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La pornografía, puerta de entrada a la información sobre sexualidad

Por: Mariana Otero
Lunes 12 de Febrero 2018

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El primer acercamiento de los adolescentes al conocimiento es a través de los canales porno e internet, disponibles las 24 horas. Los chicos viven el sexo de manera desinhibida. Se inician temprano, con relaciones rápidas y fugaces. Se guían más por emociones que por sentimientos.

¿Cómo viven los adolescentes la sexualidad? ¿Qué concepciones tienen de las relaciones íntimas? ¿Cómo se informan? ¿Dónde se producen los encuentros sexuales? ¿Es buena idea permitir que traigan a sus parejas a dormir a casa?
 
Esas son algunas de las consultas que psicólogos y terapeutas familiares reciben a menudo en sus consultorios y que surgen al escuchar los relatos de los propios adolescentes. La primera conclusión es que la vivencia de la sexualidad ha cambiado en el siglo 21. Los adolescentes la experimentan de manera más desinhibida y natural. Con más libertad.
 
La iniciación sexual es muy temprana y se producen acercamientos rápidos y fugaces. Sin compromiso. Para algunos, incluso, forma parte de la “diversión” de una noche, junto con el consumo de alcohol u otras sustancias. En consecuencia, los vínculos previos a las relaciones sexuales pasan a un segundo plano.
 
Por otra parte, la primera fuente de información no llega de la mano de los amigos o las revistas, y mucho menos de los padres. El manual que los introduce al conocimiento pasó a ser la pornografía, que se consigue las 24 horas en canales por cable o en internet.
 
Liliana Villagra, psicóloga y docente en la Facultad de Psicología de la UNC, explica que muchas cosas se han transformado en la era de las redes sociales. Lo permanente –en el trabajo, la relación de pareja, el modo y el lugar de vida– es algo a lo que se aspiraba en el siglo pasado.
 
“El tiempo actual está atravesado por modos más transitorios y el individualismo prioriza la satisfacción del sujeto en desmedro de la tolerancia que exige cierta disposición a postergar para tratar de entender lo distinto”, plantea Villagra. Y agrega: “Los modos impulsivos de reacción suelen mostrar esta ‘impaciencia’ del hoy. Por otro lado, la sexualidad aparece con una exposición mediática que estimula de manera constante al adolescente empujando sus urgencias a la inmediatez, confrontándolo con una excitación que, a veces, no tiene oportunidad de desplegarse en una fantasía subjetiva con esa chica o con ese pibe que lo atrae”.
 
Horacio Maldonado, psicólogo y también profesor en la Facultad de Psicología de la UNC, explica que el principal acercamiento de los adolescentes a la información sobre sexualidad llega de los canales que emiten pornografía por cable. Investigaciones recientes realizadas en España revelan que la principal fuente de conocimiento no pasa por los libros, por los padres ni por la escuela sino por la pornografía. “El principal informante es la televisión. A los chicos les interesa este tipo de sexualidad, que tiene que ver con cuánto tiempo tiene que tener una relación, qué variantes, qué formas... Y los padres son ignorantes de esta situación”, plantea Maldonado.
 
“En general, la gente no cree que la televisión tenga una impronta tan fuerte en la subjetividad. Yo creo que sí. Tríos, cuartetos, zoofilia: aparecen prácticas que ni soñábamos, como psicólogos, que podían aparecer. Se ven. La enorme novedad de este tiempo está ahí. En un celular está todo lo que quieren saber”, agrega.
 
Julia Córdoba, psicóloga, terapeuta familiar y docente en la Facultad de Psicología de la UNC, explica que la actitud de los adolescentes es presuntuosa, con posiciones autosuficientes, especialmente cuando se inician en prácticas sexuales de manera temprana.
 
“Muestran que no sienten miedo, que saben lo que están haciendo, que tienen dominio del comportamiento, que tienen información suficiente. Lo cual no es tan así”, indica Córdoba. “La cotidianidad de los adolescentes está atravesada por un mundo virtual que les está pidiendo exposición como una manera de inclusión. Mostrarse y contar sus experiencias es un modo de relacionarse hoy, borran los límites de lo privado o íntimo y suben a la red imágenes sexualizadas”, añade.
 
En las consultas, los adolescentes relatan que sus prácticas y sus vivencias de la sexualidad están más ligadas a las emociones que a los sentimientos. “Lo hago porque me gusta”, “quiero que se quede conmigo”, “es lindo y lo pasamos bien”, suelen decir. “Narran sobre emociones negativas, según sus propias vivencias. No hablan de sentimientos y les cuesta mucho referirse o reconocer emociones positivas dentro de estas experiencias”, apunta Córdoba.
 
Para Maldonado, “el otro” es cada vez menos importante. “Impera la cultura del narcisismo. Me excito viéndome a mí mismo. El otro es sujeto de satisfacción pero no hay vínculo, por lo menos no como lo veíamos nosotros. Son satisfacciones efímeras”, refiere.
 
Aquello “ya fue”
 
Los psicólogos observan que los adolescentes vivencian la sexualidad de un modo muy distinto al de generaciones pasadas. Antes, la sexualidad estaba ligada a la prohibición, a lo secreto. Esto implicaba la admisión de ese acercamiento como algo privado que no se exhibía. Era, dice Villagra, una experiencia “prestigiosa”.
 
“Se trataba de una vivencia especial, era motivo de confidencias entre amigos. Para los varones tal vez importaba el cómo lo hacía, para la chica era quizás más importante con quién; pero era siempre una experiencia central del sujeto. El debut sexual representaba una insignia de ‘haber crecido’. Hoy pareciera ser parte del entretenimiento que comparte, con otros estímulos, la diversión de la salida. Hay una especie de banalización de la sexualidad: el adolescente habla de la sexualidad como si se tratara de ir a tomar un helado”, remarca la psicóloga.
 
Y agrega: “En ocasiones, las salidas que terminarán en encuentros sexuales se acompañan de diferentes consumos –drogas y, fundamentalmente, alcohol– que vuelven estas experiencias sexuales profundamente indiferenciadas, sin verdadera elección y sin registro del partenaire. Muchas veces, sin registro de sí mismo, ya que no recuerdan lo ocurrido. Parecen experiencias prácticamente autoeróticas y momentáneas. Olvidables”.
 
En este punto, Julia Córdoba plantea que temen el riesgo al embarazo pero le dan menor importancia a contagios y a secuelas de los consumos peligrosos.
 
¿Y los padres?
 
Si bien se habla cada vez más de sexualidad y los padres responden a los niños cuando les preguntan de dónde vienen los bebés, el tema sigue siendo difícil.
 
“Hablar sobre la sexualidad personalizada en el hijo es definitivamente más complicado. El padre, la madre, no es un amigo o una amiga. Si el trabajo psíquico del adolescente es, en parte, alejarse de ellos, volverse más independiente, buscar fuera de la endogamia, la confidencia sexual resulta muy difícil”, remarca Villagra.
 
De todos modos, la psicóloga plantea la necesidad de conversar sobre los cuidados preventivos, el uso de preservativo, de pastillas anticonceptivas y de promover la visita al ginecólogo.
 
Córdoba advierte que las dificultades en el conocimiento y las prácticas de la propia sexualidad de los padres de los adolescentes de hoy provocan distanciamientos. “Los adolescentes, cuando se encuentran con esto, recurren a sus pares, a las redes sociales o a películas eróticas que tienen contenidos disruptivos que están vinculados con prácticas pornográficas y poco saludables para el desarrollo”, explica.
 
Agrega, además, que los padres no son lo suficientemente accesibles. “La mayoría sabe qué tipo de sexualidad no le acepta a sus hijos y esto traba las conversaciones entre ellos. Los padres frecuentemente muestran la sexualidad a los hijos desde el miedo, pero la sexualidad humana es mucho más que una actividad de riesgo”, subraya Córdoba.
 
Para Horacio Maldonado, los padres no informan. “Sólo pueden ser interlocutores. La información la tienen los chicos”, afirma.
Fuente: lavoz
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