Entre Ríos | Paraná
Denuncia que perdió un ojo tras una paliza en la comisaría
Miércoles 25 de
Junio 2014
Un joven fue detenido por un robo en una pollería de Paraná en la comisaría 15ª. Mientras estaba esposado un policía de civil lo golpeó en el rostro, por lo que perdió la vista en el ojo izquierdo.
Un presunto hecho de violencia institucional se investiga en la Justicia de Paraná: un joven perdió un ojo por los golpes que recibidos en la comisaría 15ª, tras ser detenido por un robo junto a un amigo. Se sospecha de un policía que estaba de civil en la dependencia, que le pegó al detenido mientras estaba esposado, según quedó registrado en el acta policial de la detención.
El hecho ocurrió el martes 17 de junio, cuando dos jóvenes robaron en una pollería de calle Newbery y Caputto, y a pocas cuadras los detuvo la Policía. Fueron trasladados a la comisaría 15ª, donde recibieron la golpiza. Julián Ramírez, de 27 años, reconoce el error, asume su responsabilidad, pero también él y su familia piden que se haga justicia por el daño irreparable que le causaron, que el policía que le pegó mientras estaba esposado pague por lo que hizo.
Julián recibió a UNO en su casa y contó: “Yo sabía que me había mandado una cagada, en el mismo patrullero le dije a los policías. Es sabido que si te la mandás te van a llevar y te van a dar un par de coños. Son los códigos de la Policía. Pero ¿por qué semejante maldad? Si fuera que yo soy un delincuente que tengo 20 entradas, que me conocen todos, que no me dejo de romper las pelotas, ahí ponele, pero es la primera vez que me la mando, ¿por qué me van a hacer esto a mí? Se equivocó mal, se equivocó de persona”.
En la pollería, fue el amigo quien entró y sustrajo el dinero. Julián lo esperaba en la moto. Escaparon, pero un patrullero los empezó a seguir. Disminuyeron la velocidad hasta que se entregaron. Los esposaron con las manos atrás y los llevaron a la comisaría. Mientras lo entraban a un cuarto, pasando un pasillo, el policía de civil, que no estuvo con los de la guardia que participaron del procedimiento, le metió una traba o zancadilla a Julián, quien se fue de boca al piso. Después lo levantó de los pelos y le empezó a pegar.
El joven, que tenía problemas oftalmológicos por lo que iba a ser operado, le pidió que no le pegara en el ojo. Tuvo el efecto contrario: el policía le pegó más trompadas. “Yo estaba esposado, si no me hubiera defendido, no me hubiera dejado pegar en la cara”, cuenta Julián. “Ahora vas a quedar tuerto en serio”, le dijo el policía.
Hasta que comenzó a sangrar y vio un coágulo en medio del charco de sangre en el piso. Le preguntó a su amigo (que también fue golpeado pero en la nariz) y le respondió: “¡El ojo, el ojo!”. Una parte del globo ocular se le había desprendido. Mientras “los otros policías no hicieron nada porque fue muy enseguida. Entró, me castigó, y cuando me reventó ahí paró, cuando vio sangre en el piso. Yo sé que me agarró de los pelos, me levantó y ahí sentí el guachazo nomás. Cuando me di cuenta estaba encima de mi sangre”, recuerda Julián.
Empezó a gritar para que lo llevaran al hospital. Al rato lo subieron al patrullero y lo trasladaron a un centro de salud, donde la enfermera lo derivó urgente al hospital San Martín. Allí estuvo internado y fue operado. Le estaban por sacar el ojo izquierdo, pero se lo pudieron reconstruir, aunque perdió definitivamente la visión. Siguió internado, esposado con custodia policial e incomunicado. Tras el alta médica lo llevaron a la Alcaidía y el jueves recuperó la libertad.
Mientras, su madre lo buscaba por todos lados. El jefe de la Policía Departamental había ido a su casa para avisarle que lo habían detenido, pero recorrió varios lugares sin encontrarlo. Finalmente, lo pudo ver en los calabozos de Tribunales, y consultó al abogado Miguel Ángel Cullen, que será querellante en la causa que se inició por el delito de Vejaciones, en el Juzgado de Instrucción Nº 1 a cargo de Eduardo Ruhl.
El trabajo, la calle y la casa
“Yo ando desde los 14 años en la calle, y es la primera vez que me mando esto, si no me hubieran matado hace rato, si te das cuenta”, dice Julián, que tiene una pierna renga por la lesión que sufrió en una accidente de tránsito hace cuatro años. Desde entonces, conseguir trabajo se le hace cada vez más difícil. El mismo día que lo liberaron, la suerte le cambió: “Conseguí laburo y me fui a trabajar con el ojo así. Si hubiese tenido laburo antes mirá que voy a andar haciendo cagadas. He agarrado changuitas, laburo al palo, pero después tengo que estar tres o cuatro días por la pierna, no puedo caminar del dolor”, contó. Pero no tiene muchas expectativas a futuro: “Ahora no puedo sacar ni un carné de conducir ¿Qué hago? ¿Quién me va a dar laburo?”, lamentó.
La abuela de Julián entró al comedor y dijo: “Esta es una familia decente. Esto le pasó a mi nieto, pero yo no lo mandé. Yo te digo la verdad: estuve tres días muy mal, nunca le había pasado eso. Lo que más me duele que esposado le pegó un tipo. ¿No tendrá hijos?”, preguntó indignada y agregó: “Nosotros queremos saber qué pasa con el tipo, si está preso o dónde está, ¿haciendo otro mal? ¿Cuántas veces habrá hecho cosas que la Policía tapa?”.
Luego la abuela afirmó que su nieto “actuó mal, estaba haciendo cosas mal, cosas que nadie le enseñó”. Pero no va a tolerar ni justificar lo que le hicieron después: “Nosotros vamos a luchar, Dios me va a dar vida para que se haga justicia. Ese tipo no puede estar más en la Policía, a cuántos habrá hecho lo mismo”.
Algo que les llama la atención es que aún no le han dado a Julián sus pertenencias, que le retuvieron en la comisaría: el documento de identidad, el celular, la bufanda y los lentes que necesita para ver bien. También, que tras lo llevaron a antecedentes donde le “pintaron los dedos” para que queden registradas sus huellas dactilares, pero no le tomaron fotografía del rostro.
Pesquisa interna
El jefe de la División Operaciones de la Departamental Paraná de la Policía, Carlos Hormachea, que participó del operativo de detención de los ladrones de la pollería, contó a UNO que el procedimiento se realizó de manera legal, se les secuestró el dinero (alrededor de 450 pesos) robado a la pollería y el arma de fuego calibre 32 con un proyectil. Luego, ambos detenidos fueron trasladados a la comisaría 15ª.
Según informó a UNO, Ramírez tenía una lesión en un ojo por lo cual fue derivado al hospital San Martín para ser revisado por un oftalmólogo, y tras sus manifestaciones de que le habían pegado se inició una investigación interna con conocimiento del Juzgado de Instrucción, para establecer las circunstancias en las que se produjo la lesión, que fue de carácter interno en el globo ocular. Es decir, para saber si fue ocasionada durante la detención o si fue anterior a la misma.
El hecho ocurrió el martes 17 de junio, cuando dos jóvenes robaron en una pollería de calle Newbery y Caputto, y a pocas cuadras los detuvo la Policía. Fueron trasladados a la comisaría 15ª, donde recibieron la golpiza. Julián Ramírez, de 27 años, reconoce el error, asume su responsabilidad, pero también él y su familia piden que se haga justicia por el daño irreparable que le causaron, que el policía que le pegó mientras estaba esposado pague por lo que hizo.
Julián recibió a UNO en su casa y contó: “Yo sabía que me había mandado una cagada, en el mismo patrullero le dije a los policías. Es sabido que si te la mandás te van a llevar y te van a dar un par de coños. Son los códigos de la Policía. Pero ¿por qué semejante maldad? Si fuera que yo soy un delincuente que tengo 20 entradas, que me conocen todos, que no me dejo de romper las pelotas, ahí ponele, pero es la primera vez que me la mando, ¿por qué me van a hacer esto a mí? Se equivocó mal, se equivocó de persona”.
En la pollería, fue el amigo quien entró y sustrajo el dinero. Julián lo esperaba en la moto. Escaparon, pero un patrullero los empezó a seguir. Disminuyeron la velocidad hasta que se entregaron. Los esposaron con las manos atrás y los llevaron a la comisaría. Mientras lo entraban a un cuarto, pasando un pasillo, el policía de civil, que no estuvo con los de la guardia que participaron del procedimiento, le metió una traba o zancadilla a Julián, quien se fue de boca al piso. Después lo levantó de los pelos y le empezó a pegar.
El joven, que tenía problemas oftalmológicos por lo que iba a ser operado, le pidió que no le pegara en el ojo. Tuvo el efecto contrario: el policía le pegó más trompadas. “Yo estaba esposado, si no me hubiera defendido, no me hubiera dejado pegar en la cara”, cuenta Julián. “Ahora vas a quedar tuerto en serio”, le dijo el policía.
Hasta que comenzó a sangrar y vio un coágulo en medio del charco de sangre en el piso. Le preguntó a su amigo (que también fue golpeado pero en la nariz) y le respondió: “¡El ojo, el ojo!”. Una parte del globo ocular se le había desprendido. Mientras “los otros policías no hicieron nada porque fue muy enseguida. Entró, me castigó, y cuando me reventó ahí paró, cuando vio sangre en el piso. Yo sé que me agarró de los pelos, me levantó y ahí sentí el guachazo nomás. Cuando me di cuenta estaba encima de mi sangre”, recuerda Julián.
Empezó a gritar para que lo llevaran al hospital. Al rato lo subieron al patrullero y lo trasladaron a un centro de salud, donde la enfermera lo derivó urgente al hospital San Martín. Allí estuvo internado y fue operado. Le estaban por sacar el ojo izquierdo, pero se lo pudieron reconstruir, aunque perdió definitivamente la visión. Siguió internado, esposado con custodia policial e incomunicado. Tras el alta médica lo llevaron a la Alcaidía y el jueves recuperó la libertad.
Mientras, su madre lo buscaba por todos lados. El jefe de la Policía Departamental había ido a su casa para avisarle que lo habían detenido, pero recorrió varios lugares sin encontrarlo. Finalmente, lo pudo ver en los calabozos de Tribunales, y consultó al abogado Miguel Ángel Cullen, que será querellante en la causa que se inició por el delito de Vejaciones, en el Juzgado de Instrucción Nº 1 a cargo de Eduardo Ruhl.
El trabajo, la calle y la casa
“Yo ando desde los 14 años en la calle, y es la primera vez que me mando esto, si no me hubieran matado hace rato, si te das cuenta”, dice Julián, que tiene una pierna renga por la lesión que sufrió en una accidente de tránsito hace cuatro años. Desde entonces, conseguir trabajo se le hace cada vez más difícil. El mismo día que lo liberaron, la suerte le cambió: “Conseguí laburo y me fui a trabajar con el ojo así. Si hubiese tenido laburo antes mirá que voy a andar haciendo cagadas. He agarrado changuitas, laburo al palo, pero después tengo que estar tres o cuatro días por la pierna, no puedo caminar del dolor”, contó. Pero no tiene muchas expectativas a futuro: “Ahora no puedo sacar ni un carné de conducir ¿Qué hago? ¿Quién me va a dar laburo?”, lamentó.
La abuela de Julián entró al comedor y dijo: “Esta es una familia decente. Esto le pasó a mi nieto, pero yo no lo mandé. Yo te digo la verdad: estuve tres días muy mal, nunca le había pasado eso. Lo que más me duele que esposado le pegó un tipo. ¿No tendrá hijos?”, preguntó indignada y agregó: “Nosotros queremos saber qué pasa con el tipo, si está preso o dónde está, ¿haciendo otro mal? ¿Cuántas veces habrá hecho cosas que la Policía tapa?”.
Luego la abuela afirmó que su nieto “actuó mal, estaba haciendo cosas mal, cosas que nadie le enseñó”. Pero no va a tolerar ni justificar lo que le hicieron después: “Nosotros vamos a luchar, Dios me va a dar vida para que se haga justicia. Ese tipo no puede estar más en la Policía, a cuántos habrá hecho lo mismo”.
Algo que les llama la atención es que aún no le han dado a Julián sus pertenencias, que le retuvieron en la comisaría: el documento de identidad, el celular, la bufanda y los lentes que necesita para ver bien. También, que tras lo llevaron a antecedentes donde le “pintaron los dedos” para que queden registradas sus huellas dactilares, pero no le tomaron fotografía del rostro.
Pesquisa interna
El jefe de la División Operaciones de la Departamental Paraná de la Policía, Carlos Hormachea, que participó del operativo de detención de los ladrones de la pollería, contó a UNO que el procedimiento se realizó de manera legal, se les secuestró el dinero (alrededor de 450 pesos) robado a la pollería y el arma de fuego calibre 32 con un proyectil. Luego, ambos detenidos fueron trasladados a la comisaría 15ª.
Según informó a UNO, Ramírez tenía una lesión en un ojo por lo cual fue derivado al hospital San Martín para ser revisado por un oftalmólogo, y tras sus manifestaciones de que le habían pegado se inició una investigación interna con conocimiento del Juzgado de Instrucción, para establecer las circunstancias en las que se produjo la lesión, que fue de carácter interno en el globo ocular. Es decir, para saber si fue ocasionada durante la detención o si fue anterior a la misma.
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