El Gobierno busca habilitar el crédito en dólares para familias y divide aguas entre los bancos
Jueves 05 de
Febrero 2026
Mientras un ala de la banca ve una oportunidad de negocios, las entidades extranjeras y algunos técnicos del Banco Central alertan sobre el peligro de endeudar a no exportadores con un tipo de cambio apreciado.
El Gobierno está dispuesto a avanzar con uno de los temas más tabú del sistema financiero de la posconvertibilidad: el crédito en dólares para quienes no producen divisas. Bajo la premisa de que la "Ley de Inocencia Fiscal" debe funcionar como un reactivador del stock de divisas ociosas, el ministro de Economía, Luis Caputo, busca que los bancos vuelvan a prestar en moneda extranjera a familias y empresas del mercado interno.
La medida pretende inyectar liquidez en un mercado inmobiliario paralizado, aunque reabre un debate que la City creía saldado: si es posible masificar estas líneas sin incubar un nuevo riesgo de descalce sistémico en un contexto de tipo de cambio real apreciado.
Para el Palacio de Hacienda esta medida no es aislada, sino que forma parte de una política de "blanqueo permanente". Entre los pagos con tarjeta de débito en moneda extranjera y las facilidades para la exteriorización de activos, el Gobierno busca que el sector privado sea el motor de la reactivación mediante el uso de sus propios ahorros dolarizados. "Necesitamos que haya más crédito en dólares, y ahí la Ley de Inocencia Fiscal juega un rol fundamental, puede ser un cambio paradigmático", sentenció Caputo en una entrevista radial.
Los datos oficiales ya muestran un cambio de tendencia que el oficialismo busca capitalizar. Según el último informe del Banco Central, en enero los préstamos en moneda extranjera registraron un salto del 7,7% por encima de la inflación. Un repunte que se da luego de que en febrero del año pasado, cuando la autoridad monetaria autorizó a las entidades bancarias a utilizar "dólares propios" —obtenidos mediante colocaciones de deuda en el mercado— para financiar al sector privado. El objetivo ahora es más profundo: destrabar por etapas el complejo entramado normativo heredado de 2003.
Desde la crisis de 2001, la normativa argentina prohíbe ofrecer préstamos en dólares a quienes no tengan flujos genuinos en esa moneda. En la actualidad, solo los exportadores acceden a este financiamiento. Para modificar esto, el Ejecutivo debe transitar un doble camino: una reforma legislativa en el Congreso y la posterior derogación de circulares del BCRA que blindaron al sistema tras el colapso del "uno a uno".
En un sector de la banca ven con buenos ojos la posibilidad de pescar en nuevos estanques de clientes. Identifican tres segmentos potentes: las grandes empresas que ya operan en el mercado de capitales mediante Obligaciones Negociables (ON) —que, luego de las elecciones 2025, tuvieron un boom—, las firmas con productos dolarizados (cuyos precios locales siguen al tipo de cambio) e individuos que busquen créditos hipotecarios. Para estos últimos, la propuesta es financiar proporciones pequeñas de las propiedades bajo condiciones de otorgamiento extremadamente rígidas.
Según pudo saber este medio, para mitigar el riesgo de una devaluación que transforme las deudas en impagables, los bancos favorables a la medida sugieren una relación cuota-ingreso conservadora. Si en pesos el límite estándar es del 30%, en dólares proponen un techo de entre el 10% y el 15%. De esta manera, un salto en el tipo de cambio no asfixiaría al deudor de forma inmediata. A esto se sumaría la exigencia de una protección legal que garantice que las deudas no serán pesificadas por cambios en el Código Civil, una condición sine qua non para que las entidades asuman el riesgo ante la Justicia.
Sin embargo, el sector de la banca más tradicional y los técnicos de carrera del BCRA miran el plan con desconfianza. El concepto técnico que sobrevuela las reuniones es el mismatch o descalce. "La restricción de prestar dólares solo a exportadores es la 'buena herencia' del 2001, es lo que permitió que los bancos no cayeran en 2009, 2018 o durante la pandemia", deslizaron fuentes del mercado. La preocupación central es el Tipo de Cambio Real (TCR): con un peso que el mercado percibe como apreciado, incentivar deudas en dólares parece, para muchos, una trampa de deuda en potencia.
La interna también tiene un componente de participación de mercado y una pelea de fondo por los clientes. Hoy, los bancos de capital extranjero nucleados en la Asociación de Bancos Argentinos (ABA) procesan el 70% del comercio exterior y concentran a las grandes agroexportadoras. La apertura del crédito en dólares a sectores no exportadores nivelaría la cancha para el resto de los jugadores domésticos, pero desde ABA ya enviaron señales de alerta a fines de 2024 pidiendo "no estresar al sistema".
En los pasillos del Central, el clima es de cautela. Si bien existe una sintonía política entre Caputo y el presidente del BCRA, Santiago Bausili, el Directorio de la entidad pone todos los riesgos sobre la mesa. Los directores advierten sobre los precedentes fallidos, como el intento de la gestión de Federico Sturzenegger en 2018, que terminó colapsando ante la volatilidad cambiaria de abril de aquel año, justo antes de que se desatara la crisis que obligó a recurrir al FMI. Al final del día, la decisión política recae sobre la cabeza de la autoridad monetaria.
La medida pretende inyectar liquidez en un mercado inmobiliario paralizado, aunque reabre un debate que la City creía saldado: si es posible masificar estas líneas sin incubar un nuevo riesgo de descalce sistémico en un contexto de tipo de cambio real apreciado.
Para el Palacio de Hacienda esta medida no es aislada, sino que forma parte de una política de "blanqueo permanente". Entre los pagos con tarjeta de débito en moneda extranjera y las facilidades para la exteriorización de activos, el Gobierno busca que el sector privado sea el motor de la reactivación mediante el uso de sus propios ahorros dolarizados. "Necesitamos que haya más crédito en dólares, y ahí la Ley de Inocencia Fiscal juega un rol fundamental, puede ser un cambio paradigmático", sentenció Caputo en una entrevista radial.
Los datos oficiales ya muestran un cambio de tendencia que el oficialismo busca capitalizar. Según el último informe del Banco Central, en enero los préstamos en moneda extranjera registraron un salto del 7,7% por encima de la inflación. Un repunte que se da luego de que en febrero del año pasado, cuando la autoridad monetaria autorizó a las entidades bancarias a utilizar "dólares propios" —obtenidos mediante colocaciones de deuda en el mercado— para financiar al sector privado. El objetivo ahora es más profundo: destrabar por etapas el complejo entramado normativo heredado de 2003.
Desde la crisis de 2001, la normativa argentina prohíbe ofrecer préstamos en dólares a quienes no tengan flujos genuinos en esa moneda. En la actualidad, solo los exportadores acceden a este financiamiento. Para modificar esto, el Ejecutivo debe transitar un doble camino: una reforma legislativa en el Congreso y la posterior derogación de circulares del BCRA que blindaron al sistema tras el colapso del "uno a uno".
"Blanqueo permanente" y nuevos nichos de crédito
En un sector de la banca ven con buenos ojos la posibilidad de pescar en nuevos estanques de clientes. Identifican tres segmentos potentes: las grandes empresas que ya operan en el mercado de capitales mediante Obligaciones Negociables (ON) —que, luego de las elecciones 2025, tuvieron un boom—, las firmas con productos dolarizados (cuyos precios locales siguen al tipo de cambio) e individuos que busquen créditos hipotecarios. Para estos últimos, la propuesta es financiar proporciones pequeñas de las propiedades bajo condiciones de otorgamiento extremadamente rígidas.
Según pudo saber este medio, para mitigar el riesgo de una devaluación que transforme las deudas en impagables, los bancos favorables a la medida sugieren una relación cuota-ingreso conservadora. Si en pesos el límite estándar es del 30%, en dólares proponen un techo de entre el 10% y el 15%. De esta manera, un salto en el tipo de cambio no asfixiaría al deudor de forma inmediata. A esto se sumaría la exigencia de una protección legal que garantice que las deudas no serán pesificadas por cambios en el Código Civil, una condición sine qua non para que las entidades asuman el riesgo ante la Justicia.
La interna bancaria
Sin embargo, el sector de la banca más tradicional y los técnicos de carrera del BCRA miran el plan con desconfianza. El concepto técnico que sobrevuela las reuniones es el mismatch o descalce. "La restricción de prestar dólares solo a exportadores es la 'buena herencia' del 2001, es lo que permitió que los bancos no cayeran en 2009, 2018 o durante la pandemia", deslizaron fuentes del mercado. La preocupación central es el Tipo de Cambio Real (TCR): con un peso que el mercado percibe como apreciado, incentivar deudas en dólares parece, para muchos, una trampa de deuda en potencia.
La interna también tiene un componente de participación de mercado y una pelea de fondo por los clientes. Hoy, los bancos de capital extranjero nucleados en la Asociación de Bancos Argentinos (ABA) procesan el 70% del comercio exterior y concentran a las grandes agroexportadoras. La apertura del crédito en dólares a sectores no exportadores nivelaría la cancha para el resto de los jugadores domésticos, pero desde ABA ya enviaron señales de alerta a fines de 2024 pidiendo "no estresar al sistema".
En los pasillos del Central, el clima es de cautela. Si bien existe una sintonía política entre Caputo y el presidente del BCRA, Santiago Bausili, el Directorio de la entidad pone todos los riesgos sobre la mesa. Los directores advierten sobre los precedentes fallidos, como el intento de la gestión de Federico Sturzenegger en 2018, que terminó colapsando ante la volatilidad cambiaria de abril de aquel año, justo antes de que se desatara la crisis que obligó a recurrir al FMI. Al final del día, la decisión política recae sobre la cabeza de la autoridad monetaria.
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