El drama de los jubilados del PAMI que viajan 120 km para atenderse porque cerró el sanatorio de su ciudad
Viernes 17 de
Abril 2026

Viven en Marcos Juárez y deben ir hasta Villa María con problemas graves de salud. Los dueños del sanatorio explican por qué tuvieron que dar por terminada la actividad. El problema se enmarca en la crisis creciente de la obra social más grande del país.
“Ahora está en casa, pero por el infarto mi marido estuvo internado cuatro días en Villa María. ¿Yo? Dormí en una silla. No tenía plata y mi hijo me prestó. En un abrir y cerrar de ojos, entre comer algo y tomar los remedios, gasté cien mil pesos allá”. María vive en Marcos Juárez, Córdoba. Por la crisis del sector, 5.500 jubilados como ella y su esposo se quedaron sin el único sanatorio que atendía PAMI en la localidad. La obra social debió trasladar todas las consultas con especialistas, cirugías e internaciones a Villa María. Villa María queda a 120 kilómetros de Marcos Juárez.
Las noticias del PAMI vienen abordando tres frentes que explican pero no reflejan el grosor del drama de personas como María y Omar, su esposo, quien se recupera luego de que hace 15 días le colocaran un stent a más de cien kilómetros de su casa, por el cierre del Sanatorio Privado del Sudeste, que hasta el 31 de marzo absorbía lo que a los especialistas en gestión sanitaria les gusta llamar “capita”. La capita son esos más de 5.000 individuos, en su mayoría adultos mayores, que ahora cortan clavos buscando una solución al cierre del privado de salud que hace 40 años existía en la ciudad.
Las noticias corren menos por este carril que por los tres frentes mencionados arriba: 1) las demoras (al cierre de esta nota, más o menos emparchadas) en los pagos del PAMI a buena parte de las 13.000 farmacias del país que dispensan medicamentos a los jubilados; 2) las demoras y los aranceles desplomados que reclaman sanatorios y clínicas, sobre todo las más chicas, que son las que cuentan con mayor proporción de afiliados al PAMI entre sus pacientes; y 3) el paro de 72 horas que este miércoles cumplieron los médicos de cabecera, luego de que el organismo que maneja Esteban Leguizamo efectuara lo que los médicos entienden como fuertes recortes en sus honorarios, resultado de un cambio en la modalidad de cobro, que en la práctica retrotrajo el sistema de pagos a los años previos a la gestión de Carlos Regazzoni, durante la gestión presidencial de Mauricio Macri.
María está enojada, pero sobre todo preocupada. Luce joven y de hecho recién comienza sus 60: “Todo fue en el jueves santo. A mi marido le agarró lo que parecía ser un infarto. Se quedó quieto y se le daba vuelta todo, decía. Llegamos a Marcos Juárez, porque estábamos afuera de la ciudad, a unos kilómetros, y nos tuvimos que hacer ver en un centro materno que hay ahora”.
El centro materno tiene dos camas, contó Carmen Lerda, una vecina que se recibió de abogada a los 67 años y que ahora, a sus 78, terminó encabezando los reclamos de estos días. De hecho, está iniciando una demanda colectiva: “Hicimos algunas protestas en marzo y a fin de mes se hizo una marcha de jubilados hacia la Municipalidad de Marcos Juárez. Sara Majorel, la intendenta, negó que PAMI fuera su responsabilidad (N. de la R.: tal como hace poco se ocupó de marcar la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello), pero habilitó el Centro Periférico Nº 1, que es un centro materno, para que por lo menos permanezcan los pacientes que requieran atención, antes de ser derivados a Villa María”.
“Esa salita no está preparada para atender pacientes”, marcó Lerda, y agregó que el 1 de abril, al día siguiente del último día en que funcionó el Sanatorio Sudeste, “se hizo otra marcha de jubilados ante el delegado local de PAMI, que se negó a dar una respuesta”. Con apoyo de legisladores provinciales y nacionales, Lerda lideró un diálogo con el actual coordinador Regional de Hospitales de Córdoba, Eduardo Foresi, y “por intermedio suyo se habilitaron en el Hospital Abel Ayerza (N. de la R.: institución pública que Foresi dirigió en el pasado) algunas camas más para enfermos, antes de que sean trasladados a Villa María”. Esas camas son seis.
Así es como, cuando Omar tuvo el infarto, terminó en la salita materna que tiene dos camas. Lo trasladaron 120 kilómetros hasta Villa María y “enseguida lo pusieron en terapia intensiva”. Al día siguiente, le colocaron con éxito un stent. Estuvo cuatro días internado. María durmió en una silla dos días. Su hija, otros dos. “Pero es tremendo: ahora tenemos necesidades... de neurólogo, que no hay en Marcos Juárez. O que no tiene prestación y hay que pagarlo. O que hay que verlo en otro lado”, contó con aire de estar francamente perdida.
Su relato sigue buscando terreno firme en la propia confusión del sistema: “Estamos a la deriva con todo. Es una vergüenza. Que cubren los medicamentos, pero en realidad es algunos sí, otros no. Somos jubilados con un sueldo muy bajo que no llega a 300.000 pesos. Lo que uno come. La luz y el agua, que no podés pagar. Los remedios que tenés que pagar, son muchos. El oculista que veíamos acá, ahora no sabemos cómo. El hospital, que tenés que sacar turno meses antes. El cierre del Sanatorio Sudeste es lamentable para Marcos Juárez. Somos muchísimos los jubilados que lo precisamos y no sabemos para dónde disparar”.
Omar es albañil y tiene unos años más que ella. Su salud parece dentro de lo esperable para la edad. Hipertenso, colesterol, triglicéridos altos. María es diabética e hipertensa. Tiene vértigo y tuvo tres ACV. “Tengo miles de cosas”, compartió.
Si uno deja de lado el paro nacional de médicos de cabecera por el cambio en los aranceles, se podría decir que el problema de los adultos mayores marcosjuarenses no afecta, en principio, ese primer nivel de atención, ya que las consultas de chequeo y pedido de recetas suelen hacerse en consultorios particulares. Este conflicto afecta mayormente a los llamados segundo y tercer nivel de atención.
Es decir, complica que estos pacientes se puedan hacer un estudio de diagnóstico cualquiera. Mamografía, tomografía, radiografía, entre otros. También, operarse de urgencia o en forma programada. O internarse por alguna descompensación. O simplemente ver a cualquier médico especialista: el diabetólogo, el traumatólogo, el neurólogo, el oftalmólogo o cualquier otro, sin moverse de su ciudad varios kilómetros o esperar larguísimas colas en el hospital público.
Por cierto, en Marcos Juárez hay una clínica (la “San Roque”) a siete cuadras del ahora cerrado Sanatorio Sudeste. No atiende PAMI sino a los cientos de pacientes de la otra gran obra social dominante en la zona, suerte de IOMA cordobés: APROSS. En cuanto al hospital público, es el “Abel Ayerza”. Se ubica a cuatro cuadras y media del ahora vacío centro de salud. Si bien ahí no pueden negarle la atención a los jubilados, tampoco pueden absorberlos, más allá de las seis camas comentadas arriba.
Como explicó a Clarín Mauricio Svriz, médico traumatólogo y uno de los 11 socios-dueños que ahora cerraron el Sanatorio Sudeste, “la situación es muy complicada”. Contó que “Marcos Juárez tiene un total de 90 camas, de modo que cuando se cierra un sanatorio, se pierde prácticamente el 30% de la capacidad de internación de la ciudad”.
Parece absurdo que ese entramado urbano, que no califica técnicamente como “ciudad chica” (es cabecera de departamento y tiene 30.000 habitantes) no pueda dar una alternativa en este contexto. Pero el problema quizás no sea tanto el contexto local o regional sino las circunstancias históricas complejas (ahora agravadas por los recortes descomunales en el gasto público) del sistema de salud en general y de la mayor obra social del país, en particular.
El hospital público de Marcos Juárez tiene la mayoría de las camas de la ciudad (40). El San Roque, otras 22. El Sudeste tenía “22 más, en piso; 4 en terapia intensiva, y una más de terapia intermedia. Era un sanatorio chico, con unos 30 empleados, pero alcanzaba perfecto para las necesidades del lugar”, opinó Svriz.
Ahora bien, ¿por qué cerraron el sanatorio?
Svirz tiene 50 años y hace 20 era socio y trabajaba en esta clínica. Contra lo que difundieron algunos medios, quiso remarcar que no se "fundieron" ni estaban "endeudados". Confluyeron, dijo, dos factores.
1) Los dueños del edificio venían amenazando con venderlo y les ofrecieron a los miembros de la sociedad comprarlo a u$s 1.050.000 (por 1.360 metros cuadrados). Los socios contraofertaron en vano u$s 350.000. "No fue posible negociar y determinaron vender", explicó.
2) En paralelo, “todo 2025 fue conflictivo”. En 2024 habíamos logrado que nos eleven la capita, o sea que (tras una auditoría pedida desde el propio sanatorio) el PAMI aumente los giros al centro de salud. “Pero durante todo 2025, no se actualizó nada, salvo un 12,8% de diciembre a diciembre para el segundo nivel de atención. Esto mismo les pasó a todas las clínicas que tienen PAMI. Fue imposible de sostener, con una inflación del 31,5 puntos, sin contar que la verdadera inflación en salud fue arriba del 55%, entre la inflación y el salto que dio el dólar a principios de año, lo que hizo que las droguerías y todos los insumos aumentaran también”.
“En julio y agosto de 2025 empezamos a decirle al PAMI que no podíamos. Pensamos que con las elecciones legislativas, algo podría mejorar. No ocurrió. La capita en enero no llegaba a 10.000 pesos por paciente, para el segundo nivel”, detalló el médico. Para entender los ingresos del sanatorio, ese monto -suerte de fijo mensual- debe multiplicarse por los 5.500 afiliados, y después sumarse un 15% o 20% (variable) que el sanatorio cobraba por las consultas, tratamientos e internaciones, cada vez que el afiliado las requería.
En diciembre avisaron (dentro del plazo legal) que cerrarían el sanatorio. Y así llegamos al final de esta historia: “Lo que vimos es que, entre el problema del edificio, que ya tenía sus meses, y que el tema de PAMI no se resolvía, lo mejor era no endeudarnos. Tenemos ahora una deuda de alquiler de 10 meses. Nos hicieron un juicio y nos trabaron un embargo, pero en el cierre hicimos una liquidación de la empresa para poder pagarles a los empleados la mitad de la indemnización. Vendimos los equipos, salvo algunos que se quedó cada socio. El 30 de abril entregamos la llave”.
Las noticias del PAMI vienen abordando tres frentes que explican pero no reflejan el grosor del drama de personas como María y Omar, su esposo, quien se recupera luego de que hace 15 días le colocaran un stent a más de cien kilómetros de su casa, por el cierre del Sanatorio Privado del Sudeste, que hasta el 31 de marzo absorbía lo que a los especialistas en gestión sanitaria les gusta llamar “capita”. La capita son esos más de 5.000 individuos, en su mayoría adultos mayores, que ahora cortan clavos buscando una solución al cierre del privado de salud que hace 40 años existía en la ciudad.
Las noticias corren menos por este carril que por los tres frentes mencionados arriba: 1) las demoras (al cierre de esta nota, más o menos emparchadas) en los pagos del PAMI a buena parte de las 13.000 farmacias del país que dispensan medicamentos a los jubilados; 2) las demoras y los aranceles desplomados que reclaman sanatorios y clínicas, sobre todo las más chicas, que son las que cuentan con mayor proporción de afiliados al PAMI entre sus pacientes; y 3) el paro de 72 horas que este miércoles cumplieron los médicos de cabecera, luego de que el organismo que maneja Esteban Leguizamo efectuara lo que los médicos entienden como fuertes recortes en sus honorarios, resultado de un cambio en la modalidad de cobro, que en la práctica retrotrajo el sistema de pagos a los años previos a la gestión de Carlos Regazzoni, durante la gestión presidencial de Mauricio Macri.
María está enojada, pero sobre todo preocupada. Luce joven y de hecho recién comienza sus 60: “Todo fue en el jueves santo. A mi marido le agarró lo que parecía ser un infarto. Se quedó quieto y se le daba vuelta todo, decía. Llegamos a Marcos Juárez, porque estábamos afuera de la ciudad, a unos kilómetros, y nos tuvimos que hacer ver en un centro materno que hay ahora”.
El centro materno tiene dos camas, contó Carmen Lerda, una vecina que se recibió de abogada a los 67 años y que ahora, a sus 78, terminó encabezando los reclamos de estos días. De hecho, está iniciando una demanda colectiva: “Hicimos algunas protestas en marzo y a fin de mes se hizo una marcha de jubilados hacia la Municipalidad de Marcos Juárez. Sara Majorel, la intendenta, negó que PAMI fuera su responsabilidad (N. de la R.: tal como hace poco se ocupó de marcar la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello), pero habilitó el Centro Periférico Nº 1, que es un centro materno, para que por lo menos permanezcan los pacientes que requieran atención, antes de ser derivados a Villa María”.
“Esa salita no está preparada para atender pacientes”, marcó Lerda, y agregó que el 1 de abril, al día siguiente del último día en que funcionó el Sanatorio Sudeste, “se hizo otra marcha de jubilados ante el delegado local de PAMI, que se negó a dar una respuesta”. Con apoyo de legisladores provinciales y nacionales, Lerda lideró un diálogo con el actual coordinador Regional de Hospitales de Córdoba, Eduardo Foresi, y “por intermedio suyo se habilitaron en el Hospital Abel Ayerza (N. de la R.: institución pública que Foresi dirigió en el pasado) algunas camas más para enfermos, antes de que sean trasladados a Villa María”. Esas camas son seis.
Así es como, cuando Omar tuvo el infarto, terminó en la salita materna que tiene dos camas. Lo trasladaron 120 kilómetros hasta Villa María y “enseguida lo pusieron en terapia intensiva”. Al día siguiente, le colocaron con éxito un stent. Estuvo cuatro días internado. María durmió en una silla dos días. Su hija, otros dos. “Pero es tremendo: ahora tenemos necesidades... de neurólogo, que no hay en Marcos Juárez. O que no tiene prestación y hay que pagarlo. O que hay que verlo en otro lado”, contó con aire de estar francamente perdida.
Su relato sigue buscando terreno firme en la propia confusión del sistema: “Estamos a la deriva con todo. Es una vergüenza. Que cubren los medicamentos, pero en realidad es algunos sí, otros no. Somos jubilados con un sueldo muy bajo que no llega a 300.000 pesos. Lo que uno come. La luz y el agua, que no podés pagar. Los remedios que tenés que pagar, son muchos. El oculista que veíamos acá, ahora no sabemos cómo. El hospital, que tenés que sacar turno meses antes. El cierre del Sanatorio Sudeste es lamentable para Marcos Juárez. Somos muchísimos los jubilados que lo precisamos y no sabemos para dónde disparar”.
Omar es albañil y tiene unos años más que ella. Su salud parece dentro de lo esperable para la edad. Hipertenso, colesterol, triglicéridos altos. María es diabética e hipertensa. Tiene vértigo y tuvo tres ACV. “Tengo miles de cosas”, compartió.
Los niveles de atención del PAMI en Marcos Juárez
Si uno deja de lado el paro nacional de médicos de cabecera por el cambio en los aranceles, se podría decir que el problema de los adultos mayores marcosjuarenses no afecta, en principio, ese primer nivel de atención, ya que las consultas de chequeo y pedido de recetas suelen hacerse en consultorios particulares. Este conflicto afecta mayormente a los llamados segundo y tercer nivel de atención.
Es decir, complica que estos pacientes se puedan hacer un estudio de diagnóstico cualquiera. Mamografía, tomografía, radiografía, entre otros. También, operarse de urgencia o en forma programada. O internarse por alguna descompensación. O simplemente ver a cualquier médico especialista: el diabetólogo, el traumatólogo, el neurólogo, el oftalmólogo o cualquier otro, sin moverse de su ciudad varios kilómetros o esperar larguísimas colas en el hospital público.
Por cierto, en Marcos Juárez hay una clínica (la “San Roque”) a siete cuadras del ahora cerrado Sanatorio Sudeste. No atiende PAMI sino a los cientos de pacientes de la otra gran obra social dominante en la zona, suerte de IOMA cordobés: APROSS. En cuanto al hospital público, es el “Abel Ayerza”. Se ubica a cuatro cuadras y media del ahora vacío centro de salud. Si bien ahí no pueden negarle la atención a los jubilados, tampoco pueden absorberlos, más allá de las seis camas comentadas arriba.
Como explicó a Clarín Mauricio Svriz, médico traumatólogo y uno de los 11 socios-dueños que ahora cerraron el Sanatorio Sudeste, “la situación es muy complicada”. Contó que “Marcos Juárez tiene un total de 90 camas, de modo que cuando se cierra un sanatorio, se pierde prácticamente el 30% de la capacidad de internación de la ciudad”.
Parece absurdo que ese entramado urbano, que no califica técnicamente como “ciudad chica” (es cabecera de departamento y tiene 30.000 habitantes) no pueda dar una alternativa en este contexto. Pero el problema quizás no sea tanto el contexto local o regional sino las circunstancias históricas complejas (ahora agravadas por los recortes descomunales en el gasto público) del sistema de salud en general y de la mayor obra social del país, en particular.
El hospital público de Marcos Juárez tiene la mayoría de las camas de la ciudad (40). El San Roque, otras 22. El Sudeste tenía “22 más, en piso; 4 en terapia intensiva, y una más de terapia intermedia. Era un sanatorio chico, con unos 30 empleados, pero alcanzaba perfecto para las necesidades del lugar”, opinó Svriz.
Ahora bien, ¿por qué cerraron el sanatorio?
PAMI: por qué cerró el Sanatorio Sudeste de Marcos Juárez
Svirz tiene 50 años y hace 20 era socio y trabajaba en esta clínica. Contra lo que difundieron algunos medios, quiso remarcar que no se "fundieron" ni estaban "endeudados". Confluyeron, dijo, dos factores.
1) Los dueños del edificio venían amenazando con venderlo y les ofrecieron a los miembros de la sociedad comprarlo a u$s 1.050.000 (por 1.360 metros cuadrados). Los socios contraofertaron en vano u$s 350.000. "No fue posible negociar y determinaron vender", explicó.
2) En paralelo, “todo 2025 fue conflictivo”. En 2024 habíamos logrado que nos eleven la capita, o sea que (tras una auditoría pedida desde el propio sanatorio) el PAMI aumente los giros al centro de salud. “Pero durante todo 2025, no se actualizó nada, salvo un 12,8% de diciembre a diciembre para el segundo nivel de atención. Esto mismo les pasó a todas las clínicas que tienen PAMI. Fue imposible de sostener, con una inflación del 31,5 puntos, sin contar que la verdadera inflación en salud fue arriba del 55%, entre la inflación y el salto que dio el dólar a principios de año, lo que hizo que las droguerías y todos los insumos aumentaran también”.
“En julio y agosto de 2025 empezamos a decirle al PAMI que no podíamos. Pensamos que con las elecciones legislativas, algo podría mejorar. No ocurrió. La capita en enero no llegaba a 10.000 pesos por paciente, para el segundo nivel”, detalló el médico. Para entender los ingresos del sanatorio, ese monto -suerte de fijo mensual- debe multiplicarse por los 5.500 afiliados, y después sumarse un 15% o 20% (variable) que el sanatorio cobraba por las consultas, tratamientos e internaciones, cada vez que el afiliado las requería.
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Con información de
Clarín

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