Santa Fe | Ciudad
Con ladrones en el hogar
Martes 09 de
Septiembre 2014
La mujer no quiere que su identidad se haga pública. Tampoco su dirección. Tiene miedo y razones para tenerlo.
La angustia puede leerse sin demasiado esfuerzo en su rostro, que a pesar de todo no refleja sus 83 años de vida.
“No doy más. Siento que me estoy muriendo. Mi corazón ya no resiste. Delincuentes entraron a casa en mayo y volvieron el último sábado. Ya no sabemos cómo protegernos. Pusimos rejas por todos lados, pero nada parece alcanzar. Tengo terror de que la próxima vez se nos metan con nosotros adentro, porque actúan con total impunidad”, se lamenta esta vecina de barrio Sargento Cabral.
“El primero de los ataques ocurrió el 25 de mayo. Salimos a la siesta a tomar mates a la Costanera y cuando volvimos a la tardecita encontramos todo revuelto. Había cuchillos preparados arriba de la mesa, seguro que para agredirnos si regresábamos antes. En esa oportunidad saltaron sobre un tapial que da al patio y rompieron una reja y un vidrio de una puerta. No se llevaron nada, porque no tenemos nada. Somos jubilados, empleados de comercio, con la mínima (su marido tiene 87 años y estaba comprando una cerradura nueva esta mañana). No tenemos oro, ni cosas de valor. No usamos tarjetas de crédito, no tenemos cuentas bancarias”, enfatiza la mujer entre sollozos.
“El sábado volvieron -agrega la vecina, que vive en la cuadra de Necochea al 5000 desde hace 28 años-, a plena luz del día y por el frente de la casa. Fuimos a un almuerzo y regresamos a las 16. ‘Trabajaron’ con mucha tranquilidad. Tuvieron que romper la reja que tenemos en el frente y luego barretear la pesada puerta principal.¡Y nadie vio nada! Sacaron toda la ropa de los placares. Hace tres días que estoy acomodando la casa y limpiando. Creo que sólo se llevaron una tarjeta de colectivo, porque repito que no tenemos cosas de valor.
“Vivimos con miedo. Hicimos estas rejas -afirma mientras señala los barrotes que cubren el zaguán- para poder tomar mates en la vereda a la tarde. Salimos con mi marido juntos para sacar la basura a la noche. Nos organizamos con los vecinos para protegernos entre nosotros. Pero se ve que nos están vigilando y aprovechan cuando ven que nos vamos en el auto. A nuestra edad, no es justo vivir así”, se queja la mujer.
“No doy más. Siento que me estoy muriendo. Mi corazón ya no resiste. Delincuentes entraron a casa en mayo y volvieron el último sábado. Ya no sabemos cómo protegernos. Pusimos rejas por todos lados, pero nada parece alcanzar. Tengo terror de que la próxima vez se nos metan con nosotros adentro, porque actúan con total impunidad”, se lamenta esta vecina de barrio Sargento Cabral.
“El primero de los ataques ocurrió el 25 de mayo. Salimos a la siesta a tomar mates a la Costanera y cuando volvimos a la tardecita encontramos todo revuelto. Había cuchillos preparados arriba de la mesa, seguro que para agredirnos si regresábamos antes. En esa oportunidad saltaron sobre un tapial que da al patio y rompieron una reja y un vidrio de una puerta. No se llevaron nada, porque no tenemos nada. Somos jubilados, empleados de comercio, con la mínima (su marido tiene 87 años y estaba comprando una cerradura nueva esta mañana). No tenemos oro, ni cosas de valor. No usamos tarjetas de crédito, no tenemos cuentas bancarias”, enfatiza la mujer entre sollozos.
“El sábado volvieron -agrega la vecina, que vive en la cuadra de Necochea al 5000 desde hace 28 años-, a plena luz del día y por el frente de la casa. Fuimos a un almuerzo y regresamos a las 16. ‘Trabajaron’ con mucha tranquilidad. Tuvieron que romper la reja que tenemos en el frente y luego barretear la pesada puerta principal.¡Y nadie vio nada! Sacaron toda la ropa de los placares. Hace tres días que estoy acomodando la casa y limpiando. Creo que sólo se llevaron una tarjeta de colectivo, porque repito que no tenemos cosas de valor.
“Vivimos con miedo. Hicimos estas rejas -afirma mientras señala los barrotes que cubren el zaguán- para poder tomar mates en la vereda a la tarde. Salimos con mi marido juntos para sacar la basura a la noche. Nos organizamos con los vecinos para protegernos entre nosotros. Pero se ve que nos están vigilando y aprovechan cuando ven que nos vamos en el auto. A nuestra edad, no es justo vivir así”, se queja la mujer.
Con información de
ellitoral
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