Cuando la tecnología mete miedo: ¿qué es la tecnofobia?
Domingo 04 de
Junio 2023

¿Sabías que algunas personas tienen miedo a usar dispositivos electrónicos? Repasamos casos en los que ocurre este distanciamiento.
Una cosa son los efectos nocivos que eventualmente genera el uso de los dispositivos, y otra el miedo a la tecnología. A eso último se llama tecnofobia: es la aversión hacia las nuevas tecnologías, de un modo usualmente irracional.
Tanto en ensayos científicos como en textos literarios, se emplean términos alternativos para hablar de aquel temor y de otros que se relacionan a él. Por ejemplo, tecnoparanoia, tecnoestrés, ciberfobia y computerphobia, en inglés, en ese caso en alusión a las computadoras.
Antes de avanzar, es importante establecer las diferencias con otros trastornos asociados al avance tecnológico, como la muy mentada nomofobia, que apunta a la dependencia hacia los equipos y no a una antipatía, rechazo o espanto.
Tecnofobia: el miedo a la novedad
“Lo nuevo siempre genero resistencias, históricamente se desconfía y se tiende a sostener lo conocido. También a nivel personal puede haber una tendencia a desconfiar de lo que no se puede controlar. Hay personas que tienen más tendencia a rechazar lo nuevo que otras. Temor a perder su lugar, a no poder manejar lo nuevo”, explica en diálogo con TN Tecno la psicóloga Fiorella Litvinoff, licenciada en la Universidad de Buenos Aires.
Conchi Castellanos, doctora en Psicología Experimental y Neurociencias del Comportamiento en la Universidad de Granada, España, señala por su parte en la publicación Maldita que la tecnofobia puede definirse como un “miedo irracional y/o ansiedad que se produce como respuesta a nuevos estímulos derivados de una tecnología que modifica la manera normal (rutina) o previa en la que la persona realiza una cierta tarea o trabajo”.
Los entendidos subrayan la siguiente noción: el temor a la tecnología no apunta a miedos relativos al aspecto de las máquinas (habitual en las tramas del estilo Terminator) o a que éstas vayan a reemplazarnos; sino a que los avances sean incapaces de ser controlados, generando estrés o ansiedad. La clave está más en la falta de autoestima por ausencia de habilidades, que a temores apocalípticos o distópicos.
Aurora Gómez, psicóloga especializada en comportamientos digitales, echa luz sobre este temor con la siguiente imagen: los que temen son personas que “ven un dispositivo complejo, sobre el que no tienen posibilidad de actuar, y lo que hacen es evitarlo”.
Leé también: Los “peligros” del 5G y los encantadores de serpientes del siglo XXI
Algunos avances contemporáneos sirven para graficar estos miedos. En ocasiones prima la irracionalidad: ¿sabías que algunos movimientos culparon al 5G de ciertas enfermedades? En otros, los temores tienen asidero: un caso evidente es el avance irregulado de la inteligencia artificial, que ha sido señalado incluso por los desarrolladores de esas tecnologías.
Algunos ejemplos de tecnofobia
Las especialistas consultadas por Maldita cuentan que algunos pacientes con este trastorno evitan las terapias por videollamada, naturalmente. Es como toparse con la dificultad, en primerísima instancia, en el ámbito que propone la mejora.
La aversión se evidencia especialmente en el ámbito laboral, donde los tecnófobos no logran ni desean adecuarse a las herramientas tecnológicas con las que se les pide realizar sus tareas. Lo mismo ocurre en transacciones bancarias y otros trámites que en este siglo pueden realizarse en forma online y que estas personas, por el temor manifiesto, prefieren canalizar a través de vías analógicas.
“Es más usual que se desarrolle la tecnofobia en la gente mayor que nació en un mundo distinto y no puede libidinizar la tecnología digital. Pero también se da el caso de mucha otra gente que siente que lo digital sustituye el contacto físico y aleja los vínculos”, nota al respecto Litvinoff.
Siguiendo a Gómez, es medular no confundir la fobia a la tecnología con ciertos movimientos ideológicos. Tampoco con determinadas reacciones, como la movida slow o a los entusiastas de la desintoxicación digital, que eligen tiempos de desconexión, por cierto beneficioso de acuerdo a los expertos. En el caso de la tecnoparanoia, con imposibilidad de controlar efectos que van desde el estrés, pasando por ansiedad y sudoraciones, hasta brotes psicóticos, es menester el acompañamiento de profesionales.
Hay otra práctica deseable: animarse a la capacitación tecnológica, a sabiendas de que la información es la llave para alejarse de los miedos. Es como cuando la luz se enciende en una habitación y revela que aquello que en la pared parecía un monstruo moviéndose, en verdad es la sombra de una camisa colgada en un perchero.
Tanto en ensayos científicos como en textos literarios, se emplean términos alternativos para hablar de aquel temor y de otros que se relacionan a él. Por ejemplo, tecnoparanoia, tecnoestrés, ciberfobia y computerphobia, en inglés, en ese caso en alusión a las computadoras.
Antes de avanzar, es importante establecer las diferencias con otros trastornos asociados al avance tecnológico, como la muy mentada nomofobia, que apunta a la dependencia hacia los equipos y no a una antipatía, rechazo o espanto.
Tecnofobia: el miedo a la novedad
“Lo nuevo siempre genero resistencias, históricamente se desconfía y se tiende a sostener lo conocido. También a nivel personal puede haber una tendencia a desconfiar de lo que no se puede controlar. Hay personas que tienen más tendencia a rechazar lo nuevo que otras. Temor a perder su lugar, a no poder manejar lo nuevo”, explica en diálogo con TN Tecno la psicóloga Fiorella Litvinoff, licenciada en la Universidad de Buenos Aires.
Conchi Castellanos, doctora en Psicología Experimental y Neurociencias del Comportamiento en la Universidad de Granada, España, señala por su parte en la publicación Maldita que la tecnofobia puede definirse como un “miedo irracional y/o ansiedad que se produce como respuesta a nuevos estímulos derivados de una tecnología que modifica la manera normal (rutina) o previa en la que la persona realiza una cierta tarea o trabajo”.
Los entendidos subrayan la siguiente noción: el temor a la tecnología no apunta a miedos relativos al aspecto de las máquinas (habitual en las tramas del estilo Terminator) o a que éstas vayan a reemplazarnos; sino a que los avances sean incapaces de ser controlados, generando estrés o ansiedad. La clave está más en la falta de autoestima por ausencia de habilidades, que a temores apocalípticos o distópicos.
Aurora Gómez, psicóloga especializada en comportamientos digitales, echa luz sobre este temor con la siguiente imagen: los que temen son personas que “ven un dispositivo complejo, sobre el que no tienen posibilidad de actuar, y lo que hacen es evitarlo”.
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Algunos avances contemporáneos sirven para graficar estos miedos. En ocasiones prima la irracionalidad: ¿sabías que algunos movimientos culparon al 5G de ciertas enfermedades? En otros, los temores tienen asidero: un caso evidente es el avance irregulado de la inteligencia artificial, que ha sido señalado incluso por los desarrolladores de esas tecnologías.
Algunos ejemplos de tecnofobia
Las especialistas consultadas por Maldita cuentan que algunos pacientes con este trastorno evitan las terapias por videollamada, naturalmente. Es como toparse con la dificultad, en primerísima instancia, en el ámbito que propone la mejora.
La aversión se evidencia especialmente en el ámbito laboral, donde los tecnófobos no logran ni desean adecuarse a las herramientas tecnológicas con las que se les pide realizar sus tareas. Lo mismo ocurre en transacciones bancarias y otros trámites que en este siglo pueden realizarse en forma online y que estas personas, por el temor manifiesto, prefieren canalizar a través de vías analógicas.
“Es más usual que se desarrolle la tecnofobia en la gente mayor que nació en un mundo distinto y no puede libidinizar la tecnología digital. Pero también se da el caso de mucha otra gente que siente que lo digital sustituye el contacto físico y aleja los vínculos”, nota al respecto Litvinoff.
Siguiendo a Gómez, es medular no confundir la fobia a la tecnología con ciertos movimientos ideológicos. Tampoco con determinadas reacciones, como la movida slow o a los entusiastas de la desintoxicación digital, que eligen tiempos de desconexión, por cierto beneficioso de acuerdo a los expertos. En el caso de la tecnoparanoia, con imposibilidad de controlar efectos que van desde el estrés, pasando por ansiedad y sudoraciones, hasta brotes psicóticos, es menester el acompañamiento de profesionales.
Hay otra práctica deseable: animarse a la capacitación tecnológica, a sabiendas de que la información es la llave para alejarse de los miedos. Es como cuando la luz se enciende en una habitación y revela que aquello que en la pared parecía un monstruo moviéndose, en verdad es la sombra de una camisa colgada en un perchero.
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