Yemen: la guerra "ignorada" en el país más pobre de la península arábiga

Viernes 13 de Mayo 2016

Hace poco más de un año, una coalición de países con Arabia Saudita a la cabeza e indisimulado apoyo militar de Gran Bretaña lanzó una feroz ofensiva contra Yemen -llamada "operación tormenta decisiva"- en una clara intromisión en sus asuntos internos que desató una tragedia humanitaria de proporciones.
 

 
Los datos de la ONU y de organizaciones humanitarias son concluyentes: en un país que debe importar el 90% de sus insumos básicos, por culpa del bloqueo comercial saudita cerca del 80% de su población total de 21 millones de habitantes necesita ayuda humanitaria.Y pese a que las Naciones Unidas decretaron un cese de hostilidades el pasado 10 de abril, nada ha cambiado.
 
El silencio cómplice de las potencias permite que este país, uno de los primeros que se levantó en el marco de la llamada "primavera árabe", esté siendo aplastado hasta límites insospechados.
 
Según Unicef, ya murieron al menos 10.000 personas, entre ellos más de 600 niños y sufren distintas violaciones a los derechos humanos 43 personas por día.
 
Según la ONU, más de 10 chicos mueren por día y el 73% de esas muertes son consecuencia de los bombardeos aéreos saudita-británicos contra objetivos civiles como hospitales, campo de refugiados, mercados, escuelas y puertos, entre otros.
 
La génesis del conflicto hay que buscarla cinco años atrás, cuando con la llamada "primavera árabe" estallaron protestas populares que acabaron con el derrocamiento del presidente Alí Abdullah Saleh, quien dejó el gobierno en manos de su vice, Abdo Rabbo Mansur Hadi.
 
Ya en el poder, Hadi optó por apoyarse en el reinado saudita -de la rama musulmán sunnita- lo que empujó a los huties (conocidos también como Movimiento Ansarolá y pertenecientes a la rama musulmana chiita) a realizar una alianza político-militar con el destituido Saleh y retomar la capital Sanaá.
 
Hadi debió huir a la ciudad de Aden y así quedaron configurados dos gobiernos yemenitas y tres regiones claramente diferenciadas y enfrentadas en todo el país.
 
Una impulsada por Arabia Saudita y las monarquías sunnitas de la región (Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Bahréin, Egipto, Marruecos, Jordania, Sudán, Senegal y Malasia), así como el apoyo externo de Gran Bretaña y el visto bueno de EEUU.
La segunda región, con la capital Sanaá a la cabeza, está en poder de los huties y de Saleh y la tercera, ubicada en la frontera Este, con sectores en manos de los yihadistas de Al Qaeda en la Península Arábiga (AQAP).
 
El mediador de la ONU para Yemen, Ismail Uld Sheij Ahmed, sigue sosteniendo que la paz "es posible", aunque para eso "todas las partes deben hacer concesiones". Esperanza que en la práctica, hasta el momento, se vio desvanecida, pese a que la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) advirtió en diciembre pasado que el país estaba "al borde de una crisis humanitaria y millones de personas corren riesgo de morir de hambre".
 
Y a que en un tono muy "diplomático" el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, dijo que según el Derecho Internacional lo de Arabia Saudita "es un crimen de guerra", todos miran a otro lado. Y silencian.
 
¿Por qué la comunidad internacional mira hacia otro lado? Es interesante, en este sentido, el análisis de Van del Klaauw, funcionario de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR): "Yemen ya era un país olvidado, pero su actual crisis humanitaria no recibe la atención que merece porque los yemeníes no están migrando hacia Europa".
 
"Es claro que la comunidad internacional y en particular Europa, está movilizando más apoyo para los sirios e iraquíes porque están llegando en masa a sus costas. Si los yemeníes estuvieran haciendo lo mismo, habría más atención a la crisis de Yemen", sostuvo el funcionario.
 
En las causas del conflicto, la lectura más lineal es atribuirlas a las diferencias entre sunnitas (Arabia Saudita y aliados) y chiitas (huties), ya que los primeros acusan a Irán de querer inmiscuirse en el pequeño pero estratégico país de la Península Arábiga como en Siria, Irak y Líbano.
 
Sin embargo, hay razones mucho más profundas y como siempre, en esas petromonarquías, el oro negro es parte central de los acuerdos y conflictos. Aquí es interesante la opinión del miliar y asesor de la OTAN, Anthony Cordesman, del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington:
 
"El territorio y las islas de Yemen desempeñan un papel clave en la seguridad de otro lugar de paso obligado global en el extremo sudeste del Mar Rojo, llamado Bab el- Mandeb o Puerta de las Lágrimas", explicó Cordesman en un diálogo con el experto en seguridad internacional Nafeez Ahmed.
 
"El Estrecho de Bab el-Mandeb -continúa el asesor de la OTAN- es un lugar de paso obligado entre el Cuerno de África y Medio Oriente y es un enlace estratégico entre el Mar Mediterráneo y el Océano Índico".
 
Por allí circulan la mayoría de las exportaciones desde el Golfo Pérsico que pasan por el Canal de Suez y el oleoducto Suez-Mediterráneo (SUMED) y "cualquier presencia hostil marítima o aérea en Yemen podría amenazar todo el tráfico en el Canal de Suez", precisa Cordesman.
 
Por tal razón, el sueño de Arabia Saudita es la construcción de un oleoducto en Yemen que pase por la provincia de Hadramawt y llegue al puerto del Golfo de Aden, evitando así el Golfo Pérsico y el Estrecho de Ormuz que Irán, al tener su control, podría cerrarlo temporalmente en caso de conflicto generando una crisis económica mundial.
 
Uno de los presidentes yemíes, Hadi, apoya el proyecto. El otro, Saleh, siempre se opuso y ahí hay que buscar la razón principal de la ofensiva militar saudita. Ofensiva militar que nunca rozó la provincia de Hadramawt, por donde pasaría el oleoducto que sus autoridades apoyan fervientemente.
Con información de telam

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