"Para que los chicos lean lo importante es que vean a sus padres y maestros leyendo"
Sábado 20 de
Julio 2019
Para el escritor, periodista y docente Mempo Giardinelli un mundo donde no haya bibliotecas sería "un horror".
El "consejo de oro" para los adultos que quieran fomentar el hábito lector en los niños y niñas es que lean mucho y de calidad, porque "para que los chicos lean lo más importante es que vean a sus padres y maestros leyendo". Así lo entiende el escritor, periodista y docente Mempo Giardinelli, quien a principios de mes estuvo en la Feria del Libro de La Rioja, donde brindó la conferencia "Imaginar un mundo sin bibliotecas".
Con una larga obra traducida a 28 idiomas y autor, entre otros libros, de Santo oficio de la memoria, La revolución en bicicleta, El perro Fernando y Volver a leer. Propuestas para ser un país de lectores, afirma a La Capital que "leer es un acto inherente a la construcción y desarrollo de ciudadanía en una democracia" y que la política de promoción de lectura del gobierno nacional es "un espanto, porque en realidad no hay ninguna política de lectura".
A lo largo de su extensa trayectoria, Giardinelli recibió numerosas distinciones, entre ellas el Premio Rómulo Gallegos (1993). Vive en Resistencia (Chaco) y preside una fundación (www.fundamgiardinelli.org) que tiene como misión trabajar "por el fomento de la lectura, la divulgación de la literatura nacional e internacional contemporánea y el desarrollo sustentable del nordeste argentino a partir de prácticas culturales, ambientales y solidarias".
—¿Es posible imaginar un mundo sin bibliotecas?
—Posible es, aunque también apocalíptico. Sería un mundo paupérrimo, extraviado, sin historia y sin conciencia. Basta comprobar que hoy el mundo está cerca de ser todo eso, así que imagínese lo que sería sin bibliotecas: un horror.
—¿Cómo piensa la importancia y función de las bibliotecas en estos tiempos digitales?
—Las bibliotecas son, hoy como siempre, el reservorio de la historia, la literatura, el pensamiento, las ideas y todo lo que la humanidad produjo intelectualmente a lo largo de por lo menos treinta siglos. Con eso solo ya se tiene una medida de su importancia y función. Y en cuanto a estos "tiempos digitales", me parece que son simplemente el testimonio de una evolución que espero no sea un precipicio. Las tecnologías y el universo digital creo que en sí mismos son un avance y no un peligro. El peligro sí radica en la hiperconcentración del poder mundial. Que ése es el más tremendo problema de la especie, no sólo de las bibliotecas.
—¿Qué significa plantear el derecho a leer?
—Leer es un acto inherente a la construcción y desarrollo de ciudadanía en una democracia. Entonces debe ser garantizado por la Constitución y el Estado. El derecho constitucional a leer —si alguna vez se consagra en la Argentina— se justifica en el hecho de que la lectura es condición básica para que una persona se eduque y pueda continuar, toda su vida si es su deseo, su propio proceso de aprendizaje. Así, este derecho es la mejor garantía de la libre circulación del conocimiento, que a su vez es indispensable para la construcción de una ciudadanía responsable, participativa, reflexiva y con pensamiento propio. Todo lo cual fortalece la propia identidad del individuo y de la nación entera. Así, la lectura deviene derecho político fundamental y trasciende la perspectiva que se le da habitualmente, al considerársela sólo un "problema pedagógico".
—¿Cómo evalúa la política del gobierno nacional con respecto a la promoción de la lectura?
—Como un espanto, porque en realidad no hay ninguna política de lectura. Lo primero que hicieron en el Ministerio de Educación, en diciembre de 2015, fue desactivar el Plan Nacional de Lectura y el Programa Conectar Igualdad. Dos disparates, productos de la ignorancia y el odio que los caracteriza. El daño es enorme y costará mucho restañarlo.
—¿Cómo debería ser para usted una buena biblioteca?
—La mejor biblioteca es la que tiene amplitud de acervo, bibliotecari@s especializados en mediación lectora y total apertura a la comunidad en la que funciona. Además debe ser gratuita, con horarios amplios, estar abierta los fines de semana y tener espacios cómodos y luminosos. Una buena biblioteca debe funcionar hoy en día como cualquier librería de centro comercial: un sitio en el que se puede curiosear, tocar, hojear los libros y decidir qué se quiere leer.
—¿Y una buena escuela?
—La educación pública argentina recuperada, cumpliendo con los mandatos de ser gratuita, obligatoria y laica, y con docentes capacitados por el Estado y con salarios dignos. Ésa es la buena escuela argentina, que formó generaciones de hombres y mujeres trabajadoras y honradas.
—¿Puede dar algún consejo para docentes y padres para formar niñas y niños lectores?
—Sí, el consejo de oro es que lean mucho y de calidad, o sea que lean la mejor literatura universal, latinoamericana y argentina. Son los adultos los que deben leer. Porque para que los chicos lean lo más importante es que vean a sus padres y maestros leyendo.
Con una larga obra traducida a 28 idiomas y autor, entre otros libros, de Santo oficio de la memoria, La revolución en bicicleta, El perro Fernando y Volver a leer. Propuestas para ser un país de lectores, afirma a La Capital que "leer es un acto inherente a la construcción y desarrollo de ciudadanía en una democracia" y que la política de promoción de lectura del gobierno nacional es "un espanto, porque en realidad no hay ninguna política de lectura".
A lo largo de su extensa trayectoria, Giardinelli recibió numerosas distinciones, entre ellas el Premio Rómulo Gallegos (1993). Vive en Resistencia (Chaco) y preside una fundación (www.fundamgiardinelli.org) que tiene como misión trabajar "por el fomento de la lectura, la divulgación de la literatura nacional e internacional contemporánea y el desarrollo sustentable del nordeste argentino a partir de prácticas culturales, ambientales y solidarias".
—¿Es posible imaginar un mundo sin bibliotecas?
—Posible es, aunque también apocalíptico. Sería un mundo paupérrimo, extraviado, sin historia y sin conciencia. Basta comprobar que hoy el mundo está cerca de ser todo eso, así que imagínese lo que sería sin bibliotecas: un horror.
—¿Cómo piensa la importancia y función de las bibliotecas en estos tiempos digitales?
—Las bibliotecas son, hoy como siempre, el reservorio de la historia, la literatura, el pensamiento, las ideas y todo lo que la humanidad produjo intelectualmente a lo largo de por lo menos treinta siglos. Con eso solo ya se tiene una medida de su importancia y función. Y en cuanto a estos "tiempos digitales", me parece que son simplemente el testimonio de una evolución que espero no sea un precipicio. Las tecnologías y el universo digital creo que en sí mismos son un avance y no un peligro. El peligro sí radica en la hiperconcentración del poder mundial. Que ése es el más tremendo problema de la especie, no sólo de las bibliotecas.
—¿Qué significa plantear el derecho a leer?
—Leer es un acto inherente a la construcción y desarrollo de ciudadanía en una democracia. Entonces debe ser garantizado por la Constitución y el Estado. El derecho constitucional a leer —si alguna vez se consagra en la Argentina— se justifica en el hecho de que la lectura es condición básica para que una persona se eduque y pueda continuar, toda su vida si es su deseo, su propio proceso de aprendizaje. Así, este derecho es la mejor garantía de la libre circulación del conocimiento, que a su vez es indispensable para la construcción de una ciudadanía responsable, participativa, reflexiva y con pensamiento propio. Todo lo cual fortalece la propia identidad del individuo y de la nación entera. Así, la lectura deviene derecho político fundamental y trasciende la perspectiva que se le da habitualmente, al considerársela sólo un "problema pedagógico".
—¿Cómo evalúa la política del gobierno nacional con respecto a la promoción de la lectura?
—Como un espanto, porque en realidad no hay ninguna política de lectura. Lo primero que hicieron en el Ministerio de Educación, en diciembre de 2015, fue desactivar el Plan Nacional de Lectura y el Programa Conectar Igualdad. Dos disparates, productos de la ignorancia y el odio que los caracteriza. El daño es enorme y costará mucho restañarlo.
—¿Cómo debería ser para usted una buena biblioteca?
—La mejor biblioteca es la que tiene amplitud de acervo, bibliotecari@s especializados en mediación lectora y total apertura a la comunidad en la que funciona. Además debe ser gratuita, con horarios amplios, estar abierta los fines de semana y tener espacios cómodos y luminosos. Una buena biblioteca debe funcionar hoy en día como cualquier librería de centro comercial: un sitio en el que se puede curiosear, tocar, hojear los libros y decidir qué se quiere leer.
—¿Y una buena escuela?
—La educación pública argentina recuperada, cumpliendo con los mandatos de ser gratuita, obligatoria y laica, y con docentes capacitados por el Estado y con salarios dignos. Ésa es la buena escuela argentina, que formó generaciones de hombres y mujeres trabajadoras y honradas.
—¿Puede dar algún consejo para docentes y padres para formar niñas y niños lectores?
—Sí, el consejo de oro es que lean mucho y de calidad, o sea que lean la mejor literatura universal, latinoamericana y argentina. Son los adultos los que deben leer. Porque para que los chicos lean lo más importante es que vean a sus padres y maestros leyendo.
Con información de
La Capital
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