Para lograr un trato de facilidades extendidas, Guzmán necesitará una "ayudita" de Joe Biden
Por:
Carlos Burgueño
Martes 10 de
Noviembre 2020
En las últimas horas, el Gobierno confirmó que la Argentina buscará un programa de facilidades extendidas para renegociar su deuda por unos u$s44.000 millones con el FMI.
Lo señaló el ministro Guzmán a la prensa extranjera. La misión del organismo llegará hoy a Buenos Aires para iniciar conversaciones. La Argentina confirmó así que necesitará de Joe Biden, y de quién el electo presidente de los Estados Unidos designe como secretario de Tesoro; rápidamente un gran favor.
Sin mayores tiempos para ejecutar diplomacias regionales, ni de prometer acciones de reciprocidad; el Gobierno necesitará del apoyo de la administración del demócrata, para que una de las mayores expectativa a futuro de Alberto Fernández se cumplan. El Presidente argentino necesitará, sí o sí, de los votos de los Estados Unidos ante el board del Fondo Monetario Internacional (FMI), para que se logre lo que se busca desde Buenos Aires: que el organismo que dirige Kristalina Georgieva apruebe un acuerdo inédito con la Argentina, dentro de los términos de un Facilidades Extendidas, según los criterios que ayer formalmente el ministerio de Economía le pidió al FMI. Pero además, Argentina le reclamará al organismo un período de tiempo sin liquidar capital e intereses, y una tasa extraordinaria de menos de 3%.
En estos casos, inevitablemente, el país que pida este tipo de acuerdo necesitará del 85% de los votos del board, y teniendo en cuenta que Estados Unidos detenta el 16% de las acciones del organismo (por ser el principal aportante), sólo con el voto positivo de su representante se avalará el reclamo argentino.
Dentro del Gobierno ya se hacen cálculos sobre el “poroteo” de votos más importante para el país de los últimos años. Según las proyecciones oficiales, Argentina terminó la tarea de recolección de apoyos de países europeos importantes como Alemania, España, Francia, Holanda y otros países de la Unión Europea (UE); con lo que el apoyo del 60% estaría garantizado. A ese porcentaje se llega sumando además a Rusia, China, los países árabes (especialmente los del Golfo Pérsico, con presencia fuerte en el directorio del FMI), además de, lógicamente, toda América Latina y el África. Se confía además que en las próximas semanas se lograrían más consensos con países clave como Canadá y lo que resta de la Unión Europea, con lo que el porcentaje se elevaría a cerca del 70%. Faltaría así conseguir sólo un 10% más para el nivel imprescindible para que una propuesta transgresora para lo que mandan y dictan los estatutos del FMI pueda ser aprobada.
Sólo con un mínimo del 85% de los avales se podría autorizar a que los técnicos de línea del Fondo apliquen para el país un plan de pagos por fuera de los únicos mecanismos autorizados por la carta orgánica del organismo: el stand by y el Facilidades Extendidas, ambos en todas sus variables posibles. Como lo que propone el país es una alteración de las normas, sólo una votación de más del 85% podría avalar el pedido, con lo cual más tarde o más temprano Alberto Fernández deberá convencer personalmente, y de manera rápida, a Joe Biden para que éste le ordene a sus representantes en el directorio de Fondo que aprueben la propuesta argentina. En conclusión, y siguiendo una máxima del “albertismo”, “con Biden no alcanza, pero sin Biden no se puede”. Según los números que se hacen en el Palacio de Hacienda, si una llamada de Alberto Fernández lograra este apoyo, el país ya superaría el 85% necesario y llegaría casi al 90% de los votos. Sólo quedaría en duda lo que harían Japón (6% de los votos), los países nórdicos (3,43%) y otros estados europeos, tradicionalmente reacios a apoyar al país (tampoco lo hacían en tiempos de Mauricio Macri).
La necesidad de lograr ese porcentaje fue lo que le jugó en contra a la Argentina en 2001, cuando se desaprobó en el directorio el último desembolso comprometido en el acuerdo vigente ante la negativa de EE.UU. de avalar la propuesta (por recomendación directa de la número dos de esos años, Anne Krueger); así como la aprobación del pacto de 2003 cuando Néstor Kirchner negoció directamente con George Bush. En el caso actual, también se hace imprescindible que el director norteamericano avale el pedido, ya que su voto a favor o en contra (o su abstención) definirá la suerte de la propuesta argentina. En total el board está integrado por 24 directores que representan porcentualmente diferentes niveles de poder. Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia y el Reino Unido pueden elegir un director sin ayuda de ningún otro país. China, Arabia Saudí y Rusia eligen de facto un director cada uno; mientras que los 16 restantes lo eligen según bloques de estados. Argentina, a través del enviado local, Sergio Chodos, ocupa el grupo con Bolivia, Chile, Perú, Paraguay y Uruguay.
Sin mayores tiempos para ejecutar diplomacias regionales, ni de prometer acciones de reciprocidad; el Gobierno necesitará del apoyo de la administración del demócrata, para que una de las mayores expectativa a futuro de Alberto Fernández se cumplan. El Presidente argentino necesitará, sí o sí, de los votos de los Estados Unidos ante el board del Fondo Monetario Internacional (FMI), para que se logre lo que se busca desde Buenos Aires: que el organismo que dirige Kristalina Georgieva apruebe un acuerdo inédito con la Argentina, dentro de los términos de un Facilidades Extendidas, según los criterios que ayer formalmente el ministerio de Economía le pidió al FMI. Pero además, Argentina le reclamará al organismo un período de tiempo sin liquidar capital e intereses, y una tasa extraordinaria de menos de 3%.
En estos casos, inevitablemente, el país que pida este tipo de acuerdo necesitará del 85% de los votos del board, y teniendo en cuenta que Estados Unidos detenta el 16% de las acciones del organismo (por ser el principal aportante), sólo con el voto positivo de su representante se avalará el reclamo argentino.
Dentro del Gobierno ya se hacen cálculos sobre el “poroteo” de votos más importante para el país de los últimos años. Según las proyecciones oficiales, Argentina terminó la tarea de recolección de apoyos de países europeos importantes como Alemania, España, Francia, Holanda y otros países de la Unión Europea (UE); con lo que el apoyo del 60% estaría garantizado. A ese porcentaje se llega sumando además a Rusia, China, los países árabes (especialmente los del Golfo Pérsico, con presencia fuerte en el directorio del FMI), además de, lógicamente, toda América Latina y el África. Se confía además que en las próximas semanas se lograrían más consensos con países clave como Canadá y lo que resta de la Unión Europea, con lo que el porcentaje se elevaría a cerca del 70%. Faltaría así conseguir sólo un 10% más para el nivel imprescindible para que una propuesta transgresora para lo que mandan y dictan los estatutos del FMI pueda ser aprobada.
Sólo con un mínimo del 85% de los avales se podría autorizar a que los técnicos de línea del Fondo apliquen para el país un plan de pagos por fuera de los únicos mecanismos autorizados por la carta orgánica del organismo: el stand by y el Facilidades Extendidas, ambos en todas sus variables posibles. Como lo que propone el país es una alteración de las normas, sólo una votación de más del 85% podría avalar el pedido, con lo cual más tarde o más temprano Alberto Fernández deberá convencer personalmente, y de manera rápida, a Joe Biden para que éste le ordene a sus representantes en el directorio de Fondo que aprueben la propuesta argentina. En conclusión, y siguiendo una máxima del “albertismo”, “con Biden no alcanza, pero sin Biden no se puede”. Según los números que se hacen en el Palacio de Hacienda, si una llamada de Alberto Fernández lograra este apoyo, el país ya superaría el 85% necesario y llegaría casi al 90% de los votos. Sólo quedaría en duda lo que harían Japón (6% de los votos), los países nórdicos (3,43%) y otros estados europeos, tradicionalmente reacios a apoyar al país (tampoco lo hacían en tiempos de Mauricio Macri).
La necesidad de lograr ese porcentaje fue lo que le jugó en contra a la Argentina en 2001, cuando se desaprobó en el directorio el último desembolso comprometido en el acuerdo vigente ante la negativa de EE.UU. de avalar la propuesta (por recomendación directa de la número dos de esos años, Anne Krueger); así como la aprobación del pacto de 2003 cuando Néstor Kirchner negoció directamente con George Bush. En el caso actual, también se hace imprescindible que el director norteamericano avale el pedido, ya que su voto a favor o en contra (o su abstención) definirá la suerte de la propuesta argentina. En total el board está integrado por 24 directores que representan porcentualmente diferentes niveles de poder. Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia y el Reino Unido pueden elegir un director sin ayuda de ningún otro país. China, Arabia Saudí y Rusia eligen de facto un director cada uno; mientras que los 16 restantes lo eligen según bloques de estados. Argentina, a través del enviado local, Sergio Chodos, ocupa el grupo con Bolivia, Chile, Perú, Paraguay y Uruguay.
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