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Pregunta para épocas de elevadas deudas ¿qué conviene más: refinanciar con tarjeta o pedir un préstamo personal?
Martes 06 de
Junio 2023

El avance implacable de la inflación eleva los gastos en forma alarmante y ello complica el pago de los saldos de la tarjetas de crédito
En épocas de bolsillos flacos y gastos que lejos de disminuir crecen en forma cada vez más veloz, para muchos titulares de tarjetas de crédito el pago total del resumen mensual puede resultar una carga imposible de cumplir. Ante tal situación y en pos de mantener viva esta línea de financiación un recurso siempre a mano es pagar el monto mínimo, aunque esta decisión implica "pan para hoy pero hambre para mañana", pues al monto pendiente de pago se le sumarán los intereses correspondientes más los gastos del mes y las cuotas pendientes si las hubiera. Es más, si esta situación se repite a lo largo de algunos meses, se llegará a un punto en el que necesariamente se deberá adoptar algún tipo de medida tendiente a cancelar esa deuda.
En tal sentido, una opción es la que ofrecen directamente las tarjetas de crédito, que está incluida en cada resumen. La misma se basa en cancelar plata en mano el saldo mínimo del mes y financiar el resto en planes de 3, 6 o 12 cuotas, a la tasa de interés para ese segmento de mercado.
El ofrecimiento se debe a que la entidad busca solucionar un problema a dos puntas: que el cliente que se ponga al día y evitar tener que sumarlo a su lista de deudores en problemas con el costo que ello implica.
Otra opción es tomar un préstamo personal en el mismo banco en el que se tiene la tarjeta o solicitarlo en otra entidad financiera, siendo decisivo para la toma de la decisión el monto de cada cuota, ya que si se trata de plazos similares, puede obviarse aunque sea transitoriamente el análisis del costo financiero total.
No obstante, debe tenerse en cuenta que como consecuencia de la caída del nivel de actividad durante la pandemia en 2020, el Banco Central estableció que la tasa de interés que cobran las tarjetas de crédito no puede superar un cierto porcentaje de la aplicada para los préstamos personales. Un punto a tener muy en cuenta es que en esta última opción, el otorgamiento del préstamo está sujeto a la aprobación crediticia, que se basa en conocer la situación particular para saber si se es o no apto para el mismo y en qué condiciones. Otra cuestión importante es que si se refinancia la deuda de la tarjeta con la propia entidad, se reciente la calificación individual del deudor, algo que no sucedería si toma un préstamo personal.
Más allá de los cálculos, la conclusión es que es más conveniente sacar un préstamo personal en lugar de pagar el mínimo de la tarjeta de crédito, debido en gran medida a los altos intereses que cobran las tarjetas.
Refinanciar el saldo de la tarjeta vs. un préstamo personal
Un ejemplo puede aportar algo de claridad sobre este tema. Suponiendo que el titular de una tarjeta tiene un límite de compra de unos $300.000 y una deuda del orden de los $270.000, el pago mínimo fijado por la emisora es de $100.000. Claramente que si solo cancela ese monto, su disponibilidad se verá fuertemente reducida, por lo que se le ofrece la posibilidad de refinanciar su deuda de la siguiente manera: abonando el monto mínimo se le abre la posibilidad de cancelar el excedente en 3, 6 o 12 cuotas. Dicho de otra manera, contra el pago de $100.000 al vencimiento, podrá optar por un préstamo de la propia entidad con cuotas de $64.000 para 3 meses; $35.000 para 6 meses o $20.000 para 12 meses.
Frente a esta posibilidad, se abren otras opciones, como por ejemplo tomar cancelar en efectivo el pago mínimo y solicitar un préstamo en otra entidad por la diferencia o directamente tramitar uno por la totalidad de la deuda. De esta manera se estaría "limpiando" la tarjeta sin afectar la calificación crediticia.
En el primer caso, debido a la ya mencionada diferencia en las tasas de interés, se estaría pagando en cada cuota unos $5.000 por encima que si se apelara al crédito de la tarjeta, por lo que sería un poco más oneroso, pero con la ventaja ya apuntada.
En cuanto a la otra posibilidad, esto es, tomar un préstamo por la totalidad de la deuda, en una especie de "borrón y cuenta nueva", que por lo general viene de la mano de la promesa difícil de cumplir de no usar nunca más la tarjeta, en caso de tomar un préstamo a tres meses en un banco oficial, se estarían pagando tres cuotas de $110.000, es decir, que la primera coincidiría con la exigencia de pago mínimo de la tarjeta. En tanto que si se opta por los 6 meses, el monto a abonar trepa a los $63.000 y para los 12 a $40.000.
En tal sentido, una opción es la que ofrecen directamente las tarjetas de crédito, que está incluida en cada resumen. La misma se basa en cancelar plata en mano el saldo mínimo del mes y financiar el resto en planes de 3, 6 o 12 cuotas, a la tasa de interés para ese segmento de mercado.
El ofrecimiento se debe a que la entidad busca solucionar un problema a dos puntas: que el cliente que se ponga al día y evitar tener que sumarlo a su lista de deudores en problemas con el costo que ello implica.
Otra opción es tomar un préstamo personal en el mismo banco en el que se tiene la tarjeta o solicitarlo en otra entidad financiera, siendo decisivo para la toma de la decisión el monto de cada cuota, ya que si se trata de plazos similares, puede obviarse aunque sea transitoriamente el análisis del costo financiero total.
No obstante, debe tenerse en cuenta que como consecuencia de la caída del nivel de actividad durante la pandemia en 2020, el Banco Central estableció que la tasa de interés que cobran las tarjetas de crédito no puede superar un cierto porcentaje de la aplicada para los préstamos personales. Un punto a tener muy en cuenta es que en esta última opción, el otorgamiento del préstamo está sujeto a la aprobación crediticia, que se basa en conocer la situación particular para saber si se es o no apto para el mismo y en qué condiciones. Otra cuestión importante es que si se refinancia la deuda de la tarjeta con la propia entidad, se reciente la calificación individual del deudor, algo que no sucedería si toma un préstamo personal.
Más allá de los cálculos, la conclusión es que es más conveniente sacar un préstamo personal en lugar de pagar el mínimo de la tarjeta de crédito, debido en gran medida a los altos intereses que cobran las tarjetas.
Refinanciar el saldo de la tarjeta vs. un préstamo personal
Un ejemplo puede aportar algo de claridad sobre este tema. Suponiendo que el titular de una tarjeta tiene un límite de compra de unos $300.000 y una deuda del orden de los $270.000, el pago mínimo fijado por la emisora es de $100.000. Claramente que si solo cancela ese monto, su disponibilidad se verá fuertemente reducida, por lo que se le ofrece la posibilidad de refinanciar su deuda de la siguiente manera: abonando el monto mínimo se le abre la posibilidad de cancelar el excedente en 3, 6 o 12 cuotas. Dicho de otra manera, contra el pago de $100.000 al vencimiento, podrá optar por un préstamo de la propia entidad con cuotas de $64.000 para 3 meses; $35.000 para 6 meses o $20.000 para 12 meses.
Frente a esta posibilidad, se abren otras opciones, como por ejemplo tomar cancelar en efectivo el pago mínimo y solicitar un préstamo en otra entidad por la diferencia o directamente tramitar uno por la totalidad de la deuda. De esta manera se estaría "limpiando" la tarjeta sin afectar la calificación crediticia.
En el primer caso, debido a la ya mencionada diferencia en las tasas de interés, se estaría pagando en cada cuota unos $5.000 por encima que si se apelara al crédito de la tarjeta, por lo que sería un poco más oneroso, pero con la ventaja ya apuntada.
En cuanto a la otra posibilidad, esto es, tomar un préstamo por la totalidad de la deuda, en una especie de "borrón y cuenta nueva", que por lo general viene de la mano de la promesa difícil de cumplir de no usar nunca más la tarjeta, en caso de tomar un préstamo a tres meses en un banco oficial, se estarían pagando tres cuotas de $110.000, es decir, que la primera coincidiría con la exigencia de pago mínimo de la tarjeta. En tanto que si se opta por los 6 meses, el monto a abonar trepa a los $63.000 y para los 12 a $40.000.
Con información de
IProfesional

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