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La escuela de minería que tiene un yacimiento propio
Jueves 28 de
Agosto 2014
En el Ipet 265 de José de la Quintana los alumnos realizan las prácticas en una mina de galena. Los egresados son muy requeridos por empresas y fábricas.
Si de algo están orgullosos en José de la Quintana es que la escuela es única. Tiene radio, un internado y hasta su propio yacimiento de galena, del que se extrae plomo.
Es la “escuela de minería” o el Instituto Provincial de Educación Técnica (Ipet) 256, una de las cinco instituciones de la provincia de Córdoba con esa especialidad. Y la más antigua de todas: cumple 60 años.
El colegio es la puerta de entrada a esta localidad de no más de 500 habitantes, pegada a Anisacate y a unos 70 kilómetros de la ciudad de Córdoba, en el departamento Santa María.
Parece un pueblo dentro del pueblo. Con biblioteca, sala multimedia, gabinete psicopedagógico, aulas, residencia estudiantil, comedor, cocina y salón de usos múltiples con gimnasio, tablero de dibujo, metegol, pool , mesa de ping pong y talleres con equipamiento de última generación.
Lo curioso es que tienen una mina propia, a siete kilómetros del colegio. Es “la Boreal”, como llaman a la mina-escuela que no está explotada comercialmente. Allí los alumnos aprenden en terreno y paso a paso la explotación de minerales.
El primer martes de agosto, en extremo ventoso, Sol Rolón (tercer año) y Bárbara Duarte (de cuarto) presentan noticias y música en la radio escolar “Onda Minera”, en 91.1, junto al “tallerista” Pablo Rodríguez, un docente que llega desde Alta Gracia todas las semanas.
La radio es uno de los proyectos que la escuela suma para aprender de otra manera. Mientras la frecuencia suena en el colegio y en el resto del pueblo, la directora Alejandra Maldonado explica: “Tenemos 280 alumnos; 90 son mujeres y 50 son varones internos. El resto llega de Alta Gracia, San Agustín, Anisacate, Santa Ana, Los Molinos, Boca del Río y Córdoba”. La población es heterogénea. Los estudiantes dicen que no hay problemas de convivencia, y algo de eso se percibe.
Hay chicos de ciudad y del campo, hijos de sojeros y de peones de estancia, alumnos que aprenden a amar y entender la minería como un recurso asociado al cuidado del ambiente, y otros que son enviados por padres que no tienen tiempo ni dinero para atender en las mejores condiciones a sus hijos.
“Muchos están aquí porque sus papás han sido alumnos; otros, porque un vecino le contó o porque tienen una buena salida laboral. También por la distancia, porque hay padres que trabajan todo el día”, explica Maldonado. Además, no hay colectivos hacia San Agustín y Despeñaderos.
“Hay un gran sentido de pertenencia con la escuela”, asegura Diego Aparicio, el vicedirector. “La matrícula aumentó en los últimos tres años. Somos una escuela chica y nos conocemos todos”, agrega Fernanda Casajus, que se desempeña como apoyo de dirección.
Tierra rica

El taller de minería funciona en un salón bien equipado. Hay muestras de rocas, un pizarrón y toda clase de herramientas. “Esta especialidad es particular. Les tiene que gustar el trabajo en el campo, lejos de lugares convencionales. Tiene salida laboral y eso atrae”, cuenta Nora Godoy, geóloga y docente.
La mayoría de los chicos consigue empleo al momento de egresar en pozos petroleros, empresas o yacimientos, muchos en la Patagonia. Algunos cursan estudios superiores, pero la mayoría decide trabajar.
Dante Bonfiglioli, profesor de Formación en Ambientes de Trabajo, y Fabián Romera, Maestro de Enseñanza Práctica, aseguran que entre el 30 y el 40 por ciento de los 31 alumnos de sexto año quiere ser minero porque saben que el título de técnico abre muchas puertas.
La Escuela de Minería tuvo sus vaivenes a lo largo de la historia y es una de las tres en la provincia que sostuvieron los talleres (mediante un recurso de amparo) cuando las escuelas técnicas se cerraron en los años ’90. Pero aún así perdieron a sus maestros de enseñanza técnica, que después costó restituir.
“La zona de nuestro departamento es rica en rocas de aplicación, calizas, dolomitas. Hay plantas procesadoras, las moliendas que hay en Alta Gracia tiene razón de ser porque la materia prima está cerca (...) La mica y el cuarzo tienen una explotación de más de 50 años en la provincia”, remarca Godoy.
De alguna manera, la escuela está relacionada al ambiente y a las posibilidades que da la tierra. Cuando se creó, explican los docentes, se requerían perforistas para los pozos petroleros en distintas provincias. Y la “escuela de minería” aparecía como una posibilidad para formar técnicos.
“La Boreal”
La escuela es de doble jornada. Aulas por la mañana y por la tarde, talleres de ajuste, hojalatería, tornería, carpintería, electricidad y minería. Son obligatorios, y rotativos, para todos los estudiantes. Las prácticas se realizan en fábricas, canteras y minas. Pero, fundamentalmente, en “la Boreal”.
Este año, en la Formación en Ambientes de Trabajo los alumnos realizarán una inmersión más profunda en la mina. “Van a organizarse en campamentos. El trabajo es complejo. Tenemos que realizar todas las etapas de un desarrollo minero: la iniciación, la preparación del terreno, la apertura de la zona, de la mina”, explica Godoy.
Los chicos de sexto año comenzarán estos días con el desagote del agua en el yacimiento para luego avanzar en el proceso. Se realizarán tareas de exploración, se observará cómo está el yacimiento y cuál es la veta, se harán mediciones, se evaluará el sistema de explotación y adónde se colocará el material estéril. Llevarán equipos de la escuela, compresores y martillos neumáticos para hacer prácticas de perforación.
Los chicos aprenden a manejar los equipos pero no manipulan explosivos.
Participar de la experiencia es como un premio que los estudiantes esperan, con ansiedad, a partir de cuarto año.
“Creo que no hay otras experiencias similares. Tenemos la posibilidad de tener una mina cerca, inactiva. Todo el proceso que podamos lo vamos a hacer hasta llegar a un concentrado”, concluye Godoy.
Es la “escuela de minería” o el Instituto Provincial de Educación Técnica (Ipet) 256, una de las cinco instituciones de la provincia de Córdoba con esa especialidad. Y la más antigua de todas: cumple 60 años.
El colegio es la puerta de entrada a esta localidad de no más de 500 habitantes, pegada a Anisacate y a unos 70 kilómetros de la ciudad de Córdoba, en el departamento Santa María.
Parece un pueblo dentro del pueblo. Con biblioteca, sala multimedia, gabinete psicopedagógico, aulas, residencia estudiantil, comedor, cocina y salón de usos múltiples con gimnasio, tablero de dibujo, metegol, pool , mesa de ping pong y talleres con equipamiento de última generación.
Lo curioso es que tienen una mina propia, a siete kilómetros del colegio. Es “la Boreal”, como llaman a la mina-escuela que no está explotada comercialmente. Allí los alumnos aprenden en terreno y paso a paso la explotación de minerales.
El primer martes de agosto, en extremo ventoso, Sol Rolón (tercer año) y Bárbara Duarte (de cuarto) presentan noticias y música en la radio escolar “Onda Minera”, en 91.1, junto al “tallerista” Pablo Rodríguez, un docente que llega desde Alta Gracia todas las semanas.
La radio es uno de los proyectos que la escuela suma para aprender de otra manera. Mientras la frecuencia suena en el colegio y en el resto del pueblo, la directora Alejandra Maldonado explica: “Tenemos 280 alumnos; 90 son mujeres y 50 son varones internos. El resto llega de Alta Gracia, San Agustín, Anisacate, Santa Ana, Los Molinos, Boca del Río y Córdoba”. La población es heterogénea. Los estudiantes dicen que no hay problemas de convivencia, y algo de eso se percibe.
Hay chicos de ciudad y del campo, hijos de sojeros y de peones de estancia, alumnos que aprenden a amar y entender la minería como un recurso asociado al cuidado del ambiente, y otros que son enviados por padres que no tienen tiempo ni dinero para atender en las mejores condiciones a sus hijos.
“Muchos están aquí porque sus papás han sido alumnos; otros, porque un vecino le contó o porque tienen una buena salida laboral. También por la distancia, porque hay padres que trabajan todo el día”, explica Maldonado. Además, no hay colectivos hacia San Agustín y Despeñaderos.
“Hay un gran sentido de pertenencia con la escuela”, asegura Diego Aparicio, el vicedirector. “La matrícula aumentó en los últimos tres años. Somos una escuela chica y nos conocemos todos”, agrega Fernanda Casajus, que se desempeña como apoyo de dirección.
Tierra rica

El taller de minería funciona en un salón bien equipado. Hay muestras de rocas, un pizarrón y toda clase de herramientas. “Esta especialidad es particular. Les tiene que gustar el trabajo en el campo, lejos de lugares convencionales. Tiene salida laboral y eso atrae”, cuenta Nora Godoy, geóloga y docente.
La mayoría de los chicos consigue empleo al momento de egresar en pozos petroleros, empresas o yacimientos, muchos en la Patagonia. Algunos cursan estudios superiores, pero la mayoría decide trabajar.
Dante Bonfiglioli, profesor de Formación en Ambientes de Trabajo, y Fabián Romera, Maestro de Enseñanza Práctica, aseguran que entre el 30 y el 40 por ciento de los 31 alumnos de sexto año quiere ser minero porque saben que el título de técnico abre muchas puertas.
La Escuela de Minería tuvo sus vaivenes a lo largo de la historia y es una de las tres en la provincia que sostuvieron los talleres (mediante un recurso de amparo) cuando las escuelas técnicas se cerraron en los años ’90. Pero aún así perdieron a sus maestros de enseñanza técnica, que después costó restituir.
“La zona de nuestro departamento es rica en rocas de aplicación, calizas, dolomitas. Hay plantas procesadoras, las moliendas que hay en Alta Gracia tiene razón de ser porque la materia prima está cerca (...) La mica y el cuarzo tienen una explotación de más de 50 años en la provincia”, remarca Godoy.
De alguna manera, la escuela está relacionada al ambiente y a las posibilidades que da la tierra. Cuando se creó, explican los docentes, se requerían perforistas para los pozos petroleros en distintas provincias. Y la “escuela de minería” aparecía como una posibilidad para formar técnicos.
“La Boreal”
La escuela es de doble jornada. Aulas por la mañana y por la tarde, talleres de ajuste, hojalatería, tornería, carpintería, electricidad y minería. Son obligatorios, y rotativos, para todos los estudiantes. Las prácticas se realizan en fábricas, canteras y minas. Pero, fundamentalmente, en “la Boreal”.
Este año, en la Formación en Ambientes de Trabajo los alumnos realizarán una inmersión más profunda en la mina. “Van a organizarse en campamentos. El trabajo es complejo. Tenemos que realizar todas las etapas de un desarrollo minero: la iniciación, la preparación del terreno, la apertura de la zona, de la mina”, explica Godoy.
Los chicos de sexto año comenzarán estos días con el desagote del agua en el yacimiento para luego avanzar en el proceso. Se realizarán tareas de exploración, se observará cómo está el yacimiento y cuál es la veta, se harán mediciones, se evaluará el sistema de explotación y adónde se colocará el material estéril. Llevarán equipos de la escuela, compresores y martillos neumáticos para hacer prácticas de perforación.
Los chicos aprenden a manejar los equipos pero no manipulan explosivos.
Participar de la experiencia es como un premio que los estudiantes esperan, con ansiedad, a partir de cuarto año.
“Creo que no hay otras experiencias similares. Tenemos la posibilidad de tener una mina cerca, inactiva. Todo el proceso que podamos lo vamos a hacer hasta llegar a un concentrado”, concluye Godoy.
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