Santa Fe
Detectan falta de motivación y disminución del deseo sexual en parejas jóvenes de Rosario
Viernes 14 de
Junio 2013 - 13:50

Lo vinculan a la desmotivación producto de una educación sexual deficiente. El tema se abordará hoy en el Congreso Argentino de Sexología
Lo vinculan a la desmotivación producto de una educación sexual deficiente. El tema se abordará hoy en el Congreso Argentino de Sexología
Savoini es psicóloga, sexóloga clínica, docente de las facultades de Psicología y Medicina de la UNR y miembro de la Asociación Rosarina de Educación Sexual, la entidad que organiza el congreso que arranca hoy en el centro cultural Fontanarrosa. Su disertación será sobre "disfunciones sexuales primarias que aparecen como motivo de consulta clínica", una investigación que realizó en base a casos que llevan a su consultorio pacientes de Rosario y la zona.
Tras depurar las disfunciones secundarias, ligadas a enfermedades, detectó que el 50 por ciento de las consultas eran por eyaculación precoz, el 10 por ciento por vaginismo y el 40 por ciento por disminución del deseo en parejas heterosexuales. Sobre todo en la franja de los 20 a 25 años. En este grupo encontró datos para una nueva indagación científica, al punto que acuñó un término: "Factor Inédito Progresivamente Desmotivante en las parejas (FIPD)". Lo atribuyó a la "frustración ante el no cumplimiento del supuesto orgasmo vaginal", cuya inexistencia no se cansa de remarcar. Aquí, un adelanto.
—¿Qué tenían esos casos en común?
— El deseo sexual inhibido tenía que ver con un círculo vicioso instalado en la pareja a partir del no cumplimiento de la expectativa del orgasmo "vaginal" a través del coito. Es insólito que siga vigente esa creencia, cuando el órgano sensible es el clítoris y la estructura eréctil que envuelve a la vagina. En la mayor parte de las mujeres es necesaria una estimulación directa o indirecta del clítoris, pero las parejas esperan que la mujer alcance el orgasmo sólo con penetración y esto no pasa. Cuando les explico que fisiológica y neurológicamente lo que transmite el impulso del orgasmo es el clítoris, la pareja se sorprende. Para la mujer es un tremendo alivio. Pero aparece una gran resistencia de los varones, que creen que todo pasa como en las películas. El cine porno está pensado para el varón, pero es ficción.
—La mujer queda en falta frente al mito, sin embargo la caída del deseo es mutua, incluye al varón. ¿Por qué?
—Cuando se empieza a hablar del placer femenino, junto con otros cambios socioculturales de la década del sesenta, el varón pasó a tener la responsabilidad de darle el orgasmo a la mujer. Este factor desmotivante tiene que ver con la decepción del varón al no lograr que la mujer goce con su desempeño. Entonces empieza a espaciarse el encuentro, el acto sexual deja de ligarse al placer y ya no tiene sentido. Esto no es algo que deba hacer el varón o la mujer: cada quien es responsable de su propio placer, de expresar lo que siente y guiar a su pareja.
—¿Por qué creó un nombre para estos casos?
—En 1905 Freud plantea que para madurar la mujer debe cambiar de la zona erógena del clítoris a la vagina. De allí surge una versión entre comillas científica de un orgasmo vaginal. Eso sigue teniendo vigencia, pese a que en 1953 se demostró que el orgasmo es uno solo. Este mito se refuerza con las películas y con la ficción de las mujeres que fingen para no sentirse menos. Con un poco de humor, hablo de factor inédito porque realmente subleva que desde 1905 a 2013 no hayamos avanzado nada. Mi neologismo intentó nominar el impacto en el vínculo y que no quede dentro del algoritmo diagnóstico como trastornos del orgasmo. Decidí correr el eje de la disfunción orgásmica de la mujer y nombrar esto que les ocurre a los dos miembros de la pareja.
—¿Estos casos revelan la falta de educación sexual plena?
—El cierre de mi presentación apunta a conminar a los educadores sexuales a trabajar sobre estos temas. La educación sexual, aunque esté la ley, es una materia pendiente. En las escuelas que intentan implementar un programa, la depositaria es la docente de biología. Tiene la mejor voluntad pero no son sexólogos. No hay sexólogos ni siquiera en el diseño de la ley de educación sexual. Entonces del placer sexual no se habla. En los medios hay mucho sexo, pero tomado a risa: escenas eróticas, mujeres desnudas, chistes. Pero es tabú para la sociedad hoy hablar de placer. La sexualidad sigue ligada a la reproducción: se explica aparato genital masculino y femenino, embarazo, anticoncepción a lo sumo. Hablar del placer tiene que ver con aprender a cuidarse, a respetar el deseo, los propios tiempos. Cuida más que hablar de enfermedades.
Tras depurar las disfunciones secundarias, ligadas a enfermedades, detectó que el 50 por ciento de las consultas eran por eyaculación precoz, el 10 por ciento por vaginismo y el 40 por ciento por disminución del deseo en parejas heterosexuales. Sobre todo en la franja de los 20 a 25 años. En este grupo encontró datos para una nueva indagación científica, al punto que acuñó un término: "Factor Inédito Progresivamente Desmotivante en las parejas (FIPD)". Lo atribuyó a la "frustración ante el no cumplimiento del supuesto orgasmo vaginal", cuya inexistencia no se cansa de remarcar. Aquí, un adelanto.
—¿Qué tenían esos casos en común?
— El deseo sexual inhibido tenía que ver con un círculo vicioso instalado en la pareja a partir del no cumplimiento de la expectativa del orgasmo "vaginal" a través del coito. Es insólito que siga vigente esa creencia, cuando el órgano sensible es el clítoris y la estructura eréctil que envuelve a la vagina. En la mayor parte de las mujeres es necesaria una estimulación directa o indirecta del clítoris, pero las parejas esperan que la mujer alcance el orgasmo sólo con penetración y esto no pasa. Cuando les explico que fisiológica y neurológicamente lo que transmite el impulso del orgasmo es el clítoris, la pareja se sorprende. Para la mujer es un tremendo alivio. Pero aparece una gran resistencia de los varones, que creen que todo pasa como en las películas. El cine porno está pensado para el varón, pero es ficción.
—La mujer queda en falta frente al mito, sin embargo la caída del deseo es mutua, incluye al varón. ¿Por qué?
—Cuando se empieza a hablar del placer femenino, junto con otros cambios socioculturales de la década del sesenta, el varón pasó a tener la responsabilidad de darle el orgasmo a la mujer. Este factor desmotivante tiene que ver con la decepción del varón al no lograr que la mujer goce con su desempeño. Entonces empieza a espaciarse el encuentro, el acto sexual deja de ligarse al placer y ya no tiene sentido. Esto no es algo que deba hacer el varón o la mujer: cada quien es responsable de su propio placer, de expresar lo que siente y guiar a su pareja.
—¿Por qué creó un nombre para estos casos?
—En 1905 Freud plantea que para madurar la mujer debe cambiar de la zona erógena del clítoris a la vagina. De allí surge una versión entre comillas científica de un orgasmo vaginal. Eso sigue teniendo vigencia, pese a que en 1953 se demostró que el orgasmo es uno solo. Este mito se refuerza con las películas y con la ficción de las mujeres que fingen para no sentirse menos. Con un poco de humor, hablo de factor inédito porque realmente subleva que desde 1905 a 2013 no hayamos avanzado nada. Mi neologismo intentó nominar el impacto en el vínculo y que no quede dentro del algoritmo diagnóstico como trastornos del orgasmo. Decidí correr el eje de la disfunción orgásmica de la mujer y nombrar esto que les ocurre a los dos miembros de la pareja.
—¿Estos casos revelan la falta de educación sexual plena?
—El cierre de mi presentación apunta a conminar a los educadores sexuales a trabajar sobre estos temas. La educación sexual, aunque esté la ley, es una materia pendiente. En las escuelas que intentan implementar un programa, la depositaria es la docente de biología. Tiene la mejor voluntad pero no son sexólogos. No hay sexólogos ni siquiera en el diseño de la ley de educación sexual. Entonces del placer sexual no se habla. En los medios hay mucho sexo, pero tomado a risa: escenas eróticas, mujeres desnudas, chistes. Pero es tabú para la sociedad hoy hablar de placer. La sexualidad sigue ligada a la reproducción: se explica aparato genital masculino y femenino, embarazo, anticoncepción a lo sumo. Hablar del placer tiene que ver con aprender a cuidarse, a respetar el deseo, los propios tiempos. Cuida más que hablar de enfermedades.
Con información de
La Capital

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