La ansiedad de la recta final
Domingo 11 de
Octubre 2015
En dos semanas, a partir de las nueve de la noche empezarán a conocerse los primeros cómputos electorales y, a medianoche, habrá datos suficientes del escrutinio provisorio como para conocer una tendencia respecto de quién gobernará la Argentina por los próximos cuatro años o si habrá que ir a un ballotage.

Así le dijo a este cronista Alejandro Tullio, a cargo de la Dirección Nacional Electoral. La larga jornada que comenzará a las ocho de la mañana cuando 32 millones de ciudadanos habilitados concurran a votar. Cerca de 100.000 efectivos de las tres fuerzas armadas y de las fuerzas de seguridad, federales y provinciales, estarán desplegados en todo el territorio para velar por la seguridad. El comando estará en el Estado Mayor Conjunto, con sede en el Ministerio de Defensa, y estarán en estrecho contacto con las autoridades electorales.
La previsión de por qué se conocerán los datos tan pronto se debe a dos factores. El primero es que quedan muchas menos listas que en las PASO de agosto. El segundo es que la Cámara Nacional Electoral se reunió con los apoderados de las seis fuerzas políticas que compiten el 25 de octubre y con distintas asociaciones civiles para evitar maniobras que pudieran ensuciar esta elección clave. Se unificaron los modelos de confección de las actas escrutinio de mesa, los telegramas y los certificados, de modo que se simplificará el conteo. Habrá presencia de los fiscales partidarios no solo en las mesas sino también en los 221 centros habilitados donde se escanearán los casi 100.000 telegramas que serán recibidos en el Centro Nacional de Operaciones Electorales del Correo Argentino, ubicado en Brandsen 2070 del barrio porteño de Barracas.
Al comienzo de la madrugada del lunes 26, con un porcentaje importante de mesas escrutadas, debería saberse si Daniel Scioli supera los 40 puntos y tiene más de 10 sobre Mauricio Macri o si, en cambio, por primera vez en 32 años de elecciones para presidente la ciudadanía votará en la segunda vuelta establecida para el 22 de noviembre.
Respecto de las condiciones meteorológicas, el pronóstico extendido a dos semanas –es decir, hasta el viernes 23- no presenta tormentas que pudieran incidir en la jornada electoral aunque sí lluvias en toda la franja cordillerana, de norte a sur. Si el clima ayuda, aquel 74% del padrón que votó en las PASO de agosto debería estirarse alrededor de seis puntos. Esto representa unas 2.000.000 de personas que no votaron. Se trata de una pequeña incógnita: no se sabe dónde hubieran ido esos votos en caso de haberse emitido. En concreto ¿hubieran modificado ese 8,6% de diferencia que Scioli obtuvo por encima de los tres candidatos de Cambiemos? Si se añade que las encuestas tienen un margen de error de entre el 2,5 y 4% (dependiendo de la muestra), debería pensarse que ni las PASO fueron una encuesta determinante ni tampoco las encuestas arrojan información suficiente como para saber qué pasará el 25 de octubre.
En la noche del domingo ¿cómo informarán los comandos de campaña y los medios de comunicación? ¿Transmitirán confianza en el acto electoral y el recuento de votos? ¿Alimentarán algunos la idea del fraude o querrán instalar el ballotage sin saber qué pasa en realidad? Conociendo el paño, es importante que funcione muy aceitado el recuento de votos y los zócalos de los canales marchen a un ritmo que evite las intrigas. Por las dudas, si por algún motivo –real o inventado- se pusieran en duda los resultados del escrutinio provisorio, está previsto un celoso cuidado de las urnas para no dejar dudas en el escrutinio definitivo. Las urnas serán cerradas con faja de seguridad en presencia de los fiscales y los camiones que las trasladan tendrán rastreadores satelitales.
El voto en blanco. La legislación argentina establece que, para tomar los porcentajes que indique si hay o no ballotage, se tienen en cuenta los llamados votos positivos. Es decir, que no se toman en cuenta los votos en blanco ni los anulados. Si el candidato A saca 40 votos; el B, 30, el C, 20; el D, 5; el E, 3; el F, 2 y hay tres votos en blanco y dos anulados, el porcentaje es 40, 30 y 20 para los tres primeros candidatos. Hay una maniobra destinada a que se sumen los votos en blanco, lo cual produciría una variación porcentual y el candidato A tendría 38,83% y, en consecuencia, no ganaría en primera vuelta. El tema fue instalado el pasado jueves por Carlos Pagni en La Nación: “¿Cómo debe contabilizarse el voto en blanco para las elecciones del próximo 25? La incógnita debería estar saldada. Pero la jurisprudencia ofrece una laguna. O, lo que es más interesante, posiciones encontradas. La cuestión es estratégica”.
Según Pagni, Cambiemos se presentaría en el juzgado de María Romilda Servini de Cubría y luego pediría un per saltum a la Corte. La pregunta merece una mirada política y otra legal. La política es: ¿se animarán a semejante desaguisado los seguidores de Macri cuando faltan dos semanas para votar? No caben dudas de que mostrarse temeroso de entrar en el ballotage es como un boxeador que pide que la pelea sea a ocho rounds en vez de diez. Sería tomado como una falta de confianza en sí mismo que puede transmitirla al resto. El ensayo de judicializar los comicios no prosperó en Tucumán. En cuanto a la mirada legal, el Código Nacional Electoral establece que los votos para evaluar porcentajes son los “afirmativos, válidamente emitidos”. El voto en blanco es válido pero no es afirmativo. En consecuencia, no hay ninguna laguna legal.
Brasil y el FMI. Esta misma semana, el Tribunal Superior Electoral (TSE) brasileño tomó una denuncia de Aecio Neves (quien perdió el ballotage con Dilma Rousseff) fundada en que la plata de la corrupción (affaire Lava jato) había financiado la campaña electoral. Neves dice que ganó gracias a un dinero mal habido, ergo el voto popular no existe sino que es una consecuencia de una publicidad mal financiada. Aunque parezca una interpretación golpista destinada al cesto de los papeles, llevó a que cinco de los siete miembros del TSE fallaran a favor de Neves. Ese fallo fue a la Cámara de Diputados y es otro eslabón de la cadena que puede terminar en el impechment (juicio político parlamentario). El TSE tomó esta decisión en el mismo momento que la titular del FMI, Christine Lagarde, planteaba que el problema de Brasil no es solo económico sino de gobernanza (governance, un término que en inglés es distinto al de gobernabilidad –gobernability- que se refiere a la eficiencia en el liderazgo y en la toma de decisiones. Un concepto del mundo empresarial privado trasladado a la política.
Lagarde se mete con esa mirada en asuntos domésticos de Brasil, para retomar la supervisión del FMI en las cuentas (artículo IV del acta constitutiva del organismo). Y la situación con la Argentina es más tensa, porque tras cancelar la deuda con el FMI, en septiembre de 2006 Néstor Kirchner decidió que se terminara con las auditorías del organismo. La operación no buscó una ventaja financiera sino un claro gesto político, tal como hiciese meses después el propio Lula. Esa cancelación anticipada permitió al país librarse de las recetas de ajuste a las que se obligaba con cada acuerdo de refinanciación. Desde 2007 a la fecha, hubo distintas presiones del FMI y el gobierno no aceptó sus auditorías.
Desde ya, eso no significa que el INDEC haya hecho bien su trabajo y que es preciso tener estadísticas confiables. Pero es una tarea que no requiere tutela de los poderes transnacionales. No puede caerse en la ingenuidad de que la necesidad de recomponer el crédito internacional puede hacerse al margen de la gran banca privada y de los organismos multilaterales de crédito, pero una cosa es darle confiabilidad a los inversores y otra olvidarse de la historia nefasta del FMI. Hay que mejorar la institucionalidad, los mecanismos de control y también se pueden contratar auditorías externas sin tomar las recetas de ajuste del FMI.
En Brasil, las presiones de la banca internacional y la Justicia como partido opositor son posibles por la crisis económica y la caída de popularidad de Dilma. En Argentina las cosas son diferentes. Sin embargo, el escenario de la región es complejo. En Venezuela, cuatro días antes de que asuma el nuevo presidente argentino se llevarán a cabo las elecciones parlamentarias. Es decir, el 10 de diciembre se sabrá cuál es el caudal político electoral del golpeado gobierno de Nicolás Maduro. Venezuela – Brasil – Argentina fue un eje político asociado a tres figuras claves (Hugo Chávez – Lula - Néstor Kirchner). Quienes tienen una visión geopolítica alineada con los centros de poder internacional ansían ver cambios de signo político en los tres países. Por el contrario, muchos creen que es posible enmendar errores, corregir rumbos y profundizar la participación popular en América latina y que la experiencia de estos últimos años es muy rica para seguir en esa dirección.
Con información de
Tiempo Argentino

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