Chaco
Insólito: Raptan y golpean a vecino por un terreno en discordia
Martes 02 de
Junio 2015
Un vecino de Resistencia contó a NORTE la increíble odisea que padeció a manos de dos hombres quienes lo raptaron, lo golpearon hasta cansarse y lo dejaron abandonado en un descampado de Puerto Vilelas. Según denunció a la División Homicidios y Capturas, dependiente del Departamento de Investigaciones Complejas de Resistencia, el damnificado sufrió un “apriete” ordenado por una vecina que pretende quedarse con su casa.

Carlos Gregorio Martínez Ovejero es el protagonista de este escalofriante episodio, que podría confundirse con cualquier película de secuestro, extorsión y muerte. Por suerte, el final de Carlos no fue éste.
Según consta en la denuncia Ovejero que acercó a NORTE, el hecho se produjo el miércoles 20 de mayo alrededor de las 22.30 cuando se encontraba en la vereda de su domicilio, ubicado en Juan D. Dios Mena 426 cuando un automóvil Wolskvagen Gol, color gris plata, con vidrios polarizados de tres puertas se estacionó en dirección a Carlos. Dos hombres salieron del vehículo y se dirigieron hacia él.
Según contó “ambos se dirigieron hacia donde yo estaba parado. Como no conocía el auto ni a las personas me pareció extraña la situación. Los dos se pararon muy cerca de mí. Ahí ví que uno de ellos tenía colgado en el cuello una identificación. Mi primera impresión fue que se trataba de alguna fuerza de seguridad pública, podría ser de la Policía. Esa persona me preguntó textualmente: “¿Vos estás con alguien?, ¿Por qué cerrás la puerta? A lo que le respondí que no estaba con nadie y que cerraba la puerta porque estaban los perros adentro”.
“Entrá a la casa, queremos hablar con vos”, fueron las palabras que pusieron sobre el cuello de Carlos la primera sensación de escalofrío. “Uno de ellos me tomó el brazo y ahí me di cuenta que algo no andaba bien y que mi tarea era resistirme, aunque no sabía por qué me estaba haciendo esto”.
La odisea: incertidumbre y miedo
Según narró la víctima tras sus gritos de auxilio, muchos vecinos salieron a ver qué pasaba y aunque todo fue muy rápido, fueron ellos quienes dieron aviso a la policía.
“Empecé a gritar y pedir socorro. Los dos hombres me agarraron y por la fuerza me obligaron a subir al vehículo. Subí a las rastras por el lado del conductor, yo en todo momento pedía auxilio a los gritos. Al subirme por la fuerza, uno de ellos sube conmigo, y cuando trato de trabar con mis pies el asiento del conductor para que éste no se suba, el que estaba conmigo grita “Metele un tiro, esta va enserio”.
Después de eso veo que el conductor saca del auto una pistola y me apunta diciéndome que me quedara quieto. Después me golpeó con el arma y veo que empieza sangrar mucho. Así lograron controlarme”, contó Carlos a NORTE.
Según consta en la denuncia la descripción de los sujetos que mantenía secuestrado a Carlos “El conductor era de estatura media, robusto, piel trigueña y estaba vestido de chomba blanca, mangas cortas, con cabellos cortes y tenía puesta una gorra” En el caso del acompañante “Era más alto que el primero, contextura normal, cutis clara. Estaba vestido con un buzo con cierre y capucha y también tenía puesta una gorra”. Respecto al arma la descripción que se detalla el damnificado recuerda que era una pistola, no un revolver y que por los conocimiento que tiene puede decir que era una 9mm.
El periplo continuó con golpes dentro de vehículo, luego de forzarlo a entrar. Allí, agacharon su cabeza y comenzó el recorrido por la ciudad.
“Yo jamás perdí la conciencia y le decía en todo momento por qué me hacían esto pero nadie me contestaba. Mientras circulábamos yo no podía ver nada, porque me hicieron agachar la cabeza y con las manos me agarraban el pelo; pero sí escuchaba cada palabra que decían. Por ejemplo que el de atrás le daba indicaciones al conductor. Le decía por dónde debía ir. En un momento yo le digo que me estaba asfixiando y me dejó levantar mi cabeza y ver hacia dónde nos dirigíamos”, contó Carlos.
“Pude ver que íbamos por avenida Castelli y de ahí el recorrido siguió en dirección a Barranqueras hasta la avenida España, giramos a la derecha y doscientos metros antes de Soberanía detuvieron el auto y ahí intentan colocarme precintos en los brazos y pie. Pero yo me resistí y como había movimiento en la zona, decidieron continuar el viaje. Nuevamente yo les pregunté por qué me hacían eso pero ellos no respondieron. Siguieron hasta llegar a Soberanía, doblaron a la izquierda hacia Vilelas. El viaje continuó hacia el fondo de Vilelas, hasta la estatua del pescador y ahí ingresamos unos siete u ocho kilómetros, más o menos es lo que yo calculo. Durante todo este recorrido yo le preguntaba por qué me hacían esto”, insistía Ovejero, quien además afirmó que les ofreció dinero para que lo suelten “pero ellos no me respondían. Solamente me contestaban que quería hablar conmigo”.
“Cuando te bajes, corré para el monte”
El momento de mayor tensión parecía llegar y Carlos sintió que pasaría lo peor. “En un momento, el que me llevaba atrás le indicó al conductor que pare y me dijo a mi textualmente: “Cuando te bajes, corré para el monte”, a lo que yo les respondí que no. Que no iba a bajarme y salir corriendo porque sabía que tenían un arma”.
“Tardaron bastante en bajarme porque yo me resistía constantemente. Forcejeamos mucho porque ambos intentaban colocarme precintos. Hasta que finalmente logran ponerme uno en la mano derecha y otro en la pierna derecha pero no pudieron cerrarlo. Recién ahí logran bajarme del auto y comenzó otra golpiza”.
“Las patadas y piñas fueron sobre todo mi cuerpo, en la cara, en el estómago, en las piernas, en todos lados. Uno de ellos me tomó el cuello y comenzó a asfixiarme, haciéndolo cada vez más fuerte, hasta que en un momento me doy por vencido y me desplomo al piso”, narró Carlos, sintiendo que estaba viviendo una pesadilla y que el final era cantado y lo peor, según confesó a este medio “sabía que iba a morir pero no sabía por qué”.
Con un nuevo respiro, Carlos contó que mientras estaba en el suelo vio que los dos hombres se fueron. “Me dejaron tirado en el descampado y se fueron”. Ni bien se fueron, Ovejero comenzó a caminar hacia el lado del asfalto, en busca de la urbanización para poder pedir ayuda. Todavía tratando de creer todo lo que le había pasado, Carlos continuó caminando.
“Mientras caminaba vi luces atrás que venía por la calle a los lejos, como tenía miedo me metí otra vez al monte, cuando pasaron continué caminando. Lo mismo hice con otro auto que pasó más tarde. Caminé al menos un hora y mientras lo hacía iba golpeando los portones de las casas que encontraba pero nadie respondía. Era muy tarde como la una o dos de la mañana. Seguí caminando hasta llegar a la estatua del Pescador, pero tampoco me atendieron. Seguí hasta que llegué a una fábrica donde finalmente me ayudaron los serenos”. Fueron ellos quienes llamaron a la policía. Tras tomarle las primeras declaraciones, se pidió el servicio de ambulancia, con la cual fue trasladado al hospital de Barranqueras.
En su declaración y frente a la pregunta si tiene algún problema con alguna persona, Ovejero atinó a afirmar que “supone que el problema vienen por mi departamento. Tengo un problema con una vecina, Demetria Miño. Con quien ya tuvimos varios cruces y hay muchas denuncias en la comisaría y en la Fiscalía por este tema”.
El problema con Miño es porque ella vive en juan D Dios Mena 424. Su casa y la de Ovejero corresponden a una gran propiedad subdivida. La dueña, Lucía González falleció hace unos años y desde ese entonces Miño pretende quedarse con toda la propiedad.
Respecto al accionar de las personas que actuaron como sicarios, Ovejero afirmó que “me llamó la atención la practicidad de cada movimiento. Me dio la impresión que conocían todo el procedimiento de este tipo de “aprietes”. Contaban con precintos, lo que me hizo dar cuenta que todo estaba premeditado. Actuaron de manera muy fría y por la forma que hablaban, la identificación que tenía uno de ellos colgada en el cuello, similar a una identificación policial se me hizo que eran personal de la policía”. También aseguró que “el auto con el que me trasladaban seguramente haya quedado rastros de sangre de él”. También afirmó que “reconocería a las personas que le hicieron esto si tuviera que hacer un reconocimiento fotográfico por “en varias ocasiones los miré de frente, a sus ojos.
Con información de
diarionorte
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