Alerta de la NASA sobre la drástica caída de las reservas globales de agua dulce

Jueves 28 de Noviembre 2024

De acuerdo a las observaciones satelitales de la última década, los depósitos naturales están en retroceso, lo que puede acarrear graves consecuencias en la humanidad
A lo largo de los últimos años, la humanidad es testigo de un aumento alarmante en las sequías y una disminución generalizada de los recursos hídricos en diversas regiones del planeta.
 
Ahora, un descubrimiento realizado por científicos de la NASA y el Centro Aeroespacial Alemán, basado en mediciones satelitales, señala que la crisis del agua dulce es mucho más profunda y global de lo que se pensaba.
 
El informe fue publicado en la revista especializada Surveys in Geophysics y podría indicar que los continentes de la Tierra entraron en una fase persistentemente más seca.
 
Según un estudio reciente, la cantidad total de agua dulce en la Tierra ha disminuido de forma abrupta desde 2014, y este fenómeno podría ser indicativo de una nueva fase de sequedad persistente que podría amenazar tanto a los ecosistemas como a las sociedades humanas.
 
Los recursos hídricos son fundamentales para la vida en la Tierra. Desde el consumo humano hasta las actividades agrícolas, el agua dulce es la base de muchas de nuestras actividades cotidianas.
 
Sin embargo, a pesar de su aparente abundancia en el planeta, el agua dulce disponible es limitada, ya que solo el 3% del agua de la Tierra es dulce, y una parte de ella está atrapada en forma de hielo en los polos. Esta agua es la que abastece a las poblaciones humanas y animales, alimenta los cultivos y sustenta los ecosistemas de ríos, lagos y acuíferos subterráneos. Su disponibilidad es, por tanto, un bien preciado y escaso.
 
En el último estudio realizado por la NASA y otros centros de investigación, se analizó la disminución del agua dulce desde 2014 a través de datos proporcionados por los satélites GRACE (Gravity Recovery and Climate Experiment) y sus sucesores GRACE-FO. Estos satélites permiten medir los cambios en la masa de agua sobre y debajo de la superficie terrestre, proporcionando información precisa sobre la cantidad de agua almacenada en los ecosistemas globales.
 
Lo que descubrieron los científicos es alarmante: desde 2015 hasta 2023, la cantidad promedio de agua dulce almacenada ha disminuido en 1.200 kilómetros cúbicos, respecto a la medida entre promedio entre los años 2002 a 2014.
 
Las causas de esta disminución no son simples, sino que están vinculadas a una combinación de factores naturales y humanos. El fenómeno de El Niño, que se presentó con particular intensidad entre 2014 y 2016, tuvo un impacto significativo en los patrones de precipitación globales. Este evento climático, que está relacionado con el calentamiento de las aguas del Pacífico tropical, altera las corrientes atmosféricas y cambia las lluvias y nevadas en diversas regiones del planeta. Sin embargo, el impacto de El Niño no ha sido el único factor involucrado en la crisis del agua.
 
El calentamiento global, impulsado por las emisiones de gases de efecto invernadero, ha exacerbado la evaporación del agua y alterado los ciclos hidrológicos. Según el meteorólogo Michael Bosilovich, del Centro Goddard de la NASA, “el aumento de las temperaturas aumenta tanto la evaporación del agua de la superficie a la atmósfera como la capacidad de retención de agua de la atmósfera, lo que aumenta la frecuencia e intensidad de las condiciones de sequía”.
 
Este fenómeno se ve reflejado en una mayor cantidad de precipitaciones extremas, las cuales no logran ser absorbidas por el suelo, sino que escurren y no reponen adecuadamente los acuíferos subterráneos. De esta forma, la capacidad de los suelos para almacenar agua se ve reducida, lo que contribuye a la escasez hídrica.
 
Los efectos del agotamiento de agua dulce son devastadores y van más allá de la simple falta de agua para beber. En muchas partes del mundo, la agricultura de regadío depende de las aguas subterráneas para mantener la producción de alimentos. A medida que los acuíferos se vacían, las comunidades se ven obligadas a extraer más agua, creando un ciclo peligroso de sobreexplotación. Este proceso no solo agrava la escasez de agua, sino que también puede llevar a la desertificación de tierras fértiles y la pérdida de cultivos esenciales.
 
Además, la escasez de agua tiene un impacto directo en la salud pública. La falta de acceso a agua limpia y potable aumenta el riesgo de enfermedades transmitidas por el agua, como el cólera y la diarrea, que pueden convertirse en epidemias mortales en regiones con infraestructura hídrica débil. A nivel global, este escenario de estrés hídrico puede generar tensiones sociales y políticas, ya que la competencia por el agua puede derivar en conflictos y migraciones forzadas.
 
Lo que los investigadores descubrieron es que las sequías globales no solo están siendo más frecuentes, sino que también están siendo más intensas y prolongadas. Según el hidrólogo Matthew Rodell, uno de los autores del estudio e hidrólogo del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland, “13 de las 30 sequías más intensas del mundo observadas por GRACE ocurrieron desde enero de 2015″.
 
Estos eventos han tenido un impacto devastador en varias regiones del planeta, incluidos Brasil, el centro de África, partes de Asia y América del Norte. Además, la situación ha empeorado con el paso del tiempo, con cada sequía causando un agotamiento de las reservas de agua más profundo.
 
El informe también destaca que la disminución de agua dulce comenzó a intensificarse con la sequía en Brasil, y rápidamente se extendió a otras regiones como Sudamérica, Europa y África. Los científicos no solo sospechan que el cambio climático está contribuyendo a la crisis del agua, sino que también subrayan que las políticas de gestión del agua no han sido lo suficientemente eficaces para mitigar este fenómeno.
 

Un futuro incierto para el agua dulce

El desafío es mayúsculo, pero los científicos creen que es posible revertir, al menos parcialmente, esta tendencia si se toman medidas adecuadas. En primer lugar, la gestión sostenible de los recursos hídricos es crucial. La inversión en tecnologías de ahorro y conservación de agua, la mejora de la infraestructura de riego y la implementación de políticas de uso racional del agua podrían aliviar la presión sobre los acuíferos subterráneos.
 
Además, los esfuerzos para mitigar el cambio climático, como la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, son fundamentales para frenar la aceleración de la evaporación del agua y la alteración de los patrones meteorológicos. De acuerdo con el informe de la ONU sobre el estrés hídrico de 2024, la cooperación internacional es clave para abordar este problema global, pues muchas regiones del mundo dependen de fuentes de agua compartidas, lo que requiere acuerdos y regulaciones que fomenten el uso equitativo y sostenible de los recursos hídricos.
 
Aunque el panorama no es prometedor, los científicos son cautos sobre lo que depara el futuro. Susanna Werth, hidróloga de Virginia Tech, comentó que, si bien hay evidencia de que el calentamiento global está contribuyendo a la caída de los niveles de agua dulce, todavía es difícil establecer una relación causal directa debido a las incertidumbres inherentes en los modelos climáticos.
 
Sin embargo, el hecho de que los nueve años más cálidos del registro moderno coincidan con la disminución global del agua dulce es un indicio claro de que estamos frente a una crisis ambiental que probablemente se agravará si no se toman medidas drásticas. Matthew Rodell advierte que este podría ser “un presagio de lo que está por venir”, y que el planeta podría estar entrando en una fase de sequedad prolongada.
 
En resumen, la situación es alarmante, pero también es una oportunidad para que la humanidad tome medidas y logre implementar soluciones sostenibles que garanticen el acceso al agua dulce para las generaciones futuras. La gestión del agua será, sin duda, uno de los desafíos más importantes del siglo XXI.
Con información de Infobae

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