Córdoba
Tras 11 años, capturan a gendarme prófugo
Domingo 05 de
Octubre 2014
Lo detuvo la Policía de Córdoba en una ciudad misionera al rastrear un celular. Tuvo “protección” de camaradas y policías en Posadas. Había sido incorporado en el “código rojo” de Interpol. Ya fue trasladado a Córdoba y permanece preso en Bouwer.
Al cabo de 11 años de evadir a la Justicia, la paciencia de un fiscal y la tozudez de un comisario del interior cordobés, acabó con la suerte de Rafael Antonio Genovese (59), gendarme acusado de abusar de una niña de 12 años.
La historia, de ribetes cinematográficos, se remonta al año 2000, cuando el hombre que había estado 14 años en Inteligencia de Gendarmería, después de separarse de su esposa en Jesús María, emigró a Deán Funes donde se estableció con una mujer, madre de dos hijas y un varón.
El gendarme alquiló el hotel alojamiento Jaruko, ubicado sobre la ruta 60, en el ingreso a la ciudad de Deán Funes. Allí vivía con su nueva pareja y la hija más chica, por entonces de 9 años.
En enero de 2003 la mujer sorprendió a Genovese manoseando a su hija y de inmediato lo denunció en la fiscalía de Eduardo Gómez, según consta en la causa.
El fiscal dispuso su detención por el delito de abuso sexual agravado. El defensor del imputado planteó un recurso y la Cámara del Crimen de Cruz del Eje le concedió la excarcelación.
El fiscal se puso como loco al recibir la pericia psicológica de la menor, según la cual era abusada desde hacía tres años, además de obligarla a ver películas pornográficas.
“Estos hechos vividos, van a tener secuelas vitalicias. La sexualidad se inicia bajo el signo de la corrupción, de la sumisión de un débil por un fuerte, todo bajo la figura de un incesto”, se indicó en el informe que además alertaba de las secuelas “de una sexualidad pervertida”.
Con el contundente dictamen, el fiscal Gómez cambió la carátula del caso y acusó a Genovese por “promoción a la corrupción de menores agravada por la condición de guardador”, ordenando su inmediata captura.
Fuga
Pero alguien “alertó” al abogado de que su cliente iba a ser arrestado y cuando el hoy comisario mayor Omar Walter Ramírez, jefe de la Departamental Sobremonte, fue a buscarlo a Jesús María, el gendarme había desaparecido.
Ramírez tomó el caso como un desafío personal y a los pocos meses tuvo la certeza de que Genovese estaba en la ciudad de Posadas. “Allá ubicamos su Renault 18 azul en la casa de un hermano, pero a él no pudimos encontrarlo”, recuerda el investigador.
El fiscal y el comisario esperaron un año, hasta tener el dato de que Genovese estaba en Oberá.
Cuando Ramírez llegó a esa ciudad, no encontró ningún tipo de colaboración ni de la Policía local ni de Gendarmería. “Resultó evidente que lo protegían. Mientras estuvimos en Oberá nos controlaban a cada rato, y no nos quedó otra que volvernos”, recuerda.
“Además de escurridizo era un tipo pesado, años atrás cuando era gendarme, puso una bomba en un boliche de Jesús María y eso le costó la carrera”, revela el fiscal.
Consultas realizadas a distintos vecinos de Jesús María arrojaron que Genovese se aprovechaba porque su padre (ya fallecido) era el director de la Escuela de Gendarmería.
Corría el año 2006, cuando Ramírez se enteró de que el prófugo había alquilado un chip de celular. Ese dato quedó agendado por años y resultaría clave para dar con el acusado de corrupción de menores.
El 14 de febrero de 2014, una hija de Genovese presentó un pedido de sobreseimiento por prescripción. “Se equivocaron porque el delito que se le imputa tiene una pena de hasta 12 años de prisión y ese delito recién prescribiría en enero de 2015”, corrige Gómez.
Código rojo
Lo primero que hizo el fiscal para cercar al prófugo, fue comunicarse con la sede de Interpol en Lyon, Francia, y remitió un oficio del juez, logrando que Genovese fuera incluido en el “código rojo” y se lo considerara como un delincuente peligroso, por lo que su captura internacional era prioritaria.
Gómez también pidió información a la Administración Federal de Ingresos Públicos (Afip) de las cuentas bancarias que podría tener el gendarme y desde Migraciones le informaron que Genovese presentaba una salida por Paso de los Libres al sur de Brasil.
Ramírez intuía que el número de celular que había agendado en el 2006 podría ser de utilidad y por eso se pidió la intervención de la división Investigación de las Comunicaciones de la Jefatura de Policía.
Así se estableció que el teléfono se había activado de una antena ubicada en Montecarlo, provincia de Misiones. “Mensajes de texto y llamadas eran captadas por una antena que tenía un radio de cuatro kilómetros”, precisa Ramírez.
Se intervino la línea a través del Programa de Unificación y Métodos de Análisis (Puma) y el martes 23 de septiembre último, el jefe de la Departamental Sobremonte acompañado de dos investigadores, se instaló en Montecarlo.
El viernes 25, a las 9 de la mañana, los policías ubicaron a Genovese en una casa ubicada en el predio de un hotel alojamiento donde trabajaba.
El exgendarme se resistió y tuvieron que reducirlo y tirarlo al piso para inmovilizarlo y colocarle las esposas.
A los pocos minutos del procesamiento apareció en escena un hermano de Genovese, abogado y también de Gendarmería, quien exigió que no lo trasladaran a Córdoba porque tenía problemas cardíacos.
El prófugo fue puesto a disposición del juzgado de Instrucción N°1 de Eldorado y desde Deán Funes se remitió un exhorto para que sea trasladado a la provincia de Córdoba.
Los médicos forenses revisaron al detenido y diagnosticaron que no tenía ningún problema de salud. Ese mismo viernes a la noche, Ramírez, temeroso de que se hubiera tratado de una maniobra para demorar el traslado y organizar una fuga se comunicó con el jefe de Policía, Julio César Suárez, quien envió de inmediato a tres efectivos del grupo de elite Eter.
El sábado por la mañana, al salir a la calle rumbo al móvil que lo trasladaría a Córdoba y ver el despliegue policial, bajó la cabeza y se dio cuenta de que su suerte se había terminado.
Ya en Deán Funes, el fiscal ordenó su inmediato traslado a Bouwer.
El caso
Denuncia. En enero de 2003, la nueva pareja de Genovese se presentó en la Justicia de Deán Funes y denunció haber sorprendido al hombre mientras manoseaba a una de sus hijas, que en ese entonces tenía 12 años.
Prófugo. Cuando el fiscal Gómez fijó la carátula legal del caso en “promoción a la corrupción de menores agravada por la condición de guardador”, el exgendarme abandonó esa ciudad.
Detenido. Un chip de celular que Genovese había comprado en 2006 se activó hace pocos meses en Misiones. Allí lo atraparon.
La historia, de ribetes cinematográficos, se remonta al año 2000, cuando el hombre que había estado 14 años en Inteligencia de Gendarmería, después de separarse de su esposa en Jesús María, emigró a Deán Funes donde se estableció con una mujer, madre de dos hijas y un varón.
El gendarme alquiló el hotel alojamiento Jaruko, ubicado sobre la ruta 60, en el ingreso a la ciudad de Deán Funes. Allí vivía con su nueva pareja y la hija más chica, por entonces de 9 años.
En enero de 2003 la mujer sorprendió a Genovese manoseando a su hija y de inmediato lo denunció en la fiscalía de Eduardo Gómez, según consta en la causa.
El fiscal dispuso su detención por el delito de abuso sexual agravado. El defensor del imputado planteó un recurso y la Cámara del Crimen de Cruz del Eje le concedió la excarcelación.
El fiscal se puso como loco al recibir la pericia psicológica de la menor, según la cual era abusada desde hacía tres años, además de obligarla a ver películas pornográficas.
“Estos hechos vividos, van a tener secuelas vitalicias. La sexualidad se inicia bajo el signo de la corrupción, de la sumisión de un débil por un fuerte, todo bajo la figura de un incesto”, se indicó en el informe que además alertaba de las secuelas “de una sexualidad pervertida”.
Con el contundente dictamen, el fiscal Gómez cambió la carátula del caso y acusó a Genovese por “promoción a la corrupción de menores agravada por la condición de guardador”, ordenando su inmediata captura.
Fuga
Pero alguien “alertó” al abogado de que su cliente iba a ser arrestado y cuando el hoy comisario mayor Omar Walter Ramírez, jefe de la Departamental Sobremonte, fue a buscarlo a Jesús María, el gendarme había desaparecido.
Ramírez tomó el caso como un desafío personal y a los pocos meses tuvo la certeza de que Genovese estaba en la ciudad de Posadas. “Allá ubicamos su Renault 18 azul en la casa de un hermano, pero a él no pudimos encontrarlo”, recuerda el investigador.
El fiscal y el comisario esperaron un año, hasta tener el dato de que Genovese estaba en Oberá.
Cuando Ramírez llegó a esa ciudad, no encontró ningún tipo de colaboración ni de la Policía local ni de Gendarmería. “Resultó evidente que lo protegían. Mientras estuvimos en Oberá nos controlaban a cada rato, y no nos quedó otra que volvernos”, recuerda.
“Además de escurridizo era un tipo pesado, años atrás cuando era gendarme, puso una bomba en un boliche de Jesús María y eso le costó la carrera”, revela el fiscal.
Consultas realizadas a distintos vecinos de Jesús María arrojaron que Genovese se aprovechaba porque su padre (ya fallecido) era el director de la Escuela de Gendarmería.
Corría el año 2006, cuando Ramírez se enteró de que el prófugo había alquilado un chip de celular. Ese dato quedó agendado por años y resultaría clave para dar con el acusado de corrupción de menores.
El 14 de febrero de 2014, una hija de Genovese presentó un pedido de sobreseimiento por prescripción. “Se equivocaron porque el delito que se le imputa tiene una pena de hasta 12 años de prisión y ese delito recién prescribiría en enero de 2015”, corrige Gómez.
Código rojo
Lo primero que hizo el fiscal para cercar al prófugo, fue comunicarse con la sede de Interpol en Lyon, Francia, y remitió un oficio del juez, logrando que Genovese fuera incluido en el “código rojo” y se lo considerara como un delincuente peligroso, por lo que su captura internacional era prioritaria.
Gómez también pidió información a la Administración Federal de Ingresos Públicos (Afip) de las cuentas bancarias que podría tener el gendarme y desde Migraciones le informaron que Genovese presentaba una salida por Paso de los Libres al sur de Brasil.
Ramírez intuía que el número de celular que había agendado en el 2006 podría ser de utilidad y por eso se pidió la intervención de la división Investigación de las Comunicaciones de la Jefatura de Policía.
Así se estableció que el teléfono se había activado de una antena ubicada en Montecarlo, provincia de Misiones. “Mensajes de texto y llamadas eran captadas por una antena que tenía un radio de cuatro kilómetros”, precisa Ramírez.
Se intervino la línea a través del Programa de Unificación y Métodos de Análisis (Puma) y el martes 23 de septiembre último, el jefe de la Departamental Sobremonte acompañado de dos investigadores, se instaló en Montecarlo.
El viernes 25, a las 9 de la mañana, los policías ubicaron a Genovese en una casa ubicada en el predio de un hotel alojamiento donde trabajaba.
El exgendarme se resistió y tuvieron que reducirlo y tirarlo al piso para inmovilizarlo y colocarle las esposas.
A los pocos minutos del procesamiento apareció en escena un hermano de Genovese, abogado y también de Gendarmería, quien exigió que no lo trasladaran a Córdoba porque tenía problemas cardíacos.
El prófugo fue puesto a disposición del juzgado de Instrucción N°1 de Eldorado y desde Deán Funes se remitió un exhorto para que sea trasladado a la provincia de Córdoba.
Los médicos forenses revisaron al detenido y diagnosticaron que no tenía ningún problema de salud. Ese mismo viernes a la noche, Ramírez, temeroso de que se hubiera tratado de una maniobra para demorar el traslado y organizar una fuga se comunicó con el jefe de Policía, Julio César Suárez, quien envió de inmediato a tres efectivos del grupo de elite Eter.
El sábado por la mañana, al salir a la calle rumbo al móvil que lo trasladaría a Córdoba y ver el despliegue policial, bajó la cabeza y se dio cuenta de que su suerte se había terminado.
Ya en Deán Funes, el fiscal ordenó su inmediato traslado a Bouwer.
El caso
Denuncia. En enero de 2003, la nueva pareja de Genovese se presentó en la Justicia de Deán Funes y denunció haber sorprendido al hombre mientras manoseaba a una de sus hijas, que en ese entonces tenía 12 años.
Prófugo. Cuando el fiscal Gómez fijó la carátula legal del caso en “promoción a la corrupción de menores agravada por la condición de guardador”, el exgendarme abandonó esa ciudad.
Detenido. Un chip de celular que Genovese había comprado en 2006 se activó hace pocos meses en Misiones. Allí lo atraparon.
Con información de
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