Mataron a una mujer que denunció públicamente a los asesinos de su hijo

Viernes 21 de Noviembre 2014

Norma Bustos tenía 53 años. Le pegaron tres tiros en su casa de Pavón al 4600. En enero de 2013 asesinaron a su hijo Lucas. Murió en el quiosco que tenía en su casa de Tablada.
"A mi no me importa que me maten, si yo ya lo perdí todo. Me mataron a mi hijo, se murió mi marido, ¿qué más me pueden sacar? Yo estoy vacía. Pero quiero que los que mataron a mi hijo se pudran en la cárcel. Si el infierno existe, yo vivo en el infierno desde que me mataron a mi hijo". Siete meses atrás Norma Beatriz Bustos, la mamá de Lucas Espina, contaba su pena al conocer que los hermanos Milton y José Damario habían sido procesados como autores del asesinato de su hijo, ocurrido el domingo 27 de enero de 2013. Y lo que faltaba que le sacaran a Norma, su vida, ocurrió ayer a la mañana. La mujer, de 53 años, recibió tres balazos mortales. Dos motociclistas cubiertos con cascos llegaron hasta el quiosco que atendía en su casa de Pavón al 4600, en barrio Tablada, y tocaron el timbre. Cuando la mujer fue a atenderlos por la ventana enrejada, le dispararon sin miramientos. Los tiros le impactaron en el pómulo, el cuello y el hombro, todo sobre el lado derecho.
 
"Yo puse mi fe en Dios y me levanto todos los días porque quiero justicia para mi hijo; no venganza", dijo entonces Norma. Era su dolor traducido en frases. La historia de una mujer que quiso torcer el destino de su lugar en el mundo, pero en esa pelea lo perdió todo.
 
Llamado de auxilio.Una mañana de septiembre de 2008 una mujer llamó a La Capital para contar sobre la espiral de violencia que imperaba en la zona donde vivía. "Vengan al barrio. Queremos contarles que sólo queremos vivir en paz, pero no podemos más. Tenemos miedo". Era Norma, quien abrió la humildad de su casa para que diez vecinos hablaran entonces con un cronista de este diario. Por entonces el tema de la narcoriminalidad sólo lo abordaban pocos periodistas y ocupaba espacio en algunos medios. En aquella charla estaba Lucas, su único hijo.
 
Cuatro años y cuatro meses después, el domingo 27 de enero de 2013, a Lucas lo mataron a balazos de ametralladora a 30 metros de su casa. Tenía 25 años. "A la 1.15 escuché la ráfaga de disparos y salté de la cama con mi marido. Pensé en Lucas y salí en bombacha y remera a buscarlo. Cuando llegué a la esquina (de Pavón y Santa Rosa de Lima) vi al auto plateado del que le seguían disparando. Me puse un pantalón y volví a buscar a Lucas. Estaba tirado en el patio de la casa de una vecina. Cuando le corrí el cabello con mi mano le vi la herida en la cabeza. Uno de mis dedos entraba en el hueco que dejó el balazo", contó Norma. Y apuntó como homicidas a los hermanos Milton y José Damario, dos pesados ligados al mundo de la droga que viven a sólo 200 metros de su casa.
 
Un año más tarde, los hermanos Damario cayeron presos en la ciudad de Santo Tomé, en el marco de la investigación por el asesinato de Claudio "Pájaro" Cantero, el líder de la banda de Los Monos. Los dos fueron procesados por la jueza de Instrucción Mónica Lamperti como coautores del asesinato de Espina y por ello irán a juicio.
 
La muerte de Lucas empezó a marcar el final de la familia de Norma. El día que sepultaron al pibe falleció el padre de la mujer, quien padecía una grave enfermedad y no pudo soportar saber lo ocurrido a su nieto. Y hace poco más de un año Oscar, el esposo de Norma, murió de una insuficiencia renal. "Yo lo perdí todo. ¿Qué más me pueden hacer? Yo ya estoy muerta en vida", decía Norma sin necesidad de que alguien se lo preguntara. Vivía sola en su casa y ahí, con la ayuda de su familia, puso un quiosco con el que se ganaba la vida. Norma tenía un hermano en Rosario y una hermana en la provincia de Buenos Aires.
 
Tras las rejas. Pavón 4651. Un cartel sobre la vereda alerta que allí hay un quiosco, el quiosco de Norma, la mamá de Lucas. En la habitación en la que pasó sus últimos días su padre, la mujer puso el local que atendía a través de una ventana enrejada y guarecida por un toldo naranja y amarillo. Frente a la ventana hay un altar pintado de rojo punzó que Lucas construyó para rendirle culto al Gauchito Gil, del que era devoto. "No le estoy dando mucha bola al Gauchito. Estoy enojada con él por lo que pasó con Lucas", contó Norma en abril pasado. En la puerta de chapa de la casa, pintada de blanco, podían verse aún al menos cuatro impactos de balas fruto de las continuas amenazas que padeció la mujer desde que salió a denunciar públicamente a los asesinos de su hijo.
 
La versión que más fuerza tenía ayer en la escena del crimen fue que a las 10.30 una moto con dos hombres con cascos llegó hasta la ventana enrejada del quiosco. Tocaron el timbre y cuando Norma fue a atender, tres balazos calibre 38 le congelaron el paso. Norma dio dos pasos hacia atrás y cayó muerta. La moto, tipo enduro, se perdió por las calles de Tablada.
 
Los residentes indicaron que escucharon tres disparos, pero ahorraron precisiones a la hora de hablar con la prensa. Un vecino de Norma al enterarse de lo ocurrido llamó a su hermana en Buenos Aires y ésta se contactó con sus parientes en Rosario. Cuando el hermano llegó a calle Pavón, la cinta roja y blanca que cerraba el perímetro de ingreso a la casa de Nla mujer le indicó que no había espacio para la esperanza.
 
El fiscal Ademar Bianchini, de la Unidad Especializada en Homicidios, fue cauto a la hora de contextualizar el crimen. "Terminamos de procesar la escena. No descarto nada y no hay que apresurase en jugársela por una hipótesis", indicó.
 
Otra versión que se escuchó entre los vecinos, muy en voz baja, fue que durante la madrugada Norma recibió una amenaza a su teléfono fijo en la que le advertían que la iban a matar. En poder de la mujer quedó su celular, que fue secuestrado y será peritado. La cuadra se llenó de curiosos mientras media docena de familiares, con el hermano de Norma a la cabeza, lloraban en la vereda de enfrente observando cada detalle. El silencio sólo lo rompían las motos y los autos que no dejaban de pasar para confirmar la noticia del día: asesinaron a Norma Bustos, la mamá de Lucas Espina.
Con información de La Capital

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