Cómo reacciona nuestro cerebro cuando presiente la muerte
Viernes 15 de
Agosto 2014

Un estudio con sobrevivientes de un avión que se quedó sin combustible da pistas de la relación entre el trastorno por estrés postraumático y los recuerdos
Un artículo publicado en el portal esmateria.com hace hincapié en un estudio que analiza las reacciones que se producen en el cerebro humano ante el riesgo inminente de muerte. Durante 30 minutos, los pasajeros del vuelo AT236 estuvieron seguros de que iban a morir. En mitad del océano, su avión se quedó sin combustible. Primero fue el tanque del ala derecha. Los pilotos transfirieron parte del combustible del tanque izquierdo sin saber que había una fuga en el circuito, así que secaron los dos. Con minutos de diferencia, los motores estallaron.
En la cabina, las luces se apagaron, las mascarillas cayeron y la tripulación explicó a los pasajeros qué hacer al iniciar la cuenta atrás. Cuando todo estaba perdido y había lanzado un llamado de auxilio, el comandante Robert Piché pudo planear hasta una pista en una base militar de una pequeña isla de las Azores. Todos salieron vivos, "en particular su memoria", cuenta el artículo.
"Imagine la peor pesadilla. Eso es lo que fue", recuerda Margaret McKinnon, entonces una recién casada que iba de viaje de novios a Lisboa. El suceso ocurrió en agosto de 2001.
La ahora investigadora del Departamento de Psiquiatría y Neurociencias de la Conducta de la universidad canadiense de McMaster agrega: "No fue sólo un instante en el que tu vida pasa ante tus ojos en una fracción de segundo y después todo acaba". La sensación de "voy a morir" duró unos agónicos 30 minutos.
La dramática experiencia sirvió a McKinnon para estudiar la relación entre un evento de este tipo, el trastorno por estrés postraumático (TEPT) y la memoria. Junto con un grupo de colegas decidió aprovechar el experimento único de 300 personas viviendo la misma sensación de la amenaza de una muerte inminente para investigar cómo las intensas experiencias emocionales negativas afectan la capacidad de recordar.
Los investigadores consiguieron reunir a 15 de los pasajeros del AT236. Querían ahondar en la tesis de que los eventos dramáticos vividos en primera persona "quedan grabados a fuego" en la memoria de quienes los vivieron.
Los resultados de la investigación
Comprobaron que la mitad de los pasajeros presentaba un cuadro típico de TEPT. Tenían ataques de ansiedad, estados depresivos, extrañamiento y pánico.
Para validar sus resultados, reclutaron a otros 15 individuos como grupo de control de su investigación. Ambos grupos tuvieron que realizar una entrevista autobiográfica en la que debían recordar todos los detalles que pudieran de tres eventos personales. Uno de ellos no era traumático y funcionaba como neutral, otro eran sus recuerdos de los atentados del 11-S y el tercero, aquella noche del vuelo en el AT236. En este caso, el grupo de control tenía que rememorar un suceso negativo que hubiera vivido en primera persona el mismo año.
Según se publicó en Clinical Psychological Science, los pasajeros del AT236 mostraron una enorme capacidad de memoria episódica, el tipo de memoria relacionada con las experiencias personales. Sus resultados fueron muy superiores a los del grupo de control. La mayoría recordaba, más de una década después, la mayor parte de los 83 detalles que los investigadores habían seleccionado.
El artículo publicado en esmateria.com también narra que comprobaron otro fenómeno. Los pasajeros con TEPT se excedían en los detalles, tendían a más repeticiones y solían "irse por las ramas".
"Lo que nuestros resultados muestran es que no es tanto lo que pasó, sino a quién le sucedió, lo que puede determinar la aparición del trastorno de estrés postraumático", concluye el doctor Levine.
En la cabina, las luces se apagaron, las mascarillas cayeron y la tripulación explicó a los pasajeros qué hacer al iniciar la cuenta atrás. Cuando todo estaba perdido y había lanzado un llamado de auxilio, el comandante Robert Piché pudo planear hasta una pista en una base militar de una pequeña isla de las Azores. Todos salieron vivos, "en particular su memoria", cuenta el artículo.
"Imagine la peor pesadilla. Eso es lo que fue", recuerda Margaret McKinnon, entonces una recién casada que iba de viaje de novios a Lisboa. El suceso ocurrió en agosto de 2001.
La ahora investigadora del Departamento de Psiquiatría y Neurociencias de la Conducta de la universidad canadiense de McMaster agrega: "No fue sólo un instante en el que tu vida pasa ante tus ojos en una fracción de segundo y después todo acaba". La sensación de "voy a morir" duró unos agónicos 30 minutos.
La dramática experiencia sirvió a McKinnon para estudiar la relación entre un evento de este tipo, el trastorno por estrés postraumático (TEPT) y la memoria. Junto con un grupo de colegas decidió aprovechar el experimento único de 300 personas viviendo la misma sensación de la amenaza de una muerte inminente para investigar cómo las intensas experiencias emocionales negativas afectan la capacidad de recordar.
Los investigadores consiguieron reunir a 15 de los pasajeros del AT236. Querían ahondar en la tesis de que los eventos dramáticos vividos en primera persona "quedan grabados a fuego" en la memoria de quienes los vivieron.
Los resultados de la investigación
Comprobaron que la mitad de los pasajeros presentaba un cuadro típico de TEPT. Tenían ataques de ansiedad, estados depresivos, extrañamiento y pánico.
Para validar sus resultados, reclutaron a otros 15 individuos como grupo de control de su investigación. Ambos grupos tuvieron que realizar una entrevista autobiográfica en la que debían recordar todos los detalles que pudieran de tres eventos personales. Uno de ellos no era traumático y funcionaba como neutral, otro eran sus recuerdos de los atentados del 11-S y el tercero, aquella noche del vuelo en el AT236. En este caso, el grupo de control tenía que rememorar un suceso negativo que hubiera vivido en primera persona el mismo año.
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Con información de
infobae
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