La política exterior, el inesperado talón de Aquiles de Macri

Por: Fabián Doman
Domingo 20 de Noviembre 2016
El gobierno nacional ha dado una serie de pasos en falso en un ámbito en el que se lo creía fuerte. El problema de pensar el mundo con mentalidad local
El gobierno nacional ha dado una serie de pasos en falso en un ámbito en el que se lo creía fuerte. El problema de pensar el mundo con mentalidad local

Paradójico el gobierno de Mauricio Macri: se presumía que sería fuerte en Economía y en Política Exterior y débil en el frente interno. Pero sucedió todo lo contrario. Su mayor fortaleza la ha logrado en sus relaciones con el Congreso, los sindicatos y el tablero político. A la carencia de buenos resultados económicos -su mayor déficit-, ahora se le agrega una imprevista contrariedad, las relaciones internacionales.
El Gobierno comenzó con todo en ese campo. La visita de Barack Obama en otoño fue uno de los puntos más altos. Desde que Macri es Presidente han visitado el país 25 jefes de Estado y Gobierno. En reuniones, encuentros y diálogos telefónicos, el gobierno de Cambiemos tuvo más relaciones en 11 meses que los Kirchner en 12 años.
 
Macri tiene en claro lo que quiere, acertó con la Canciller, Susana Malcorra, una mujer con experiencia en el poder internacional y pasado empresario exitoso. Y hasta el peronismo y el resto de la oposición lo aplaudió por la estrategia de hacer volver a la Argentina al mundo.
Sin embargo, mantiene un error conceptual que el país arrastra de la era K: manejar la política exterior con un registro local, cuando el mundo tiene reglas internacionales propias, que por alguna razón todos los países -salvo los malos de la clase, como Corea del Norte, Irán o Venezuela etc.- siguen. Cuando se piensa la política exterior en términos de obtener un inmediato redito interno aparecen los yerros. Ejemplos sobran.
 
De hecho, hubo dos en las últimas 48 horas. Visito el país el Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau. La razón de su estadía en Buenos Aires no fue ningún secreto: mantener con vida el negocio de la minería con la Barrick Gold en San Juan. El gobierno intentó exhibir su presencia como el ejemplo de un joven dirigente -tiene 44 años- con coincidencias con Macri en la nueva manera de hacer política y de manejar el gobierno.
 
En la conferencia de prensa conjunta, el Presidente argentino arrancó tuteándolo como si se tratara de un encuentro entre jóvenes adultos de PRO. Todo parecía marchar sobre rieles, hasta que sucedió lo obvio, no lo inesperado. Trudeau planteó sin reparos ni prólogo alguno la problemática sobre la detención de Milagro Sala. A dos metros de Macri, dijo "hemos hablado de esto con el Presidente y de la importancia de la transparencia, la apertura y la importancia del Estado de Derecho (…). Vamos a compartir una respuesta formal a través de Naciones Unidas y tengo confianza absoluta de que vamos a tratar el tema en forma responsable, abierta y que cumpla con el Estado de Derecho". ¿Sabía el gobierno argentino de la presión canadiense por Sala? Sobre esto volveremos.
 
En el diario La Nación -un día antes- se publicó una información sostenida en "tres calificadas fuentes de la Casa Rosada". Ese periódico no necesita que este cronista aclare que resulta bastante inverosímil que se tome el trabajo de inventar la noticia, como así también los varios entrecomillados que pueden leerse, pero lo aclaramos, en virtud de que un funcionario consultado le echó la culpa al propio diario por la publicación.
 
Allí se dice que "Macri no prevé concurrir a la asunción presidencial de Trump", en razón de que "el jefe de Estado prefiere esperar algunos gestos y promesas cumplidas que el propio Presidente electo norteamericano extendió a Macri el lunes pasado".
 
El artículo tiene frases como, "hasta hoy no vemos conveniente que Macri participe de la asunción de Trump", atribuyéndosela a un estrecho funcionario del Presidente que la dijo en forma "tajante" o que para los funcionarios argentinos Macri y Trump hablaron el lunes por una "llamada de Trump", olvidándose de la urgencia que se apoderó del Gobierno la semana pasada buscando por la vía que sea -el hijo de Trump con Malcorra- una comunicación.
 
Lo mejor llega al final, cuando los funcionarios explican que lo más conveniente es que a la asunción concurra la vicepresidente Gabriela Michetti. El artículo generó un revuelo interno en el Gobierno. El Presidente -consultado por este periodista- confirmó que efectivamente no viajaría. Altísimas fuentes de Cancillería estaban el jueves por la mañana azoradas por la información, mientras que al mediodía alrededor de Marcos Peña negaban todo. Inclusive Fulvio Pompeo, sindicado como el autor de la boutade, explicó a Infobae que él nada que tenía que ver.
¿Qué pasó o cuál sería el papelón? Varios. Veamos:
 
-La ceremonia de asunción de los Presidentes de Estados Unidos es local. Sólo para ellos. No invitan a Presidentes extranjeros. Los embajadores en Washington participan de los varios actos del día de la asunción -generalmente frío y con nieve- en un plano secundario. En una oportunidad, un ex Presidente, Carlos Menem, participó, pero en uno de los tantos bailes de gala que se organizan durante la jornada, al cual accedió pagando un ticket -los bailes son para los donantes de la campaña que llevó al candidato a la Casa Blanca- y esperando una foto con George W. Bush en el 2001. Menem no la pasó del todo bien: estuvo varias horas parado y tan sólo logro cenar un par de sándwiches de miga, aportados por amigos que lo acompañaban.
 
-Por lo tanto, Mauricio Macri no estaba, ni estuvo, ni estará invitado como tampoco otro Jefe de Estado.
 
-Mandar el mensaje de que irá Michetti, es una típica respuesta con mente de cabotaje aplicada al plano internacional. ¿Alguien conoce algún país de la tierra -salvo los siempre mencionados como Cuba, ¿Corea del Norte, ¿Irán, Venezuela etc.- que envié a un vicepresidente en respuesta a una invitación -si es que la hubiere, que en este caso encima no la hay- de la Casa Blanca?
 
-Explicar que a Macri no le conviene la foto con Trump es otro registro local para analizar el mundo.
 
-Finalmente toda la contradicción de un Gobierno que pasó una semana desesperado por una conversación telefónica con Trump a negarlo tres días después.
 
El caso Milagro Sala expone de manera brutal el divorcio entre Argentina y el mundo. Como en el país todo es leído en tono negativo y conspirador, este periodista debe aclarar que no comparte los actos, proselitismo y actividades de Sala y cree que una investigación judicial seria y responsable podrá confirmar los delitos e irregularidades de la dirigente social en la distribución de recursos del Estado. Sin embargo, Milagro Sala fue detenida originalmente en forma irregular.
 
El propio Ernesto Sanz, tan radical como Gerardo Morales reconoció públicamente en un reportaje  que Sala estuvo mal detenida por tres días. El argumento radical es que si Sala no era detenida en forma inmediata -la dirigente social estaba liderando un acampe en la plaza central de San Salvador-, peligraba la gobernabilidad para la flamante administración de Morales. Pero al mundo la gobernabilidad de Morales no le importa mucho. Sí le importa la legalidad y, como dijo Trudeau, el Estado de Derecho. De nada sirve explicarle a la Comisión de Trabajo de la ONU que Sala es Kirchnerista, de que habría serias pruebas de que se quedó con dinero público y que hacía política con plata del Estado.
 
Pero esa lógica es inentendible en la agrietada Argentina. Demasiado sutil. Para los anti K Sala debe estar detenida y dudar de la legalidad de la medida es ser soldado de Cristina. Para el mundo, el gobierno argentino debe tomar una posición clara al respecto. Macri, hasta ahora, maneja el tema de acuerdo a las necesidades locales.
 
Un alto funcionario del gobierno explicaba que la detención de Sala era fundamental para desarmar a la oposición kirchnerista en Jujuy y permitir la victoria electoral en las legislativas del año que viene. ¿La Casa Rosada va a poner en peligro la victoria en Jujuy? Jamás.
 
Sin embargo, el caso Sala ya no es una queja reducida a Venezuela o Cuba. Hace meses que varios gobiernos extranjeros plantean el tema. De hecho, lo ha explicado el consultor Sergio Berenztein, en la Convención Demócrata de Filadelfia, donde fue nominada la amada Hillary Clinton, se les preguntaba recurrentemente a los argentinos por la situación de Sala. Síntesis: lo de Trudeau no fue casual ni aislado.
 
El increíble apoyo público de Macri a Hillary es otro ejemplo de pensar el mundo con mentalidad local. Se cometieron tres errores:
 
-Nunca un Gobierno debe inmiscuirse en la política interna de otro. Esto no lo inauguraron Lula y Kirchner mutuamente. Impensable que lo hiciera Macri, pero lo hizo.
 
-El apoyo a Hillary no hubiera representado ninguna ventaja especial para el país en caso de que la demócrata hubiera llegado a la Casa Blanca. ¿Entre el lobby de los productores de cítricos de Florida y California y el pedido de Macri por la exportación de 20 millones de dólares de limones argentinos, por quien se hubiera inclinado la flamante Presidente?
 
-La decisión de quedar junto a Hillary no fue por convicciones sino por conveniencia. En las encuestas locales, Hillary -como en el resto normal del mundo- daba mucho mejor que Trump. Algún iluminado de los focos group de la comunicación del Gobierno creyó que aparecer con Hillary ayudaría a la imagen local del Presidente y lo mostraría distante de un candidato de derecha como Trump.
 
Otro defecto, bien argentino, es transformar las relaciones exteriores en una ristra de photos-opportunity. En Washington se utiliza ese término para describir a los buscadores de imagen.
 
En EE.UU., con paciencia, contactos y un oportuno aporte electoral en una escena, cualquiera puede tener una colección de fotos con George Bush (padre), Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama y por el mismo precio, Laura Bush, Hillary Clinton y Michelle Obama. Creer que eso significa tener relaciones políticas con EE.UU. es ridículo. Pero muchos políticos y empresarios argentinos piensan que sí.
 
El gran inaugurador de las fotos de circunstancia internacionales fue Daniel Scioli en los noventa. El espíritu se mantiene intacto.
Muchos funcionarios se sorprenderán a leer esta nota y varias otras críticas de la política exterior. El principal argumento con el que sostienen que "las cosas se han hecho bien" es que no hay lugar en las vitrinas y despachos oficiales para ubicar todas las fotos que se sacó Macri -y ellos- desde diciembre hasta aquí con líderes mundiales.
 
Cuando se les pregunta de que se habló en las reuniones que dieron lugar a esas imágenes y cuál fue el "follow up" de las visitas, aparecen las generalidades. No se trata del reclamo ingenuo e injusto de que en ninguna visita se anuncian inversiones. Sino del contenido de las relaciones exteriores, que no pueden estar sostenidas en imágenes.
 
Sorprende la doble vía entre los estándares internacionales y la búsqueda de inversiones. La gran novedad de las últimas dos décadas es que han cambiado los paradigmas. Ya no se apoya con inversiones a dictaduras o gobiernos ilegítimos. Los países receptores de inversiones a nivel global comparten ideología, instituciones y miradas sobre la historia, los derechos humanos, el comercio y la economía. Así como Estados Unidos y Europa tuvieron que aceptar la lentitud China para encarar reformas, los chinos han dado un giro en los últimos 30 años en economía impensable en la era Mao.
 
Sin embargo, el Gobierno no parece registrar la coherencia entre aquellas reglas y la llegada de las inversiones. Llama la atención teniendo en cuenta que lo integran hombres con formación internacional como Prat Gay o Sturzenegger o la mismísima Malcorra. ¿No los escucharán?
 
"Por momentos al Gobierno parece faltarle información de lo que pasa fuera del país. Hay definiciones y actitudes que hablan de un gobierno desinformado de lo que pasa más allá de la frontera. Todo lo contrario a lo que pasa con Itamaraty (Brasil) o Chile. Se acierta en las declaraciones generales, hay un muy positivo cambio de discurso, se ha mejorado 180 grados con respecto a los Kirchner, pero falta sustancia. "Si a las fotos no se les da contenido, no sirven", le explicaba el viernes a este periodista un diplomático ya retirado con larga experiencia en la cancillería local.
 
Muy lejos han quedado las épocas en las que Arturo Frondizi tenía diálogo directo con John F. Kennedy y era un actor central en la relación del mundo con la flamante Cuba de Fidel Castro y el Che Guevara.
 
O el enorme esfuerzo que hizo el entonces canciller argentino, Carlos Saavedra Lamas, por lograr la paz entre Paraguay y Bolivia en la guerra del Chaco Paraguayo y que le valió el Premio Nobel de la Paz en 1936.
 
Saavedra Lamas fue el creador de un Pacto Antibélico que suscribieron más de 20 naciones y que resultó el fin de un conflicto en el que murieron casi 100.000 nacionales de Bolivia y Paraguay. Frondizi y Saavedra Lamas no estaban preocupados por las fotos. Hacían política. Política exterior.
Con información de INFOBAE - NOTA22.COM

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