Córdoba

La pelota que saca chicos de la calle en Unquillo

Jueves 06 de Noviembre 2014 - 08:48

Una informal escuela de fútbol desanda una singular experiencia, más educativa que deportiva, para contener a niños. Depende del esfuerzo cotidiano de dos vecinos.

 
“Disciplina y respeto por los compañeros. Andar bien en la escuela. Portarse bien en la calle”. Esta declaración de principios, escrita en una simple chapa, es lo primero que encuentran los niños y jóvenes del barrio Quebrada Honda, de Unquillo, cuando ingresan a la canchita de fútbol del quiosco de “Caty” Romero.

El sitio es bien humilde, pero en cada detalle se percibe el cariño y compromiso de Daniel Rodríguez, que se encarga de aplanar la cancha, hacer los arcos, pintar las columnas, coser las redes que se rompen a diario, inflar los gastados balones y crear aparatos caseros para que los chicos, además, hagan ejercicios.

También se nota el esmero de Caty, que acompaña y desde su casa-comercio pispea todo, aunque el ojo en que no haya violencia entre los pibes.

En un entorno barrial donde el consumo de drogas y alcohol, la violencia familiar y las persecuciones policiales son moneda corriente, y la mayoría de los niños no llegan a terminar sus estudios, emerge este pequeño oasis que propone: “No a las drogas, no a la violencia. Deportes. Juego limpio y compañerismo, en un ambiente familiar”. Así está escrito en otras de las improvisadas chapas, a la vista de todos.

Escucharlos


Conmueve escuchar a Caty y a Daniel con la pasión solitaria con que cuentan el trabajo que hacen a diario, sin esperar rédito a cambio. “Los chicos están muy solos, muchos no hacen nada, nadie los escucha y por eso hablan poco y no se dirigen con respeto hacia los demás. Acá encuentran un lugar de contención y de a poquito van saliendo de las malas juntas”, explica Caty.

El incentivo para que practiquen valores de camaradería y respeto se premia con el regalo de fichas de metegol. Y, sobre todo, con gestos y actitudes.

“Desde que empezamos a motivarlos, muchos chicos mejoraron su desempeño en la escuela y cambiaron comportamientos violentos. Parece poco nuestro esfuerzo pero es un granito de arena en una sociedad cada vez más despersonalizada y complicada”, agrega Daniel.

En esa línea de promover cambios de hábitos y conductas, Daniel se compromete cada año de una manera particular: el niño que pase de grado será premiado con un fútbol. Para eso, otro cartel a la vista avisa: “Señor vecino: incentivemos a los chicos al estudio; done una pelota”.

El buen problema que ahora los ocupa es que cada año son más los niños que pasan de grado, motivados e ilusionados por esa promesa, y por el contagio de que otros pueden hacerlo.

El tema es que ya cuesta conseguir tantas pelotas y las promesas se hacen para ser cumplidas.

Para ayudar

Se necesitan camisetas para los chicos, medias, zapatillas, pelotas. También eso lo marca un cartel en la humilde canchita.

Para colaborar, concurrir a Avenida Belgrano 1000, camino a Cabana, en Unquillo, o comunicarse al (03543) 48-9598.

Con información de lavoz


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