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Las nuevas tecnologías y los planes de estudio del futuro

Miércoles 06 de Marzo 2019

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Vivimos en un mundo de cambios tecnológicos acelerados. Empleos tradicionales pierden su razón de ser y surgen demandas de nuevos trabajos, que requieren plantear nuevas capacitaciones. Los intercambios económicos y financieros se multiplican por los adelantos en los transportes y las telecomunicaciones.

Las relaciones humanas sienten el impacto de la instantaneidad que permite incluso a las personas oírse y verse estando en los lugares más apartados del planeta mediante celulares hoy al alcance de todos.
 
¿Cómo preparar a las jóvenes generaciones para enfrentar este mundo con capacidades que les hagan aprovechar esas transformaciones? Es un desafío especialmente exigente para los países como el nuestro que no están a la vanguardia en investigación.
 
Las economías menos desarrolladas o emergentes no son las que marcan el compás de los adelantos; más bien los reciben, pero deberían acomodarse a estos y diseñar sus planes de enseñanza con visión de futuro, adecuándose a los cambios de paradigma.
 
Juan Llach, lúcido economista y sociólogo que fue ministro de Educación de la Nación y es académico de esa disciplina, estima que no hay un plan operativo, de alcance nacional, que incluya tanto la vinculación de la educación con el trabajo como su adecuación al fenomenal cambio tecnológico que estamos viviendo. "Hace varios lustros que vengo sosteniendo que, empezando por las zonas más necesitadas, hay que otorgar competencias laborales en el nivel medio vinculadas a las demandas presentes y futuras del mercado laboral", sostiene este investigador y docente.
 
Es verdad que no pueden preverse todas las circunstancias. Por eso, sin descuidar nunca la formación integral básica de la persona, subrayando valores que fortalezcan la propia identidad y promuevan la convivencia, hay que favorecer personalidades dúctiles, creativas, innovadoras, atentas a saber manejarse en situaciones imprevistas. Porque se puede imaginar el futuro a partir de lo que estamos viviendo, y sería ilógico no programar cómo plantarse ante él con las mejores herramientas, pero la realidad no dejará de sorprendernos. Precisamente por eso, por esa cierta incertidumbre, hace falta tomar conciencia de la situación y organizar un sistema educativo que ayude a enfrentarla, logrando configurar una masa crítica de jóvenes con buena formación.
 
El impacto de los cambios sobre el empleo -como el avance de la robotización- es indudable, opina Llach, pero lo que hay que mirar es el impacto neto, es decir, la diferencia entre los empleos que se pierden, reemplazados por nuevas tecnologías o por robots, y los que se ganan, tanto en las "fábricas de tecnología" como en su operación y, también, por su impacto positivo en el crecimiento de la economía. Esto puede verse en las bajas tasas de desempleo de las cuatro economías grandes y más avanzadas tecnológicamente: Japón, 2,4%; Alemania, 3,3%; Corea del Sur, 3,8%, y Estados Unidos, 3,9%.
 
Al respecto, puede llamar la atención que hace ya tres años el sitio freelancer.com, una bolsa de trabajo digital nacida en Australia pero con una base en la Argentina, daba cuenta en nuestro país de más de 200.000 personas que trabajaban de forma independiente, vía internet, sin asistir a una oficina. En su mayoría, "nativos digitales o tecnológicos" por su edad: los hombres, mayormente en trabajos relacionados con el diseño digital y la programación, y las mujeres en diseño gráfico, fotografía, redacción de contenidos y marketing en redes sociales, con desarrollos de presencia de la marca de una empresa o institución en esas redes. Y con clientes que no se limitan al ámbito local; sus servicios son requeridos desde distintos países. Gracias a la velocidad y extensión de las comunicaciones, los pedidos pueden provenir de los Estados Unidos, Australia, del Reino Unido o la India, solo por citar algunos ejemplos.
 
Además, hay mayor nomadismo en el orden laboral. No se trata solo de pasar de una empresa a otra de un rubro similar en poco tiempo, sino a veces de acometer otro tipo de trabajos. Teniendo en cuenta esta realidad, en diciembre último, en una nota de LA NACION, Rodrigo Miguel, especialista en educación, acertadamente propiciaba una formación centrada en la creatividad, en el pensamiento crítico, en la resolución de problemas y la comunicación. Y alentando la innovación y el emprendedorismo.
 
Ante estos desafíos, no todas son desventajas para nuestro país, aunque esté lejos del nivel alcanzado en países desarrollados y de la transformación educativa de algunas naciones asiáticas en las últimas décadas, que incidió en su llamativo crecimiento. Llach observa algunas instancias valiosas de formación tecnológica, como con la robótica en muchas escuelas bonaerenses o en las escuelas PRO-A de Córdoba, con unos 15 colegios secundarios de gestión estatal que otorgan el título de bachiller especializado en software. O la mejora de la enseñanza de matemática emprendida por el gobierno nacional.
 
Resulta evidente que es imprescindible la formación continua y acorde de los docentes ante estos nuevos desafíos. Es menester, en tal sentido, reforzar y acelerar el esfuerzo que desarrolla el Instituto Nacional de Formación Docente. El papel de maestros y profesores compenetrados con los avances de la cultura digital, capaces de orientar a los estudiantes en este mundo cambiante, es irreemplazable.
 
La conectividad digital ayuda a los alumnos, pero por sí sola no es la solución. Según el psiquiatra y neurocientífico alemán Manfred Spitzer, apuntando más allá de la consulta rápida de cualquier duda en internet, el aprendizaje supone un trabajo intelectual. Cuanto más profundamente trabajamos con la mente una materia, con esfuerzo, tanto mejor la aprendemos, y el cerebro, si se utiliza, crece. Y si no se usa, se atrofia.
 
La doctora en Educación Inés Dussel, estudiosa de la escuela y la cultura digital, afirmó hace dos años en este diario que, más allá de las promesas de las tecnologías en la enseñanza, el hecho de que los chicos aprendan sigue dependiendo de la acción dedicada de buenos docentes y de instituciones educativas que propongan otro tipo de actividades. La escuela -sostiene- tiene que apropiarse de lo que vale la pena, no solo de lo que entretiene: debería ser el espacio de lo difícil, pero importante.
 
Cabe acompañar estos llamados de atención y encarar un plan de alcance nacional, meditado, más allá de recetas inmediatistas, buscando el aporte de las inteligencias más lúcidas y de cuantos quieran contribuir con sus enfoques a esta necesaria movilización.
Fuente: La Nación
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