Los argentinos adaptan su "menú" para financiarse, ante mayores restricciones presupuestarias

Lunes 28 de Abril 2014

Ya casi nadie cuestiona el freno que está sufriendo la economía. Esta realidad es compartida tanto por los defensores del modelo K como por los analistas más críticos

El propio INDEC informó que en el primer mes del año la actividad mostró una baja del 0,4% con respecto a diciembre de 2013. Y si la comparación se realiza en términos anuales, la expansión se redujo a sólo un 1,2%, cifra por demás preocupante si se considera que en enero de 2013 se acercaba al 3%.
 
Lejos de experimentar un cambio, esta tendencia se profundizó en marzo: la producción industrial cayó un 10,6% frente al mismo mes del año anterior-según datos relevados por FIEL- lo que genera grandes interrogantes de cara a los meses que vienen.
 
En tanto, desde la consultora de Orlando Ferreres señalan que varios sectores bajaron su ritmo de actividad, y en particular destacan "el pobre desempeño de la industria automotriz".
 
Este menor nivel de producción se relaciona con la caída en la demanda por parte de particulares y empresas que, a su vez, tiene como correlato el freno en algunas líneas de financiamiento, potenciado por la fuerte suba de las tasas de interés.
 
Así las cosas, dentro del sistema bancario se genera una especie de gran espiral contractivo que afecta tanto a las áreas de crédito para consumo como a las que atienden las Pymes y grandes compañías.
 
En el caso de las personas, la menor demanda de préstamos se debe en gran medida a la caída del poder adquisitivo y a la mayor cautela, producto de un escenario laboral incierto en el que el temor a perder el empleo es mayor que en otros años.
 
Además el encarecimiento del crédito desalienta a los argentinos a tomar préstamos personales.
 
Tarjetear para cubrir el "día a día"
 
Como contrapartida, el uso de las tarjetas sigue gozando de buena salud, ya que permiten "dosificar" el pago en varios meses, ya no sólo de bienes durables sino también de gastos de primera necesidad, como la compra de alimentos en supermercados.
 
De hecho, en marzo el uso de plásticos experimentó un contundente repunte del 65% frente a igual mes del año pasado.
 
Este avance marca la necesidad de individuos y familias de apalancar sus compras. De hecho, por cada $100 que colocaron los bancos, $62 representaron consumos financiados por este medio (hace un año este monto era de $48).
 
Otra forma de medir su mayor utilización lo da el comparativo con los préstamos personales: por cada $1 que se entregaron por estos últimos, se financiaron $4,8 con tarjetas (más del doble que en 2013).
 
Cambio de menú
 
En el caso de los plásticos, hay un dato por demás elocuente que muestra qué tan importante es su uso: si bien la suma de todas las líneas crediticias destinadas a los particulares marca un crecimiento de casi 30% en el primer trimestre, si se quita la participación de las tarjetas esta cifra cae a menos del 10%.
 
El mayor desplome se dio en los prendarios, que perdieron 53% en marzo (comparado con igual mes de 2013), afectados fundamentalmente por el encarecimiento de los autos.
 
Este desplome fue seguido por la de los créditos hipotecarios (43%) y los préstamos personales (25%).
 
La caja en rojo 
 
Otra de las líneas de financiamiento a las que se echa mano es la de los acuerdos en cuenta corriente (descubiertos), lo que evidencia la necesidad de efectivo por parte del público.
 
Las señales de alerta vienen dadas por el estiramiento en la cadena de pagos, en un contexto en el que se hace más difícil cobrar y muchas firmas apelan a "patear" a proveedores como forma de financiarse.
 
"Disminuyeron las ventas y la actividad. Esto afecta el cashflow de las empresas. El aumento de costos está impactando fuerte, en particular en las medianas y pequeñas, que tienen una menor espalda financiera", señala Raúl Lamacchia, presidente FEBA (Federación Económica de la Provincia de Buenos Aires).
 
"La cobranza se torna mucho más compleja y el empresario se enfrenta a una menor liquidez", completa.
 
Es así que lo más destacado viene siendo el fuerte crecimiento de los adelantos en cuenta corriente.
 
Un dato por demás llamativo es el avance en el uso del descubierto bancario sin acuerdo: sólo en marzo se incrementó un 60% respecto al mismo mes del año pasado, pese a que esta línea es de las más caras del mercado.
 
Este incremento es un claro síntoma de los problemas que se registran en la cadena de pagos.
 
También evidenciaron fuertes subas todo lo relacionado con el descuento y compra de documentos, en niveles que también rondaron el 60% anual.
 
"El fuerte incremento de estas líneas nos muestra que las empresas enfrentan serios problemas de caja. Se ven obligadas a utilizar todos los recursos que tienen a mano, sin importarles el costo que tienen que pagar", afirma un ejecutivo bancario.
 
"La mayoría de las entidades está tomando medidas para evitar que se incremente la morosidad", precisa.
 
Tipos de documentos para financiarse
 
Los tres formatos de documentos más utilizados para financiarse en el mercado son:

 

1. Documentos a sola firma: se trata de la más tradicional de las operaciones de crédito. El cliente toma un préstamo cuyo documento respaldatorio es un pagaré que lleva su firma. En caso de incumplimiento, la entidad puede ejecutarlo. 
 
2. Documentos comprados: es la línea por la que se canalizan los préstamos respaldados con cheques de terceros. Al recibirlos, el banco le cobra al cliente una tasa por el adelanto de los fondos. Al vencimiento, lo deposita y cobra el valor nominal del mismo.
 
3. Documentos descontados: el cliente presenta letras o pagarés firmados por terceros y recibe el valor actual de los mismos. Al vencimiento, el banco le cobra directamente al emisor.
 
Factores que desalientan los préstamos
 
Rodrigo Benítez, director del estudio Alpha, sostiene que la caída en la demanda de créditos personales "obedece a la combinación de dos factores: un deterioro en las expectativas de la gente y el incremento de las tasas de interés".
 
Esto hace que el sector privado restrinja la toma de nuevos préstamos y busque achicar los niveles de endeudamiento.
 
En cuanto al nivel de tasas, en el año avanzaron por encima de la inflación real.
 
Para el titular del Banco Central, Juan Carlos Fábrega, la reducción de los tipos de interés actuales sólo podrá ocurrir cuando la situación monetaria esté más controlada y se  permita asegurar el destino de los pesos que "sobran" en el sistema.
 
Al respecto, Benítez agrega: "Seguirán en los niveles actuales hasta que no se confirme una desaceleración significativa de la inflación. En este contexto, el ritmo devaluatorio debería ser del orden del 18% al 20%, para no perder competitividad cambiaria. Y ese nivel solamente es sostenible con altas tasas de interés".
 
Claro que esto tiene un correlato en la menor predisposición de los particulares a tomar nuevos créditos. En particular, para hacerse de bienes durables, como sucede en el caso de los autos.
 
Francisco Gismondi, analista de Empiria, afirma: "Los prendarios se desploman porque se venden menos 0km. El boom de otros tiempos se frenó por la devaluación y el impuesto a los vehículos, que derivaron en una suba muy fuerte en los precios".
 
Gismondi destaca otra circunstancia que se da en la actualidad: "El año pasado hubo un adelantamiento en el consumo, porque el dólar estaba barato y muchos compraban autos atados a tipo de cambio oficial. Ahora ese proceso se modificó".
 
En cuanto a los hipotecarios, "la venta de inmuebles se mantiene en niveles muy bajos por la retracción económica y las expectativas negativas", concluye Gismondi.
 
Diana Mondino, economista y profesora de finanzas de la UCEMA, sostiene: "Para los bancos el crédito para viviendas es casi imposible de otorgar, producto de tasas de interés e inflación extremadamente elevadas".
 
Tarjetas, para sueldos viejos y precios nuevos
 
Por su parte, el incremento en el volumen de gastos con tarjetas se debe a que muchas personas no han recibido aún mejoras salariales y deben hacer frente a una inflación del orden 35% anual.
 
Es así como se ven obligados a solventar parte de sus consumos con plásticos, en un escenario de "sueldos viejos y precios nuevos".
 
Gismondi añade: "Siempre en los meses previos a los acuerdos por salarios se observa un pico de financiamiento con tarjetas, aunque ahora esto se evidencia en un mayor nivel".
 
Al mismo tiempo, el Banco Central indujo a una suba de tasas de mercado para frenar el avance del dólar blue y para hacer más atractivos los plazos fijos. Como contrapartida, el costo de financiamiento de los bancos también se elevó y esto repercute en los créditos que otorgan. 
 
"Los préstamos personales se encarecieron mucho. Por lo tanto, no hay más remedio que el poco financiamiento que hay en el mercado se tome a través de la tarjeta, aunque su costo resulte elevado", agrega Mondino.
 
Según la economista, los créditos bancarios están dirigidos a bienes de consumo durables que, en general, "ya han tenido un salto de ventas muy alto en años anteriores, por lo que la necesidad de estos artículos fue en gran parte cubierta".

 

Por lo tanto, en la actual situación de retracción económica y con un costo alto para financiarse, "la gente en general opta por no endeudarse", concluye Mondino.

Con información de Iprofesional

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