley de Derechos Civiles. Un objetivo en el que se empleó a fondo convenciendo a los congresistas sureños y a los republicanos más progresistas de que merecía la pena votar a favor.
A Johnson le aguardaba una reelección incierta en noviembre de 1964. Pero eso no le impidió empeñar su prestigio en unas negociaciones farragosas cuyos detalles conocía mejor que ninguno de sus colegas y cuyo desenlace propició el final de la discriminación en los estados del Sur.
Johnson, un ejemplo a seguir
La cita de este jueves tenía un morbo especial por el contraste entre la eficiencia legislativa de LBJ y el bloqueo político que sufre Washington desde noviembre de 2010. Muchos analistas aseguran que Obama debería imitar a su predecesor texano y construir relaciones personales con los congresistas para sacar adelante proyectos como la reforma migratoria o la subida del salario mínimo interprofesional.
"Un presidente no es sino un nadador de relevos en las corrientes de la Historia", recordó Obama melancólico como ya hiciera durante su entrevista en el 'New Yorker'. "Pero la Presidencia ofrece una oportunidad única de cambiar esas corrientes dando forma a nuestras leyes y a nuestros debates. Trabajando en los confines del mundo tal como es pero también imaginando como debería ser. Ése fue el genio de Johnson, que comprendió como pocos el poder del Gobierno para cambiar las cosas".
Conviene recordar que LBJ tuvo muchas ventajas sobre Obama. Durante su mandato los demócratas gozaban de mayorías holgadas en las dos cámaras del Capitolio y los partidos no eran tan homogéneos como lo son hoy. Entonces aún era posible sacar adelante proyectos legislativos con el respaldo de legisladores demócratas y republicanos. Hoy Washington está fracturado por la polarización ideológica y por las escasas relaciones personales entre los congresistas, que ni siquiera residen en la capital.
Prolífico legislador
Ningún presidente fue un legislador más prolífico que Johnson, que fundó la televisión pública, creó el seguro médico gratuito para los ancianos y las personas sin recursos y aprobó la ley que obligó a todos los estadounidenses a llevar puesto el cinturón de seguridad. "Creía que el Gobierno era una fuerza magnífica para ayudar a la gente corriente", decía recientemente el historiador Robert Caro, que prepara el quinto y último volumen de su serie biográfica sobre el presidente.
Los biógrafos de Johnson suelen decir que su vocación política nació durante sus años como maestro en una escuela del pueblo texano de Cotulla, donde muchos de sus alumnos mexicanos llegaban sin desayunar.
Johnson no siempre fue un adalid de los derechos civiles. Desde 1936 hasta 1957 votó siempre en contra del fin de la segregación y sus biógrafos cuentan que llevaba una serpiente en el maletero para asustar a los empleados negros de las gasolineras, a quienes les decía que le revisaran el aire de la rueda de repuesto por pura diversión.
El discurso de Obama es la guinda de una cumbre en la que han estado presentes historiadores, intelectuales y deportistas y los ex presidentes Jimmy Carter, Bill Clinton y George W. Bush. El acto se ha celebrado en la biblioteca presidencial de Austin, inaugurada por el propio Johnson dos años antes de morir.
El evento se celebraba en la biblioteca presidencial de Johnson y Obama recordó que era necesario recobrar el espíritu con el que el presidente demócrata había logrado el fin de la segregación: "Johnson entendió que la igualdad requería algo más que la ausencia de opresión. Requería la presencia de oportunidades económicas. No era tan elocuente como Martin Luther King, pero comprendió que la gente necesitaba empleos, salarios justos y seguros médicos y que el Gobierno tenía que desempeñar un papel en otorgar prosperidad a aquéllos que luchan por ella".
Obama enumeró los logros legislativos de LBJ y recordó cómo desoyó los consejos de los asesores que le empujaban a posponer la aprobación de la Ley de Derechos Civiles hasta después de su primera y última campaña presidencial.
"Le dijeron que corría el riesgo de hacer descarrilar los otros elementos de su agenda política y que no valía la pena perder el tiempo con causas perdidas por muy valiosas que fueran", dijo Obama, que acto seguido imitó con su voz la respuesta de Johnson a sus asesores: "¿Entonces para qué demonios sirve la Presidencia?"
La ley como palanca del cambio
Obama recordó que la discriminación no terminó con las leyes que acabaron con la segregación racial en los años 60 y animó a sus seguidores a proseguir la lucha contra la discriminación que sufren los hispanos, las mujeres y los homosexuales. Pero reconoció el papel protagonista del sucesor de Kennedy en la lucha por los derechos civiles y reconoció que no habría llegado a la Casa Blanca si no fuera por él.
"Johnson era un político realista y sabía que la ley por sí sola no era suficiente para cambiar los corazones de la gente", afirmó el presidente. "Pero también sabía que sólo la ley podía servir como palanca para el cambio y poner al país en otra dirección".
Obama ni siquiera tenía tres años cuando Johnson firmó la Ley de Derechos Civiles. Entonces muchos restaurantes no servían comidas a los negros y aún eran ilegales en 16 estados los matrimonios interraciales, declarados constitucionales por el Supremo unos años después.
Lyndon B. Johnson (LBJ) juró el cargo unos minutos después de la muerte de John F. Kennedy en uno de los compartimentos del Air Force One el 22 de noviembre de 1963. Pero el seísmo que provocó el magnicidio de Dallas no le impidió elaborar en las primeras horas de su mandato un programa político más ambicioso que el de su predecesor.
Al día siguiente de su toma de posesión, Johnson llamó a Martin Luther King para decirle que utilizaría el impacto de la muerte de Kennedy para sacar adelante la Ley de Derechos Civiles. Un objetivo en el que se empleó a fondo convenciendo a los congresistas sureños y a los republicanos más progresistas de que merecía la pena votar a favor.
A Johnson le aguardaba una reelección incierta en noviembre de 1964. Pero eso no le impidió empeñar su prestigio en unas negociaciones farragosas cuyos detalles conocía mejor que ninguno de sus colegas y cuyo desenlace propició el final de la discriminación en los estados del Sur.
Johnson, un ejemplo a seguir
La cita de este jueves tenía un morbo especial por el contraste entre la eficiencia legislativa de LBJ y el bloqueo político que sufre Washington desde noviembre de 2010. Muchos analistas aseguran que Obama debería imitar a su predecesor texano y construir relaciones personales con los congresistas para sacar adelante proyectos como la reforma migratoria o la subida del salario mínimo interprofesional.
"Un presidente no es sino un nadador de relevos en las corrientes de la Historia", recordó Obama melancólico como ya hiciera durante su entrevista en el 'New Yorker'. "Pero la Presidencia ofrece una oportunidad única de cambiar esas corrientes dando forma a nuestras leyes y a nuestros debates. Trabajando en los confines del mundo tal como es pero también imaginando como debería ser. Ése fue el genio de Johnson, que comprendió como pocos el poder del Gobierno para cambiar las cosas".
Conviene recordar que LBJ tuvo muchas ventajas sobre Obama. Durante su mandato los demócratas gozaban de mayorías holgadas en las dos cámaras del Capitolio y los partidos no eran tan homogéneos como lo son hoy. Entonces aún era posible sacar adelante proyectos legislativos con el respaldo de legisladores demócratas y republicanos. Hoy Washington está fracturado por la polarización ideológica y por las escasas relaciones personales entre los congresistas, que ni siquiera residen en la capital.
Prolífico legislador
Ningún presidente fue un legislador más prolífico que Johnson, que fundó la televisión pública, creó el seguro médico gratuito para los ancianos y las personas sin recursos y aprobó la ley que obligó a todos los estadounidenses a llevar puesto el cinturón de seguridad. "Creía que el Gobierno era una fuerza magnífica para ayudar a la gente corriente", decía recientemente el historiador Robert Caro, que prepara el quinto y último volumen de su serie biográfica sobre el presidente.
Los biógrafos de Johnson suelen decir que su vocación política nació durante sus años como maestro en una escuela del pueblo texano de Cotulla, donde muchos de sus alumnos mexicanos llegaban sin desayunar.
Johnson no siempre fue un adalid de los derechos civiles. Desde 1936 hasta 1957 votó siempre en contra del fin de la segregación y sus biógrafos cuentan que llevaba una serpiente en el maletero para asustar a los empleados negros de las gasolineras, a quienes les decía que le revisaran el aire de la rueda de repuesto por pura diversión.
El discurso de Obama es la guinda de una cumbre en la que han estado presentes historiadores, intelectuales y deportistas y los ex presidentes Jimmy Carter, Bill Clinton y George W. Bush. El acto se ha celebrado en la biblioteca presidencial de Austin, inaugurada por el propio Johnson dos años antes de morir.
Con información de
el mundo

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