La vocación de los docentes
Miércoles 17 de
Julio 2013

Tres educadoras reflexionan sobre la profesión de enseñar y reivindican el placer, la convicción, la pasión y la excelencia como ingredientes fundamentales para el trabajo en el aula.
Tres profesoras de La Plata nos escribieron para compartir sus opiniones sobre el debate entre profesión y vocación docente. A continuación, sus reflexiones.
JORGELINA LASTIRI:
“No es inusual, en un sistema educativo que no logra adaptarse a los cambios socioculturales ni satisfacer las demandas de una sociedad tan crítica con la tarea docente, que los educadores sientan su vocación flaquear. En una profesión que en los últimos años ha estado signada por conflictos laborales, salariales y políticos, la vocación docente es la que permite continuar con la tarea cotidiana. Sin embargo, esta no supone resignación ni indiferencia. Por el contrario, implica luchar por construir una escuela que pueda transmitir contenidos verdaderamente significativos, en la que el esfuerzo y la perseverancia sean los valores que prevalezcan. Por supuesto que creer que todos los docentes en ejercicio lo hacen por vocación sería una ingenuidad; y esto es válido para cualquier otra profesión.
“Es la vocación la que en medio de tanta adversidad empuja a tantos docentes en el país a continuar enseñando. La docencia, profesión del diálogo por antonomasia, no supone solo transmitir conocimientos sino enseñar a construirlos. El docente cuya vocación es enseñar, cree en la palabra como piedra angular de su tarea.
“No obstante, desempeñar la tarea con entusiasmo y dedicación no es suficiente. La vocación docente no debe limitarse al amor por la profesión. Quien tiene verdadera vocación se plantea la excelencia como meta, cree en el perfeccionamiento, reconoce la necesidad de adecuarse a los cambios y elige posicionarse como actor y no como mero espectador en el escenario actual.”
FLORENCIA CABANA:
“Si hay algo que todos los que conocen docentes pueden asegurar es que la docencia despierta pasiones: un día amor y, al siguiente, odio. Un día es la tarea más gratificante del ser humano y al día siguiente es la más decepcionante. Sin duda esto se debe a que la docencia se vive y no se ejerce. ¿Es un trabajo? Sí. ¿Es una vocación? Sí, si la entendemos como pasión por lo que hacemos, por saber qué es lo mejor que podemos hacer y qué es lo que me dignifica y plenifica como persona.
“Pero los docentes nos somos los únicos que trabajamos así (¡por fortuna!): si no pregúntenles a los científicos, a los artistas, a los que eligieron un oficio, a los deportistas (en especial aquellos que practican deportes sin marketing), ni hablar de los trabajadores de la salud.... En todos estos campos también existen las horas extras, la disciplina, el esfuerzo y el 'dar de más'.
“Naturalmente habrá muchos docentes en nuestras aulas que trabajen sin vocación, lo mismo que en cualquier ambiente laboral. Sin embargo, hoy puedo decir con entusiasmo que para muchos docentes su trabajo es también su hobby.
“Pero más allá de la vocación, el hecho de que cada vez haya más inscriptos en las carreras terciarias docentes responde, a mi criterio, a que vocación no se contrapone con profesión. Hoy nuestra carrera ofrece una salida laboral rápida y segura, con sueldos básicos pero estables y con seguro social, y además puede compatibilizarse con otras actividades.”
DANIELA LEIVA:
“El ejercicio de la vocación no se trata de un hecho solo religioso. Lo vocacional está en el placer por la realización de una tarea. Por ejemplo, uno puede elegir ser docente porque le gusta, y por la posibilidad de trascender en los demás.
“Coincido plenamente con la frase de Aristóteles: 'Allí donde se cruzan tus talentos y las necesidades del mundo, está tu vocación'. Pero hoy a la vocación docente hay que ayudarla, no alcanza ya con la inclinación innata porque hoy en día las escuelas se han hecho receptoras de todo lo que pasa en la sociedad: no están al margen de la conflictividad social, de la evolución de las tecnologías, de la crisis de proyecto a futuro que atraviesan los jóvenes, del deterioro de los lazos sociales.
“Creo que la vocación docente debería apuntar también a la profesionalización, que tiene que ser la clave para mejor la calidad docente, apoyada y ayudada por el placer de enseñar. En este sentido, la autorrealización es esencial para emprender y entregar lo mejor a la juventud. El docente debe encauzar sus energías hacia un constante trabajo personal en lo vocacional y en lo profesional, sin revindicar la profesión solo como una mera salida laboral, porque si se da esto estaríamos en serios problemas.”
“No es inusual, en un sistema educativo que no logra adaptarse a los cambios socioculturales ni satisfacer las demandas de una sociedad tan crítica con la tarea docente, que los educadores sientan su vocación flaquear. En una profesión que en los últimos años ha estado signada por conflictos laborales, salariales y políticos, la vocación docente es la que permite continuar con la tarea cotidiana. Sin embargo, esta no supone resignación ni indiferencia. Por el contrario, implica luchar por construir una escuela que pueda transmitir contenidos verdaderamente significativos, en la que el esfuerzo y la perseverancia sean los valores que prevalezcan. Por supuesto que creer que todos los docentes en ejercicio lo hacen por vocación sería una ingenuidad; y esto es válido para cualquier otra profesión.
“Es la vocación la que en medio de tanta adversidad empuja a tantos docentes en el país a continuar enseñando. La docencia, profesión del diálogo por antonomasia, no supone solo transmitir conocimientos sino enseñar a construirlos. El docente cuya vocación es enseñar, cree en la palabra como piedra angular de su tarea.
“No obstante, desempeñar la tarea con entusiasmo y dedicación no es suficiente. La vocación docente no debe limitarse al amor por la profesión. Quien tiene verdadera vocación se plantea la excelencia como meta, cree en el perfeccionamiento, reconoce la necesidad de adecuarse a los cambios y elige posicionarse como actor y no como mero espectador en el escenario actual.”
FLORENCIA CABANA:
“Si hay algo que todos los que conocen docentes pueden asegurar es que la docencia despierta pasiones: un día amor y, al siguiente, odio. Un día es la tarea más gratificante del ser humano y al día siguiente es la más decepcionante. Sin duda esto se debe a que la docencia se vive y no se ejerce. ¿Es un trabajo? Sí. ¿Es una vocación? Sí, si la entendemos como pasión por lo que hacemos, por saber qué es lo mejor que podemos hacer y qué es lo que me dignifica y plenifica como persona.
“Pero los docentes nos somos los únicos que trabajamos así (¡por fortuna!): si no pregúntenles a los científicos, a los artistas, a los que eligieron un oficio, a los deportistas (en especial aquellos que practican deportes sin marketing), ni hablar de los trabajadores de la salud.... En todos estos campos también existen las horas extras, la disciplina, el esfuerzo y el 'dar de más'.
“Naturalmente habrá muchos docentes en nuestras aulas que trabajen sin vocación, lo mismo que en cualquier ambiente laboral. Sin embargo, hoy puedo decir con entusiasmo que para muchos docentes su trabajo es también su hobby.
“Pero más allá de la vocación, el hecho de que cada vez haya más inscriptos en las carreras terciarias docentes responde, a mi criterio, a que vocación no se contrapone con profesión. Hoy nuestra carrera ofrece una salida laboral rápida y segura, con sueldos básicos pero estables y con seguro social, y además puede compatibilizarse con otras actividades.”
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Con información de
Clarin
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