Santa Fe

Terminó mal una sesión del Senado provincial

Viernes 20 de Junio 2014

El peronismo se retiró del recinto en solidaridad con Ricardo Kaufmann, quien -tras forzar un debate sobre el Reglamento, que sus pares del PJ no había respaldado- dejó su banca enojado.
El Senado santafesino vivió ayer una sesión que se extendió más de lo esperado, y que terminó con una muestra de fuerte tensión entre el oficialismo y la oposición.
 
En discusión estaba la posibilidad de que los recursos del Fondo de Financiamiento Educativo tengan una transferencia automática (libre de controles para las comunas y los municipios), según propone un proyecto de ley, que ya logró media sanción de Diputados, y cuyo autor es Mario Lacava (PJ- Santa Fe en Movimiento).
 
El oficialismo se opuso en la Cámara Baja a ese proyecto y en el Senado (donde el PJ pudo hacerlo avanzar si las comisiones funcionaran y produjeran los despachos) está en espera, desde hace más de un mes y con el receso legislativo a la vuelta de la esquina.
 
El bloque de la mayoría dejó el recinto, en silencio, para dar una señal de protesta. Lo hizo en solidaridad con uno de sus miembros: el senador Ricardo Kaufmann, protagonista de una polémica sobre cómo interpretar el reglamento de la Cámara, cuya argumentación fue un tanto polémica -porque era una posición muy difícil de sostener al enfrentar incluso la opinión del resto del peronismo- como elogiable por su florida y versada exposición.
 
El representante por el departamento Garay buscó una atajo, casi un chicana disfrazada de razonamiento jurídico, para lograr un imposible... (¿O fue para lograr la atención sobre el tema?).
 
Más allá del objetivo último del senador, lo cierto es que nunca se vio que se apruebe una ley sin tener dos tercios ni despacho de comisiones. Hubiera sido inédito, no para el Senado provincial sino para el sistema republicano.
 
Reglas
 
El criterio de Kaufmann era difícil de entender incluso para quienes todos los jueves recorren la Legislatura. Se apoyaba en una lectura reglamentaria parcial y pretendía que bastara con aprobar una moción (que en efecto se votan por simple mayoría) para constituir en comisión la Cámara y así luego, con el expediente ya con despacho, volver a aprobar (por apenas la mitad más uno de los presentes), un proyecto de ley.
 
En pocas palabras, el razonamiento del experimentado senador volvía indiferente para cualquier fuerza política tener mayoría simple o tener dos tercios.
 
Según su interpretación, muy discutible, era igual que un asunto estuviera en la lista de las Preferencias que en el Orden del Día (donde sí basta con la mitad más uno, porque allí llegan solamente los expedientes con dictamen favorable de las comisiones, que también se logran con esa mayoría simple).
 
Por la posición de Kaufmann, todas las teorías sobre el equilibrio entre poderes y la construcción de los consensos por vía de las mayorías especiales consagradas por la Constitución quedaban -de alguna manera- lisa y llanamente derogadas... Era demasiado. En el oficialismo las quejas no se hicieron esperar. Hablaron Hugo Marcucci, Lisandro Enrico y Felipe Michlig ya tranquilos porque siempre supieron que no se trataba de un criterio del peronismo, sino de un arresto individual, que al principio fue de elegante esgrima verbal, pero terminó mal.
 
Todo parecía volver a sus carriles habituales. En el peronismo los demás senadores no avalaron la posición del senador de Garay. Alcides Calvo (PJ-Castellanos) y José Baucero (PJ-San Javier) negaron con toda diplomacia esa posibilidad, que hubiera implicado romper las reglas más básicas de juego en la convivencia parlamentaria. A otros senadores del peronismo se los notaba incómodos con el curso de la discusión.
 
Es que en todos los cuerpos deliberativos las leyes se sancionan por mayoría simple siempre que antes hayan recibido despacho de las comisiones. O sobre tablas, si se reúnen los dos tercios. Y ni lo uno, ni lo otro, había ocurrido con el proyecto de Lacava.
 
Momento clave
 
Mientras el debate transcurría, por señas entre las bancas y por comentarios por lo bajo, legisladores, asesores y periodistas recibían información sobre la notable victoria uruguaya sobre Inglaterra. Pero el Senado estaba enfrascado en un debate reglamentario que nadie quería (y Kaufmann había forzado), al punto de que fue necesario un cuarto intermedio, pedido por Baucero en nombre del PJ, para reclamarle al senador que cambie su posición.
 
Lector profundo, ensayista de temas históricos y orador experimentado, el legislador díscolo tuvo al volver a su banca la necesidad de confesar que le costaba resignar su posición. Y explicó que su “porfía” no era “la de un necio”, sino honesta y convencida. Mientras tanto, el tiempo pasaba y los ánimos se caldeaban porque la sesión se estiraba.
 
Finalmente, el senador retiró su idea. Y aunque prometió seguir el debate más adelante, “porque el tiempo se toma venganza cuando no se lo escucha”, buscó presentar como si fuera una solución salomónica la aprobación de una preferencia “con o sin despacho”, y “para la próxima sesión”.
 
Eso significaba que el proyecto se podía aprobar -sí o sí- por simple mayoría, y el jueves próximo. Obviamente el oficialismo no iba a convalidarlo y sin dos tercios no iba a poder ser aprobado. Todo iba a terminar... pero Kaufmann fue por más.
 
Volvió a pedir la palabra cuando el vicegobernador Jorge Henn quería hacer votar su pedido de preferencia (tras una intervención de Enrico, que exigió clausurar el debate, moción de orden mediante).
 
Al senador costero no se lo dejó hablar: reclamaba la palabra, mientras la Cámara negaba la preferencia, porque sólo se reunieron los votos del peronismo, no los dos tercios. Kaufmann se puso de pie. Muy enojado, tomó sus cosas. De un golpe cerró ruidosamente la tapa del estuche de sus lentes, le hizo un último reclamo al presidente del cuerpo y abandonó el recinto.
 
El resto del peronismo, que no estaba dispuesto a acompañarlo en su interpretación del reglamento, sí lo hizo cuando se lo privó de hablar, y también se fue. Sin quórum, la sesión se cayó.
 
Electrificación rural
 
Es ley la creación de un fondo de electrificación rural (un proyecto que presentó años atrás el ex senador radical Federico Pezz y que el año pasado reflotó Felipe Michlig). El Senado aceptó por unanimidad las modificaciones de Diputados y se constituirá con el 1,5% (no con el 2%) sobre el total de cada factura. El fondo “recaudará unos $ 50 millones y será un aporte de las áreas más urbanizadas a las rurales más alejadas”, subrayó Michlig (UCR-San Cristóbal).
Con información de EL LITORAL

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