Formadores infantiles de fútbol: ¿la Liga Santafesina sigue de cerca estos temas?

Lunes 14 de Septiembre 2026
Por: La Lechuza Oly

Para prestar atención.
Un buen formador de clubes sociales y deportivos no debe limitarse a enseñar técnica. En edades formativas, su tarea principal es “educar” a través del deporte, respetando el desarrollo físico, emocional, social y cognitivo de cada chico.
 
¿Hay formadores que entrenan en un club y, al mismo tiempo, trabajan por fuera con niños de la misma categoría que tienen a su cargo, a través de academias propias a las que se accede mediante el pago de una cuota mensual?
 
¿Casualmente, son esos mismos chicos los que después terminan (en muchos casos) jugando a nivel de “liga”?
 
¿Los clubes conocen y permiten este tipo de prácticas? ¿Existen controles o mecanismos de seguimiento?
 
Y una pregunta inevitable: ¿la Liga Santafesina conoce estas situaciones, interviene cuando corresponde o simplemente mira para otro lado?
 
Volviendo sobre el tema del título de la nota. Algunas consideraciones básicas.
 
Tal vez, el conocimiento futbolístico, debe dominar fundamentos técnicos y saber introducir progresivamente aspectos tácticos. No alcanza con haber jugado al fútbol: hay que saber cómo enseñar a jugar.
 
Seguramente las consignas, exigencias y ejercicios deben adecuarse a la edad y al nivel madurativo. Un niño de 7 años no aprende ni comprende como uno de 12 o 13.
 
Estimular una competencia sana y promover una práctica conjunta y real entre los niños que participan tanto en preliga como en liga también contribuye a generar un ambiente positivo, integrador y formativo.
 
La paciencia y la empatía son fundamentales para comprender que los errores forman parte del proceso de aprendizaje. Se trata de “corregir sin humillar”, sin gritar ni ofender, acompañando especialmente a quienes presentan mayores dificultades y evitando comparaciones destructivas.
 
El ejemplo personal de un formador: puntualidad, respeto, lenguaje adecuado, autocontrol y trato correcto con árbitros, familias, adversarios y jugadores. Los chicos aprenden mucho de lo que ven.
 
Hay clubes que no priorizan el desarrollo sobre el resultado: ganar es estimulante, pero en fútbol infantil no debería ser el objetivo que determine todas las decisiones. El formador debe evitar que algunos chicos queden relegados solamente porque todavía tienen menor rendimiento. Abundan casos de “mediocres dirigentes” de clubes que “exigen resultados”, según se escucha cada fin de semana.
 
Se observa que hay formadores que parecen no contar con la preparación suficiente para estar al frente de niños, considerados legalmente como tales hasta los 13 años.
 
Pero el problema no se limita únicamente a la formación de quienes están a cargo. También aparece una preocupante falta de compromiso dirigencial para poner la lupa sobre estas prácticas, evaluar lo que ocurre y realizar un seguimiento serio, responsable y maduro de la temática.
 
Por momentos, da la sensación de que hay formadores que no cuentan con conocimientos básicos sobre el desarrollo infantil: comprender las diferencias en los procesos de maduración física, los niveles de atención, la coordinación, la autoestima y el manejo emocional de cada niño.
 
Tratar a un niño como si fuera un adulto dentro del ámbito del fútbol constituye un error imperdonable. La formación infantil exige comprender la enorme responsabilidad que implica estar al frente de niños y acompañarlos en una etapa fundamental de su desarrollo.
 
Desde otro punto de vista, hay cualidades que resultan centrales. El entrenador debe ser capaz de explicar de manera sencilla, utilizar consignas breves y concretas, demostrar cuando sea necesario y verificar que los chicos hayan comprendido.
 
También debe saber observar. Muchas veces, una dificultad técnica no se resuelve repitiendo veinte veces “hacelo mejor” ni levantando la voz con un tono descalificante, sino identificando con precisión qué parte del movimiento necesita ser corregida y acompañando al niño en ese proceso.
 
A veces, el verdadero punto a verificar no está en el rendimiento de los niños, sino en determinar si el adulto que está frente a ellos reúne realmente las condiciones necesarias para ocupar ese lugar.
 
Se escuchan reclamos de padres respecto de algunos formadores, con pedidos para que revisen la manera en que gestionan y conducen los grupos. La preocupación pasa por entender que no abordar adecuadamente la dinámica cotidiana podría generar consecuencias anímicas en una etapa clave del desarrollo infantil.
 
Alguna vez escuché a un entrenador referirse a sus propios defensores, durante un partido que estaban perdiendo, con una frase llamativa: “Qué tiernitos que son”.
 
La realidad era mucho más simple: el otro equipo estaba jugando mejor y, por eso, ganaba.
 
Hay formadores muy buenos. Incluso encontramos profesores de Educación Física jubilados que continúan dedicando parte de su vida a formar niños.
 
Pero también existen otras situaciones que merecen ser observadas, analizadas y revisadas con seriedad.
 
Ampliaremos, sobre un tema al que hay que prestarle atención. 

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