ENTREVISTA AL RECTOR DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL ARTURO JAURETCHE, ERNESTO VILLANUEVA, LUEGO DE LA MARCHA DEL JUEVES
“El mundo universitario se sintió agredido”
Domingo 15 de
Mayo 2016
El responsable de la institución educativa de Florencio Varela desmintió al ministro Bullrich, quien dijo que se intenta instalar un clima de crisis. Aseguró que les adeudan 31 millones de pesos y advirtió que “se dan clases como el mínimo indispensable”.
La Universidad Nacional Arturo Jauretche, ubicada en Florencio Varela, pasó de 3000 a 9000 inscriptos por año desde su creación en 2010. El 87 por ciento de los ingresantes son los primeros miembros de sus familias que llegan a la universidad. Desde diciembre, sin embargo, no recibe un peso para gastos operativos. El propio Ministerio de Educación admite órdenes de pago pendientes por 31 millones de pesos. “No me guío por las palabras (de los funcionarios) sino por las propias cifras”, dice su rector Ernesto Villanueva, que marchó el jueves junto a miles de docentes y estudiantes. “El mundo universitario sintió que estaba siendo agredido, por eso esta reacción tan masiva, tan fuerte”, observa.
–¿Cuál es la situación presupuestaria de la Jauretche?
–Sencilla: la universidad recibe fondos del gobierno puntualmente para los sueldos y desde diciembre no recibe un centavo para gastos operativos, desde pagar la luz hasta comprar libros.
–¿Se dejaron de pagar servicios?
–Hasta le fecha no porque tuvimos un refuerzo presupuestario a fin del año pasado, pero ya no tenemos ninguna capacidad. Se suspendieron pagos a profesores, compras de papeles, para laboratorios, desde invitar alguien de afuera o pagar un remís de Capital. No tenemos fondos para becas, ni comedor, se dan clases como el mínimo indispensable.
–El ministro Bullrich dijo que se quiere instalar un clima de crisis.
–No lo escuché pero hace unos diez días le envié las cifras de nuestra universidad, inclusive le pedí que pusiera un contador y verificara que no es exageración. No me guío por las palabras sino por las cifras del Ministerio sobre deudas exigibles. En su web, en la parte referida al presupuesto universitario, se dan cifras de órdenes de pago que emite. En la Jauretche hay, según el Ministerio, unos 31 millones de pesos que no se han pagado, no todo imputable a este gobierno, algunas deudas se arrastran de 2015. Eso implica alrededor del 12 por ciento del presupuesto. Hacemos hincapié en los gastos operativos porque se le entregaron a todas las universidades en enero, febrero, creo que también marzo, pero a la Jauretche y a otras cinco más no se les han dado fondos.
–¿Es una discriminación a las universidades del conurbano?
–Hay algo misterioso, no es un tema económico. En febrero nos tendrían que haber enviado una cifra irrisoria, 330 mil pesos, y no los mandaron. En la página del Ministerio figura la orden de pago.
–La semana pasada Macri anunció la entrega de 500 millones a las universidades para afrontar “el sinceramiento de tarifas” y el miércoles Bullrich reivindicó ese “aporte” pero no dijo cómo se va a repartir. Como rectores ¿recibieron algún tipo de explicación?
–No. El martes tenemos reunión de comité ejecutivo del CIN (Consejo Interuniversitario Nacional), quizá el presidente tenga alguna novedad.
–Después de aquel anuncio varios rectores dejaron en claro que era un aporte mínimo. ¿Cuánto implica en la práctica?
–Equivale al 1 por ciento del presupuesto de la universidad pero si lo comparamos con lo que son los gastos operativos es bastante más, debe ser entre un 6 y un 10 por ciento.
–Macri cuestionó cuando era candidato que había “universidades por todos lados”, “basta de esta locura”, dijo…
–Hay un tema sencillo. La Argentina tiene buena cobertura universitaria, después de Cuba debe ser el país con más universitarios de América Latina, pero comparado con otros países está muy atrás. Cualquier país que pretenda crecer y mejorar su distribución del ingreso tiene que apostar por la educación en todos los niveles. Argentina tempranamente tuvo universidad para clases medias, ahora merece dar un paso más, universidades a las cuales puedan llegar sectores medios bajos o populares, paso que se ha estado dando en los últimos tiempos. Es una apuesta estratégica para nuestra Nación.
–¿Cómo fue la incidencia de la Jauretche en Florencio Varela?
–Nuestra zona de influencia abarca también Berazategui, el sur de Quilmes y este año tuvimos incluso estudiantes de Almirante Brown. Es un área de un millón de habitantes en la que no había ninguna institución de educación superior pública, la demanda era muy importante. En el primer año se inscribieron 3000 alumnos y ahora estamos en 9000 por año. La incidencia es muy fuerte, toda una juventud que antes no accedía a la educación superior ahora tiene esa oportunidad. El 87 por ciento de los ingresantes son los primeros miembros de su familia que concurren a la universidad.
–¿Qué escenario imagina tras la última movilización?
–Que se perciba que hay una defensa de la universidad pública es muy importante. El mundo universitario se sintió agredido, por eso esta reacción tan masiva, tan fuerte. Siento que detrás de todas estas pujas sobre paritarias, gastos operativos, infraestructura o boleto estudiantil hay una discusión mayor que sintetizo como relación ingreso/egreso. La Argentina tiene un egreso pobre en relación al ingreso aunque ha mejorado mucho: en los últimos años se incrementó la cantidad de ingresantes en un 30 por ciento y la de egresados en un 60. Frente a esto hay dos actitudes posibles: trabajar para que haya más egresados o para que haya menos ingresantes. La segunda opción la asimilo al señor que como los zapatos le quedan chicos se corta los pies. El país necesita más formación, más patentes, más innovación tecnológica, no simplemente decir “como las cifras no son buenas disminuyamos el denominador ingresantes”. Esta discusión sobre hacia dónde queremos ir ha sido muy visible en los primeros meses: el gobierno le pagó a los fondos buitres más de tres años de presupuesto universitario y en el área educativa los medios hegemónicos empezaron a decir que las universidades no servían, que eran para vagos, que los egresados son malos, en lugar de esforzarse para que todo sea mejor. Creo que la discusión está planteada y la movilización del jueves me impactó porque había hasta funcionarios del Ministerio. El tema es apostar por un camino u otro: nos compramos zapatos nuevos o nos achicamos los pies. Debe ser una de las grandes discusiones nuevas: cómo reformamos las universidades, no cómo las atacamos; cómo logramos mejor calidad, cómo organizarlas para tener más egresados, como debe ser la relación grados-postgrados, la duración de las carreras. Los gastos operativos son un prerrequisito pero ni de casualidad implican discutir la función de la universidad. Argentina se merece discutir esas cosas y si hay mejores aportes, bienvenidos. Pero hasta ahora lo que he visto son más ataques superficiales que análisis serios sobre cómo mejorar la universidad.
–¿Cuál es la situación presupuestaria de la Jauretche?
–Sencilla: la universidad recibe fondos del gobierno puntualmente para los sueldos y desde diciembre no recibe un centavo para gastos operativos, desde pagar la luz hasta comprar libros.
–¿Se dejaron de pagar servicios?
–Hasta le fecha no porque tuvimos un refuerzo presupuestario a fin del año pasado, pero ya no tenemos ninguna capacidad. Se suspendieron pagos a profesores, compras de papeles, para laboratorios, desde invitar alguien de afuera o pagar un remís de Capital. No tenemos fondos para becas, ni comedor, se dan clases como el mínimo indispensable.
–El ministro Bullrich dijo que se quiere instalar un clima de crisis.
–No lo escuché pero hace unos diez días le envié las cifras de nuestra universidad, inclusive le pedí que pusiera un contador y verificara que no es exageración. No me guío por las palabras sino por las cifras del Ministerio sobre deudas exigibles. En su web, en la parte referida al presupuesto universitario, se dan cifras de órdenes de pago que emite. En la Jauretche hay, según el Ministerio, unos 31 millones de pesos que no se han pagado, no todo imputable a este gobierno, algunas deudas se arrastran de 2015. Eso implica alrededor del 12 por ciento del presupuesto. Hacemos hincapié en los gastos operativos porque se le entregaron a todas las universidades en enero, febrero, creo que también marzo, pero a la Jauretche y a otras cinco más no se les han dado fondos.
–¿Es una discriminación a las universidades del conurbano?
–Hay algo misterioso, no es un tema económico. En febrero nos tendrían que haber enviado una cifra irrisoria, 330 mil pesos, y no los mandaron. En la página del Ministerio figura la orden de pago.
–La semana pasada Macri anunció la entrega de 500 millones a las universidades para afrontar “el sinceramiento de tarifas” y el miércoles Bullrich reivindicó ese “aporte” pero no dijo cómo se va a repartir. Como rectores ¿recibieron algún tipo de explicación?
–No. El martes tenemos reunión de comité ejecutivo del CIN (Consejo Interuniversitario Nacional), quizá el presidente tenga alguna novedad.
–Después de aquel anuncio varios rectores dejaron en claro que era un aporte mínimo. ¿Cuánto implica en la práctica?
–Equivale al 1 por ciento del presupuesto de la universidad pero si lo comparamos con lo que son los gastos operativos es bastante más, debe ser entre un 6 y un 10 por ciento.
–Macri cuestionó cuando era candidato que había “universidades por todos lados”, “basta de esta locura”, dijo…
–Hay un tema sencillo. La Argentina tiene buena cobertura universitaria, después de Cuba debe ser el país con más universitarios de América Latina, pero comparado con otros países está muy atrás. Cualquier país que pretenda crecer y mejorar su distribución del ingreso tiene que apostar por la educación en todos los niveles. Argentina tempranamente tuvo universidad para clases medias, ahora merece dar un paso más, universidades a las cuales puedan llegar sectores medios bajos o populares, paso que se ha estado dando en los últimos tiempos. Es una apuesta estratégica para nuestra Nación.
–¿Cómo fue la incidencia de la Jauretche en Florencio Varela?
–Nuestra zona de influencia abarca también Berazategui, el sur de Quilmes y este año tuvimos incluso estudiantes de Almirante Brown. Es un área de un millón de habitantes en la que no había ninguna institución de educación superior pública, la demanda era muy importante. En el primer año se inscribieron 3000 alumnos y ahora estamos en 9000 por año. La incidencia es muy fuerte, toda una juventud que antes no accedía a la educación superior ahora tiene esa oportunidad. El 87 por ciento de los ingresantes son los primeros miembros de su familia que concurren a la universidad.
–¿Qué escenario imagina tras la última movilización?
–Que se perciba que hay una defensa de la universidad pública es muy importante. El mundo universitario se sintió agredido, por eso esta reacción tan masiva, tan fuerte. Siento que detrás de todas estas pujas sobre paritarias, gastos operativos, infraestructura o boleto estudiantil hay una discusión mayor que sintetizo como relación ingreso/egreso. La Argentina tiene un egreso pobre en relación al ingreso aunque ha mejorado mucho: en los últimos años se incrementó la cantidad de ingresantes en un 30 por ciento y la de egresados en un 60. Frente a esto hay dos actitudes posibles: trabajar para que haya más egresados o para que haya menos ingresantes. La segunda opción la asimilo al señor que como los zapatos le quedan chicos se corta los pies. El país necesita más formación, más patentes, más innovación tecnológica, no simplemente decir “como las cifras no son buenas disminuyamos el denominador ingresantes”. Esta discusión sobre hacia dónde queremos ir ha sido muy visible en los primeros meses: el gobierno le pagó a los fondos buitres más de tres años de presupuesto universitario y en el área educativa los medios hegemónicos empezaron a decir que las universidades no servían, que eran para vagos, que los egresados son malos, en lugar de esforzarse para que todo sea mejor. Creo que la discusión está planteada y la movilización del jueves me impactó porque había hasta funcionarios del Ministerio. El tema es apostar por un camino u otro: nos compramos zapatos nuevos o nos achicamos los pies. Debe ser una de las grandes discusiones nuevas: cómo reformamos las universidades, no cómo las atacamos; cómo logramos mejor calidad, cómo organizarlas para tener más egresados, como debe ser la relación grados-postgrados, la duración de las carreras. Los gastos operativos son un prerrequisito pero ni de casualidad implican discutir la función de la universidad. Argentina se merece discutir esas cosas y si hay mejores aportes, bienvenidos. Pero hasta ahora lo que he visto son más ataques superficiales que análisis serios sobre cómo mejorar la universidad.
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