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Córdoba

Los “caranchos” no dejan el Urgencias

Sábado 26 de Abril 2014

En ocho meses, un hombre ingresó cinco veces a la sala de emergencias del hospital por supuestos siniestros viales que dijo haber sufrido.
 

 
El viernes 12 de julio del año pasado, llegó muy dolorido a la guardia del Hospital de Urgencias, de la ciudad de Córdoba. Un camión lo había atropellado en Libertad y Patria, General Paz, cerca de su casa, pero el hombre de 43 años había alcanzado a saltar justo a tiempo. “Tuvo suerte”, pensaron los ­médicos.
 
Poco más de dos semanas después, volvió a la guardia. 
No tenía ninguna complicación, sino que otra vez había sido atropellado. Ahora, un auto acababa de embestirlo en Alvear y Lima, Centro. “Qué mala suerte”, fue el comentario en la sala de espera del hospital aquel miércoles 31 de julio.
 
Cuando el jueves 19 de septiembre apareció de nuevo, los médicos se miraron extrañados. Un camión lo había “tocado” cuando caminaba por José de Calasanz y 27 de Abril, Alberdi. Como en las anteriores ocasiones, sólo golpes, sin lesiones visibles ni de gravedad. A las horas, de nuevo estaba en su casa.
 
Sin embargo, continuaría “visitando” el hospital. El miércoles 27 de noviembre, en Artigas al 10, también Alberdi, 
fue embestido por un auto. 
¿Un peatón con mucha mala suerte, demasiado desatento o acaso algo más?
 
Pasaron las vacaciones y no apareció. El calor del verano, suponían en el hospital, lo hizo cambiar de planes y dejó de caminar. Pero el miércoles 26 de marzo último, apareció de nuevo en la guardia. Una mujer, conductora de un auto, lo llevaba en medio de un ataque de nervios. “Juro que no lo vi, juro que no lo vi”, repetía ella. Él, ya experimentado en la rutina, dictó su número de documento y marchó hacia la guardia médica.
 
Fue entonces que un hombre, conocedor de los pasillos del Urgencias, se acercó a la mujer y le preguntó si acaso él no se le había arrojado encima del ve­hículo. “Ahora que me lo dice, me parece que sí, que se me abalanzó sobre el auto”, respondió la conductora al rememorar qué había sucedido minutos antes en la esquina de Santa Rosa y General Paz, Centro.
 
Como en los casos anteriores, el hombre no había sufrido lesiones de gravedad.
 
Se trata de una práctica que no tiene fin. Que se recicla para perdurar con el tiempo. “Correambulancias” o “caranchos”, los nombres con los que se conoce a esta industria ilícita: simular choques viales para estafar a las aseguradoras. Estudios de abogados e incluso médicos al servicio del delito.
 
Los antecedentes ya llevan más de una década. En 1999, el ahora exfiscal Gustavo Sandoval ordenó la detención del médico que se encargaba de los asuntos legales del Urgencias, en medio de una investigación por el filtrado de historias clínicas que terminaban en poder de “correambulancias”.
 
Contrarrestar


Tras el escándalo, comenzaron algunas acciones para mitigar el poder de maniobra de los “caranchos”. El hospital decidió sistematizar el archivo de las historias clínicas certificadas, para que puedan ser consultadas por los abogados de parte y así desbaratar el comercio ilegal que se había montado alrededor de estas fichas.
 
También se diagramó un servicio de información para que los pacientes y sus familiares tuvieran correcto asesoramiento. Para ello, se le indica que el hospital tiene un departamento de medicina legal para asesorarlos y evitar que se tomen decisiones apresuradas ante la presión de abogados inescrupulosos.
 
Pese a estas prevenciones, en mayo de 2010, La Voz del Interior publicó un informe en el que se develaba cómo estas organizaciones continuaban activas. A través de diferentes “dateros”, los estudios consiguen los datos básicos de algún lesionado en un choque de tránsito. A partir de allí, llaman por teléfono o bien un emisario se infiltra en la sala de espera del hospital para acercarse a un familiar directo y entregar una tarjeta de contacto (algo que es usual en otros hospitales). Por lo general, estos “caranchos” engañan diciendo que si no demandan en 48 o 72 horas después no lo podrán hacer más, algo que es totalmente falso.
 
Hace pocas semanas, un periodista de este diario se encontraba en el hospital cuando fue abordado por una mujer mayor, de rulos rubios, que estaba sentada cerca de la puerta de ingreso para los familiares.
 
–¿Venís a ver a un accidentado? –preguntó ella.
 
–No, soy periodista.
 
–Ah... ah... yo estoy acá porque vengo a rezar por los accidentados.
Con información de lavoz

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