La Argentina que viene está más sola que nunca
Por:
Salvador Di Stéfano | Analista financiero
Miércoles 02 de
Octubre 2019

La baja de tasas a escala global no muestra resultados. Guerras comerciales, caída de la inversión y baja de precios materias primas no ayudan a que en 2020 crezcamos.
La Argentina muestra un cuadro de fuerte caída de actividad económica. El mundo es más proteccionista. La baja de tasas a escala global no muestra resultados. Guerras comerciales, caída de la inversión y baja de precios materias primas no ayudan a que en 2020 crezcamos.
La recaudación tributaria no hace más que reflejar la caída de actividad que nos devuelve el mercado, no hay mayores ventas, hay menos empleo, consumo ajustado y rentabilidad por el piso. Si la recaudación sigue ubicándose por debajo de la inflación esperada, el déficit fiscal crecería, y por ende habría que financiarlo.
Argentina es un país sin crédito, por ende, toda brecha fiscal debería financiarse con emisión monetaria. Las estimaciones dan cuenta de que faltarían entre 250.000 y 450.000 millones, esto implica más pesos en el mercado, y por ende más presión alcista para el dólar.
El precio de equilibrio del dólar se da naturalmente, cuando un argentino desea vender los dólares que tiene en su poder para pasar a comprar un activo que desea. Si vende por necesidad, es tan escaso lo que vende que no mueve el precio sustancialmente.
En un escenario electoral, a pocos días de los comicios, parecería que nadie haría una inversión importante. Todo haría indicar un dólar más alto dada la escasez de oferta y la demanda natural de los que tienen excedentes.
Los bonos y letras están bajo la amenaza de una reestructuración, algunos hablan de un reperfilamiento sin quita, y otros avanzan con otras ideas. En el mientras tanto el mercado se muestra cauteloso.
El mercado financiero está totalmente ilíquido, luego de las PASO la caída de los bonos dejó sin financiamiento a muchas empresas que utilizaban estos títulos para salir a buscar dinero al mercado. Si a esto le sumamos la iliquidez producto del reperfilamiento de las letras, la sequía es muy importante.
La tasa de las leliq bajó al 77% anual, es una buena noticia, pero aporta muy poco. Las sociedades de garantía recíproca comienzan a otorgar menos avales, se acrecentó la mora y los socios no desean realizar nuevos aportes bajo el actual contexto.
Estamos en un mercado sin financiamiento desde abril de 2018, el PBI caería en el año el 4%, y el consumo no menos del 8%. Solo el mayor dinamismo de las exportaciones nos salva en esta coyuntura.
Coyuntura internacional compleja para 2020
Cuando no hay respuestas a lo que puede suceder en el mercado interno, hay que hacer una mirada obligada al exterior.
En los próximos meses las tasas de interés en el mundo seguirán bajas. La Reserva Federal de Estados Unidos bajaría las tasas de corto plazo a niveles del 1,5% anual, Europa tiene tasa negativa del 0,5% anual, al igual que Japón. La tasa de interés negativa no ha resuelto aún ningún problema económico.
Durante 2018 la inversión extranjera directa a escala global cayó el 13%. Las compañías privilegian invertir más en sus países de origen, lo que implica que tanto las multinacionales de Estados Unidos como las empresas chinas inviertan mucho más en sus propios países que migrar dinero a terceros mercados. Las guerras comerciales pesan en estas decisiones.
Un mundo con menos inversión, tasas de interés negativas, guerras comerciales y consumo retraído tiene como consecuencia menores precios para las materias primas, escasa rentabilidad empresarial y consecuentemente menos proyectos de inversión.
América Latina en este escenario se ve altamente afectada. El precio de las materias primas en baja complica el ingreso de divisas, ya que la región es muy dependiente de productos como el cobre, petróleo y soja entre otros.
El mundo ingresó en una desaceleración económica y la región latinoamericana va detrás de los acontecimientos. Es muy probable que Brasil en 2020 vuelva a mostrar una caída del PBI, lo que no ayuda a la Argentina.
Los precios de la soja y el maíz están en niveles bajos, y solo una desgracia climática nos podría colocar en valores más elevados que potencien la suba de exportaciones en Argentina. El cobre no reacciona a la suba, y se complican Chile y Perú. Mientras que la baja del petróleo no ayuda a países como Colombia, Venezuela está en una situación terminal, exportaba 7 millones de barriles por día, y hoy no llega ni a un millón.
En México, el tratado de libre comercio que está por firmar con Estados Unidos no lo favorece: le exigen que suba el precio de la mano de obra de u$s2,50 a u$s 8 como en Estados Unidos, algo que le limita la exportación de automóviles y le exige aumentar el componente importado.
El mundo es más proteccionista, hay menos comercio y las inversiones no fluyen. La Argentina que viene está más sola que nunca. Los motores del crecimiento están apagados, Brasil no crecería, el precio de las materias primas que exporta estarían estables, las inversiones no llegan, hay escaso o nulo crédito externo, y las elecciones aportan confusión general.
El pronóstico es claro, Argentina solo podrá defenderse siendo más productiva, esto implicaría un mix de medidas que impliquen baja de impuestos y devaluaciones de su moneda. En 2020 no habría crecimiento económico gane quien gane, las expectativas hay que ponerlas en 2021, siempre y cuando el que gane las elecciones acierte en las medidas económicas, y el mundo nos dé un respiro con el precio de nuestras exportaciones.
La recaudación tributaria no hace más que reflejar la caída de actividad que nos devuelve el mercado, no hay mayores ventas, hay menos empleo, consumo ajustado y rentabilidad por el piso. Si la recaudación sigue ubicándose por debajo de la inflación esperada, el déficit fiscal crecería, y por ende habría que financiarlo.
Argentina es un país sin crédito, por ende, toda brecha fiscal debería financiarse con emisión monetaria. Las estimaciones dan cuenta de que faltarían entre 250.000 y 450.000 millones, esto implica más pesos en el mercado, y por ende más presión alcista para el dólar.
El precio de equilibrio del dólar se da naturalmente, cuando un argentino desea vender los dólares que tiene en su poder para pasar a comprar un activo que desea. Si vende por necesidad, es tan escaso lo que vende que no mueve el precio sustancialmente.
En un escenario electoral, a pocos días de los comicios, parecería que nadie haría una inversión importante. Todo haría indicar un dólar más alto dada la escasez de oferta y la demanda natural de los que tienen excedentes.
Los bonos y letras están bajo la amenaza de una reestructuración, algunos hablan de un reperfilamiento sin quita, y otros avanzan con otras ideas. En el mientras tanto el mercado se muestra cauteloso.
El mercado financiero está totalmente ilíquido, luego de las PASO la caída de los bonos dejó sin financiamiento a muchas empresas que utilizaban estos títulos para salir a buscar dinero al mercado. Si a esto le sumamos la iliquidez producto del reperfilamiento de las letras, la sequía es muy importante.
La tasa de las leliq bajó al 77% anual, es una buena noticia, pero aporta muy poco. Las sociedades de garantía recíproca comienzan a otorgar menos avales, se acrecentó la mora y los socios no desean realizar nuevos aportes bajo el actual contexto.
Estamos en un mercado sin financiamiento desde abril de 2018, el PBI caería en el año el 4%, y el consumo no menos del 8%. Solo el mayor dinamismo de las exportaciones nos salva en esta coyuntura.
Coyuntura internacional compleja para 2020
Cuando no hay respuestas a lo que puede suceder en el mercado interno, hay que hacer una mirada obligada al exterior.
En los próximos meses las tasas de interés en el mundo seguirán bajas. La Reserva Federal de Estados Unidos bajaría las tasas de corto plazo a niveles del 1,5% anual, Europa tiene tasa negativa del 0,5% anual, al igual que Japón. La tasa de interés negativa no ha resuelto aún ningún problema económico.
Durante 2018 la inversión extranjera directa a escala global cayó el 13%. Las compañías privilegian invertir más en sus países de origen, lo que implica que tanto las multinacionales de Estados Unidos como las empresas chinas inviertan mucho más en sus propios países que migrar dinero a terceros mercados. Las guerras comerciales pesan en estas decisiones.
Un mundo con menos inversión, tasas de interés negativas, guerras comerciales y consumo retraído tiene como consecuencia menores precios para las materias primas, escasa rentabilidad empresarial y consecuentemente menos proyectos de inversión.
América Latina en este escenario se ve altamente afectada. El precio de las materias primas en baja complica el ingreso de divisas, ya que la región es muy dependiente de productos como el cobre, petróleo y soja entre otros.
El mundo ingresó en una desaceleración económica y la región latinoamericana va detrás de los acontecimientos. Es muy probable que Brasil en 2020 vuelva a mostrar una caída del PBI, lo que no ayuda a la Argentina.
Los precios de la soja y el maíz están en niveles bajos, y solo una desgracia climática nos podría colocar en valores más elevados que potencien la suba de exportaciones en Argentina. El cobre no reacciona a la suba, y se complican Chile y Perú. Mientras que la baja del petróleo no ayuda a países como Colombia, Venezuela está en una situación terminal, exportaba 7 millones de barriles por día, y hoy no llega ni a un millón.
En México, el tratado de libre comercio que está por firmar con Estados Unidos no lo favorece: le exigen que suba el precio de la mano de obra de u$s2,50 a u$s 8 como en Estados Unidos, algo que le limita la exportación de automóviles y le exige aumentar el componente importado.
El mundo es más proteccionista, hay menos comercio y las inversiones no fluyen. La Argentina que viene está más sola que nunca. Los motores del crecimiento están apagados, Brasil no crecería, el precio de las materias primas que exporta estarían estables, las inversiones no llegan, hay escaso o nulo crédito externo, y las elecciones aportan confusión general.
El pronóstico es claro, Argentina solo podrá defenderse siendo más productiva, esto implicaría un mix de medidas que impliquen baja de impuestos y devaluaciones de su moneda. En 2020 no habría crecimiento económico gane quien gane, las expectativas hay que ponerlas en 2021, siempre y cuando el que gane las elecciones acierte en las medidas económicas, y el mundo nos dé un respiro con el precio de nuestras exportaciones.
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