Las 5 medidas económicas de Alberto Fernández que lo hacen más parecido a Cristina que a Néstor Kirchner
Por:
Virginia Porcella
Martes 07 de
Enero 2020
Pese a las fuertes críticas a la economía de la ex presidenta y su reivindicación “nestorista”, el Presidente reflotó el corazón del modelo que rigió hasta 2015, marcado por la falta de dólares
Crítico durante muchos años del segundo mandato de Cristina Fernández y tras largos meses de una campaña en la que buscó asociarse a la presidencia de su antecesor Néstor Kirchner, en la que tuvo una participación crucial como jefe de Gabinete, Alberto Fernández está a días de cumplir su primer mes de gestión con medidas que, en lo económico, lo emparentan mucho más a Cristina que a Néstor.
Un breve repaso de las principales medidas anunciadas y en vías de implementar es suficiente para dar cuenta del revival de las principales políticas que rigieron la economía hasta 2015 bajo el mando de la actual vicepresidenta. Sin embargo, no alcanza para dilucidar aún el enfoque final que tendrá el principal problema que enfrenta hoy el Presidente y su ministro de Economía, Martín Guzmán: la reestructuración de la deuda. El modo en que se resuelva la negociación con los acreedores y, eventualmente, el acceso al financiamiento en los próximos años, será determinante para definir el perfil propio en materia económica.
Por el momento, sólo la señal de búsqueda de disciplina fiscal -recuperar los superávits gemelos, fiscal y comercial, que existieron entre 2003 y 2007 cuando el mandatario era el jefe de ministros- se recorta nítidamente como la principal similitud con el gobierno de Néstor Kirchner. La suspensión de la actualización por inflación de las jubilaciones (Néstor las mantuvo congeladas hasta 2006, salvo la mínima) y el aumento de impuestos son claras muestras, aun cuando no está del todo claro el resultado de la cuenta final: cuánto de lo que se ahorra y de lo que ingresará “de más”, se terminará también gastando.
Néstor implementó el esquema de subsidios para evitar la impopular actualización del precio de los servicios públicos. Cristina extremó el congelamiento al punto de secar la economía de dólares que se escurrían por la importación de energía.
Tal vez, el congelamiento de tarifas también pueda atribuirse al “nestorismo”. Fue Néstor quien implementó el esquema de subsidios para evitar la impopular actualización del precio de los servicios públicos. En cambio, a falta del superávit fiscal que se lo permitía, Cristina extremó el congelamiento al punto de secar la economía de dólares que se escurrían por la importación de energía.
Otra vez sin dólares ni superávit, el gobierno de Alberto Fernández volvió a congelar las tarifas. En principio, por sólo 6 meses. El mismo plazo que tienen muchas de las medidas en marcha a la espera de que la solución al problema de la deuda aporte oxígeno para solucionar todo lo demás.
Mientras tanto, el corazón del plan económico mostrado hasta ahora se refleja bastante en el espejo de Cristina, al menos en 5 medidas clave, algunas transitorias y otras no tanto. A saber:
- El cepo, hoy reconvertido con dólar “solidario”: una regulación que durante el segundo mandato de Cristina se hacía cada vez más restrictiva tiene ahora –y por los próximos 5 años según la ley de Solidaridad Social-, condiciones aún más duras en la aplicación del desdoblamiento cambiario con control de cambios.
- El atraso del dólar oficial. Aunque lejos de los niveles de 2015, el dólar se mantuvo estable en torno los $ 63 durante los últimos meses y se descuenta correrá, en 2020, por detrás de la inflación, precisamente en busca de lograr un freno a la suba de precios. Párrafo aparte merece el valor del dólar para el campo, particularmente para la soja a la que el aumento de las retenciones le hace percibir el mismo tipo de cambio que en marzo del año pasado.
- La emisión para financiar el gasto y las reservas para pagar la deuda. La combinación de ambas fue una constante del gobierno de Cristina Fernández. Sin otras fuentes de financiamiento disponibles pero con la premisa de una utilización acotada de la “maquinita”, en los últimos días de diciembre el Banco Central giró unos $ 100.000 millones al Tesoro. El ministro Martín Guzmán aseguró que no prevén una emisión intensiva ya que, según había dicho en su primera conferencia de prensa, “puede ser desestabilizante”. Pero lejos quedaron los tiempos de emisión 0. Algo similar ocurre con el pago de la deuda: sin acceso al mercado y sin otros recursos, pagar con reservas mientras dure la negociación con los acreedores es la única alternativa disponible, tal como ocurría durante la administración de CFK. Así, el Banco Central tiene autorización para girar hasta u$s 4.571 millones al Tesoro para afrontar los vencimientos.
- Control a las importaciones. Previsible corolario de las restricciones cambiarias que eviten la salida de dólares, el regreso de las licencias no automáticas está avanzando. Con este mecanismo autorizado por la OMC, el Gobierno tiene 60 días para autorizar el ingreso de mercadería, lo que le permite un monitoreo de las compras al exterior por rubros y productos pero, sobre todo, ganar tiempo. En el gobierno de Cristina, la escasez de dólares era tan pronunciada hacia el final de su mandato que, con la aplicación de estas trabas, se llegó a afectar la producción ya que no se permitía en algunos casos el ingreso de insumos para la industria. Ahora, desde el Gobierno prometieron que esto no volverá a suceder.
- El relanzamiento de Precios Cuidados. Si bien se trata de un programa que logró un marketing tan exitoso que hasta el gobierno de Mauricio Macri lo mantuvo, lo cierto es que ahora volverá como política anti-inflacionaria. De ahí que la negociación más dura con los empresarios es el precio que tendrán los productos de las marcas líderes, cuyas subas entrarían bajo el control de Comercio en cada renovación del plan. El razonamiento detrás apunta a que si se controlan los precios de las marcas líderes, es decir, el techo, el resto acompañará en la misma proporción ya que son la referencia. El propio creador de este programa, el gobernador bonaerense Axel Kicillof, en ese momento ministro de Economía, aseguraba a fines de 2018 en una entrevista que, si bien durante el kirchnerismo volvió la inflación “estaba el plan de Precios Cuidados”. Curiosamente, también afirmaba que, de volver a gobernar, “no haríamos nada igual a 2015”. Igual no. Parecido, al menos un poco.
Un breve repaso de las principales medidas anunciadas y en vías de implementar es suficiente para dar cuenta del revival de las principales políticas que rigieron la economía hasta 2015 bajo el mando de la actual vicepresidenta. Sin embargo, no alcanza para dilucidar aún el enfoque final que tendrá el principal problema que enfrenta hoy el Presidente y su ministro de Economía, Martín Guzmán: la reestructuración de la deuda. El modo en que se resuelva la negociación con los acreedores y, eventualmente, el acceso al financiamiento en los próximos años, será determinante para definir el perfil propio en materia económica.
Por el momento, sólo la señal de búsqueda de disciplina fiscal -recuperar los superávits gemelos, fiscal y comercial, que existieron entre 2003 y 2007 cuando el mandatario era el jefe de ministros- se recorta nítidamente como la principal similitud con el gobierno de Néstor Kirchner. La suspensión de la actualización por inflación de las jubilaciones (Néstor las mantuvo congeladas hasta 2006, salvo la mínima) y el aumento de impuestos son claras muestras, aun cuando no está del todo claro el resultado de la cuenta final: cuánto de lo que se ahorra y de lo que ingresará “de más”, se terminará también gastando.
Néstor implementó el esquema de subsidios para evitar la impopular actualización del precio de los servicios públicos. Cristina extremó el congelamiento al punto de secar la economía de dólares que se escurrían por la importación de energía.
Tal vez, el congelamiento de tarifas también pueda atribuirse al “nestorismo”. Fue Néstor quien implementó el esquema de subsidios para evitar la impopular actualización del precio de los servicios públicos. En cambio, a falta del superávit fiscal que se lo permitía, Cristina extremó el congelamiento al punto de secar la economía de dólares que se escurrían por la importación de energía.
Otra vez sin dólares ni superávit, el gobierno de Alberto Fernández volvió a congelar las tarifas. En principio, por sólo 6 meses. El mismo plazo que tienen muchas de las medidas en marcha a la espera de que la solución al problema de la deuda aporte oxígeno para solucionar todo lo demás.
Mientras tanto, el corazón del plan económico mostrado hasta ahora se refleja bastante en el espejo de Cristina, al menos en 5 medidas clave, algunas transitorias y otras no tanto. A saber:
- El cepo, hoy reconvertido con dólar “solidario”: una regulación que durante el segundo mandato de Cristina se hacía cada vez más restrictiva tiene ahora –y por los próximos 5 años según la ley de Solidaridad Social-, condiciones aún más duras en la aplicación del desdoblamiento cambiario con control de cambios.
- El atraso del dólar oficial. Aunque lejos de los niveles de 2015, el dólar se mantuvo estable en torno los $ 63 durante los últimos meses y se descuenta correrá, en 2020, por detrás de la inflación, precisamente en busca de lograr un freno a la suba de precios. Párrafo aparte merece el valor del dólar para el campo, particularmente para la soja a la que el aumento de las retenciones le hace percibir el mismo tipo de cambio que en marzo del año pasado.
- La emisión para financiar el gasto y las reservas para pagar la deuda. La combinación de ambas fue una constante del gobierno de Cristina Fernández. Sin otras fuentes de financiamiento disponibles pero con la premisa de una utilización acotada de la “maquinita”, en los últimos días de diciembre el Banco Central giró unos $ 100.000 millones al Tesoro. El ministro Martín Guzmán aseguró que no prevén una emisión intensiva ya que, según había dicho en su primera conferencia de prensa, “puede ser desestabilizante”. Pero lejos quedaron los tiempos de emisión 0. Algo similar ocurre con el pago de la deuda: sin acceso al mercado y sin otros recursos, pagar con reservas mientras dure la negociación con los acreedores es la única alternativa disponible, tal como ocurría durante la administración de CFK. Así, el Banco Central tiene autorización para girar hasta u$s 4.571 millones al Tesoro para afrontar los vencimientos.
- Control a las importaciones. Previsible corolario de las restricciones cambiarias que eviten la salida de dólares, el regreso de las licencias no automáticas está avanzando. Con este mecanismo autorizado por la OMC, el Gobierno tiene 60 días para autorizar el ingreso de mercadería, lo que le permite un monitoreo de las compras al exterior por rubros y productos pero, sobre todo, ganar tiempo. En el gobierno de Cristina, la escasez de dólares era tan pronunciada hacia el final de su mandato que, con la aplicación de estas trabas, se llegó a afectar la producción ya que no se permitía en algunos casos el ingreso de insumos para la industria. Ahora, desde el Gobierno prometieron que esto no volverá a suceder.
- El relanzamiento de Precios Cuidados. Si bien se trata de un programa que logró un marketing tan exitoso que hasta el gobierno de Mauricio Macri lo mantuvo, lo cierto es que ahora volverá como política anti-inflacionaria. De ahí que la negociación más dura con los empresarios es el precio que tendrán los productos de las marcas líderes, cuyas subas entrarían bajo el control de Comercio en cada renovación del plan. El razonamiento detrás apunta a que si se controlan los precios de las marcas líderes, es decir, el techo, el resto acompañará en la misma proporción ya que son la referencia. El propio creador de este programa, el gobernador bonaerense Axel Kicillof, en ese momento ministro de Economía, aseguraba a fines de 2018 en una entrevista que, si bien durante el kirchnerismo volvió la inflación “estaba el plan de Precios Cuidados”. Curiosamente, también afirmaba que, de volver a gobernar, “no haríamos nada igual a 2015”. Igual no. Parecido, al menos un poco.
Con información de
Infobae
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