"No hay que tener miedo de renovar las estructuras de la Iglesia"

Quien haya leído el Nuevo Testamento, recordará que los evangelistas siempre ponen en boca de Jesús la fórmula: “Oísteis que fue dicho (tal y tal cosa), pero yo os digo (tal otra)”, que era el modo en que iba renovando la doctrina. A eso hizo referencia Francisco esta mañana poniendo como ejemplo que la ley antigua permitía odiar al enemigo, pero que Jesús en cambio pidió rezar por él.
“Ser cristiano significa dejarse renovar por el Espíritu Santo o, en palabras de Jesús, convertirse en vino nuevo”, dijo. Es una renovación que “está en primer lugar” en “los corazones” porque ser cristiano no es sólo ir a misa diaria y cumplir con ciertos ritos.
Por eso, para esa renovación interior, son necesarios odres nuevos, subrayó.
Y volvió entonces a aludir a las reformas institucionales que, dijo, no son una novedad en la Iglesia sino que la han acompañado a lo largo de su historia: “En la vida cristiana, también en la vida de la Iglesia, hay estructuras antiguas, caducas: ¡es necesario renovarlas! Y la Iglesia siempre estuvo atenta a ello (…) siempre se dejó renovar según los lugares, los tiempos y las personas”. Y puso un ejemplo de los primeros tiempos, cuando se debatía si para ser cristianos era necesario hacer previamente toda la práctica judía y finalmente primó el concepto de que no, de que los gentiles podían entrar a la Iglesia y ser bautizados como tales, como gentiles.
“Así la Iglesia avanzó siempre, dejando al Espíritu Santo que renueve sus estructuras. ¡No hay que tener miedo de eso! ¡No hay que tener miedo de las novedades que el Espíritu Santo hace en nosotros! ¡No hay que tener miedo de la renovación de las estructuras!”, dijo el Papa.
Subrayó también la importancia de “la libertad para elegir odres nuevos para estas novedades” que el Evangelio opera en nosotros, en nuestras vidas, en las estructuras. El cristiano es un hombre libre, con esa libertad que da Jesús, “no es esclavo de hábitos, de estructuras, el Espíritu Santo lo lleva hacia adelante”, agregó.
Y concluyó su homilía con un ruego: “Pidamos la gracia de no tener miedo de las novedades del Evangelio, de no tener miedo de la renovación que hace el Espíritu Santo, de no tener miedo de dejar caer las estructuras antiguas, que nos aprisionan”.
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