Quedaron filmados al robar 90 mil pesos de un salón del Círculo Católico de Obreros
Dos ladrones armados ingresaron el jueves a la mañana al histórico edificio del Círculo Católico de Obreros del Rosario, ubicado en Entre Ríos al 1200, y asaltaron las oficinas del salón de fiestas Syrah, que funcionan en el subsuelo de la propiedad. Tras retener a cinco empleados que trabajan en la carga y descarga de mercaderías, los maleantes se llevaron 90 mil pesos en efectivo. Pero no conformes con ese dinero, que había quedado en uno de los cajones del escritorio de una oficina, estuvieron 40 minutos a golpes de maza y cortafierros para tratar de sacar una caja de seguridad empotrada en la pared. "Boludo, te dije que trajeras la amoladora", dijo uno de los maleantes a su cómplice antes de preguntar ingenuamente a los empleados que ya habían sido maniatados: "¿Acá no tienen una amoladora?". Todo el robo fue tomado por buena parte de las 16 cámaras de videovigilancia que tiene el local donde la cara de al menos uno de los malhechores quedó expuesta.
"Lo importante es que no le pasó nada nadie. Lo negativo fue que en uno de los cajones de mi escritorio encontraron una cifra importante de dinero. Por descuido, nos había quedado una cifra importante para pagos y depósitos que no se pudieron hacer. Nos sustrajeron 90 mil pesos", explicó Arturo Milano, uno de los administradores del salón que desde hace 12 años funciona en los bajos del Círculo Cátolico de Obreros del Rosario.
Todo se desencadenó a las 9.20 de la mañana del jueves. En el salón de fiestas Syrah trabajaban cinco empleados, la mayoría de ellos en la carga y descarga de mercaderías. "Nosotros recién habíamos abierto y estábamos trabajando en carga y descarga. Un dato que nos llamó la atención es que 10 minutos antes llegó un muchacho con un tatuaje en el cuello que preguntó los horarios para acordar la contratación de un evento; y al rato entraron los delincuentes", explicó Milano.
Corte abrupto. "En el momento del robo yo estaba hablando por teléfono con una de las chicas de la oficina que cuando vio entrar al ladrón, me cortó inmediatamente y asustada. Entonces volví a llamar y no me atendió nadie. A los 40 minutos recibo una llamada de ellos, en medio de la angustia, diciéndome lo que había pasado. «Venite porque nos robaron y nos dejaron atados en la oficina y encerrados con llave»", rememoró el empresario.
A la hora señalada dos hombres, uno de ellos con una mochila, aprovecharon que la puerta del Círculo Católico de Obreros estaba abierta y ganaron el interior del inmenso edificio. Sin vacilar fueron directamente hacia la puerta del salón de fiestas que funciona en el subsuelo, como sabiendo claramente cual era su objetivo. Una vez dentro del local sacaron de la mochila una pistola y una escopeta tumbera de fabricación casera y comenzaron a juntar a los empleados del lugar. Eran un hombre de unos 40 años que daba las órdenes y un veinteañero que empuñaba la tumbera. Fueron hacia las oficinas del salón, ubicada en uno de los extremos del lugar, y allí comenzaron a encerrar a los empleados. "Los juntaron a todos en la oficina y les dijeron de manera muy prolija: «Sáquense los cordones de las zapatillas y atense las manos y los pies»", indicó Milano.
"El que manejaba la situación, que era un muchacho grande y llevaba una pistola calibre 9 milímetros, era el que más clara la tenía. Actuaba a cara descubierta, con total control de la situación. Después estaba el otro, que llevaba una tumbera y estaba tan nervioso que se le desarmaba a cada rato. Ese estaba más nervioso y era el que más preocupaba a los empleados", comentó Milano.
A poco de iniciado el golpe, los ladrones tuvieron su golpe de suerte. Revisando los cajones del escritorio hallaron 90 mil pesos en efectivo que estaban preparados para pagar a proveedores y realizar depósitos bancarios. No conforme con su fortuna, sacaron de la mochila una maza y un cortafierros y comenzaron a tratar de desmontar una caja de seguridad empotrada en la pared. Lo ideal para ellos hubiese sido utilizar una amoladora, pero no la habían llevado. "Uno de los ladrones se quedó golpeando la pared de la caja y el otro se fue a hacer de campana a la puerta. Entonces llegó un proveedor de embutidos, de los que no suele venir habitualmente, y el ladrón lo echó diciéndole: «Yo soy un albañil que está trabajando. Dejá todo ahí en el piso que los pibes ya lo entran»", recordó Milano.
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