Carlés, sin interlocutores en el Gobierno
Viernes 10 de
Abril 2015
Hoy Carlés asegura que no fue por idea de él que el papa Francisco hizo ese pedido a la Presidenta y que no se convenció de que esa posibilidad existía hasta que el ministro Julio Alak lo llamó en el mes de octubre para informarlo de que el Poder Ejecutivo elevaría el pliego con su nombre cuando se produjera la vacante de Zaffaroni.
"No me podía negar a una propuesta de Francisco", acota. También dice que esa fue la única vez que un funcionario del Gobierno tomó contacto con él y que nunca nadie más le atendió el teléfono. "No tengo interlocutor alguno", explica.
Así fue que la maquinaria del Gobierno se puso en funcionamiento para lograr que Carlés fuera designado en la Corte Suprema, tal como Cristina se había comprometido en Santa Marta, aunque parece que sin verdadera convicción. Por ejemplo, envió el pliego a la Comisión de Acuerdos el 6 de marzo, donde obtuvo pronto despacho para llevarlo a audiencia pública, pero no habló con ningún opositor para obtener un voto más por encima de los 10 oficialistas. Roberto Urtubey, presidente de la Comisión, ni siquiera habló con Lucila Crexell, la representante del Movimiento Popular Neuquino que vota habitualmente con el FPV. Ella lo notó, por eso, respaldó el tratamiento en audiencia pública, pero anunció que votará en contra de la designación en el recinto.
La audiencia pública se realizó el martes 31 de marzo, pero no fue transmitida en directo como otras designaciones que promovía el Ejecutivo, por ejemplo, cuando se trataba el pliego de Alejandra Gils Carbó para la Procuración General de Justicia, ni tuvo despliegue central en los medios kirchneristas. Es más, hoy Carlés se queja de que no tuvo ninguna asistencia administrativa de parte del Senado de la Nación, aunque ocupa un cargo de planta permanente en la Dirección de Obras y Servicios Generales, debiendo hasta fotocopiarse el material que llevó a la audiencia.
Es verdad que Urtubey presentó la propuesta, pero el único senador que defendió la postulación fue el presidente del bloque del FPV, Miguel Ángel Pichetto. Incluso, el habitualmente oficialista Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) no se pronunció al respecto, argumentando que no es un tema que le incumbe directamente, aunque hoy Carlés dice que en el caso de Zaffaroni sí se pronunció y, por supuesto, a favor.
La situación de Carlés es curiosa. Es el candidato del oficialismo para la Corte Suprema, pero ningún oficialista se ocupa de su destino. Nadie del Gobierno trabaja para ganar adeptos a su nominación. En la mayoría de los casos, él mismo fue el que se ocupó de hablar con senadores opositores y periodistas, a quienes les juró que habla con el Papa todos los sábados, que pareciera ser el día que Francisco tiene más tiempo libre, con quien últimamente evalúa el aislamiento al que está sometido.
En principio, su nominación se iba a votar este mismo miércoles en el recinto, apurando las decisiones, como acostumbra hacerlo el Gobierno, pero no sólo fue demorada una semana más, sino que no se conocen esfuerzos por llegar a los dos tercios de los presentes necesarios para hacerlo juez de la Corte Suprema que, para los expertos, sería posible con el respaldo de los senadores Adolfo Rodríguez Saa, Roberto Basualdo y Liliana Negre de Alonso, del peronismo disidente.
Pero las cosas se le complican todavía más a Carlés. Anoche había fuertes rumores de que el Gobierno retiraría el pliego del Senado para evitar una derrota segura. Claro, la Presidenta ya consiguió la entrevista con el Papa para el próximo 7 de junio, en plena campaña electoral: ya no necesita cumplir con la palabra que empeñó en Santa Marta.
Así fue que la maquinaria del Gobierno se puso en funcionamiento para lograr que Carlés fuera designado en la Corte Suprema, tal como Cristina se había comprometido en Santa Marta, aunque parece que sin verdadera convicción. Por ejemplo, envió el pliego a la Comisión de Acuerdos el 6 de marzo, donde obtuvo pronto despacho para llevarlo a audiencia pública, pero no habló con ningún opositor para obtener un voto más por encima de los 10 oficialistas. Roberto Urtubey, presidente de la Comisión, ni siquiera habló con Lucila Crexell, la representante del Movimiento Popular Neuquino que vota habitualmente con el FPV. Ella lo notó, por eso, respaldó el tratamiento en audiencia pública, pero anunció que votará en contra de la designación en el recinto.
La audiencia pública se realizó el martes 31 de marzo, pero no fue transmitida en directo como otras designaciones que promovía el Ejecutivo, por ejemplo, cuando se trataba el pliego de Alejandra Gils Carbó para la Procuración General de Justicia, ni tuvo despliegue central en los medios kirchneristas. Es más, hoy Carlés se queja de que no tuvo ninguna asistencia administrativa de parte del Senado de la Nación, aunque ocupa un cargo de planta permanente en la Dirección de Obras y Servicios Generales, debiendo hasta fotocopiarse el material que llevó a la audiencia.
Es verdad que Urtubey presentó la propuesta, pero el único senador que defendió la postulación fue el presidente del bloque del FPV, Miguel Ángel Pichetto. Incluso, el habitualmente oficialista Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) no se pronunció al respecto, argumentando que no es un tema que le incumbe directamente, aunque hoy Carlés dice que en el caso de Zaffaroni sí se pronunció y, por supuesto, a favor.
La situación de Carlés es curiosa. Es el candidato del oficialismo para la Corte Suprema, pero ningún oficialista se ocupa de su destino. Nadie del Gobierno trabaja para ganar adeptos a su nominación. En la mayoría de los casos, él mismo fue el que se ocupó de hablar con senadores opositores y periodistas, a quienes les juró que habla con el Papa todos los sábados, que pareciera ser el día que Francisco tiene más tiempo libre, con quien últimamente evalúa el aislamiento al que está sometido.
En principio, su nominación se iba a votar este mismo miércoles en el recinto, apurando las decisiones, como acostumbra hacerlo el Gobierno, pero no sólo fue demorada una semana más, sino que no se conocen esfuerzos por llegar a los dos tercios de los presentes necesarios para hacerlo juez de la Corte Suprema que, para los expertos, sería posible con el respaldo de los senadores Adolfo Rodríguez Saa, Roberto Basualdo y Liliana Negre de Alonso, del peronismo disidente.
Pero las cosas se le complican todavía más a Carlés. Anoche había fuertes rumores de que el Gobierno retiraría el pliego del Senado para evitar una derrota segura. Claro, la Presidenta ya consiguió la entrevista con el Papa para el próximo 7 de junio, en plena campaña electoral: ya no necesita cumplir con la palabra que empeñó en Santa Marta.
Con información de
Infobae

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