Trump: Un escándalo que demuele su carrera

Domingo 09 de Octubre 2016

Durante toda la campaña hubo varios escándalos que embarraron a Donald Trump.
 
Dijo que los mexicanos inmigrantes eran “violadores” y “narcotraficantes”; criticó al padre de un soldado musulmán caído en combate; se burló de un periodista discapacitado; se supo que evitó pagar impuestos federales por 18 años y siempre salían noticias sobre sus comentarios machistas y degradantes contra las mujeres: las calificaba de 1 a 10, las maltrataba por ser “gordas” y las trataba como objetos.
Al electorado todo le resbalaba y el magnate seguía arriba en las encuestas. Pero este último escándalo es distinto a todos. Es demoledor para el candidato, surge el día anterior a un debate clave y puede hacerle perder la Casa Blanca.
El video logró el repudio inevitable de toda la elite republicana, que había aceptado con resignación la candidatura del magnate porque podía quitarle la presidencia a Hillary Clinton y soportado otros escándalos. Hasta su compañero de fórmula, Mike Pence, dijo esta vez que no lo iba a defender. Es inédito que clamen las voces pidiendo su renuncia. Incluso los que se quedan callados quedan pegados con vergüenza al millonario.
Sin embargo, esto va más allá de una ofendida burocracia partidaria. El video desnuda lo que muchos en las grandes urbes, las clases altas y educadas y los estados más progresistas como California o Nueva York, sospechaban sobre Trump. Pero en buena parte de la América Profunda, menos compleja y académica, con racismo y xenofobia latente, a Trump se lo veía como un “winner”, un ganador.
Los comentarios despectivos sobre las mujeres eran considerados “de vestuario”, típicas bromas machistas de varones, como justificó el candidato. Hasta las mujeres que apoyan a Trump en esos sitios decían que las barbaridades del candidato no les molestaban porque “todos los hombres son iguales”.
Pero en este video se ve a un Trump que sobrepasó un límite: ya no es el millonario que seduce a las modelos bonitas y “liberales” de Nueva York, aceptable en un mundo machista de aspirantes a “winners” de pelo batido. Es un acosador que se ufana de ponerle la mano en la entrepierna a cualquier mujer porque es una “estrella”.
Cualquier contacto con intención sexual no consentido en Estados Unidos es considerado abuso. Es un delito. Punto. Por eso, para mucha gente en la América Profunda, Trump deja de ser canchero para convertirse en un abusador. Este video rebasa los límites hasta de las mujeres del interior, pero también de los hombres: el granjero de Oklahoma, el tornero de Ohio y minero de West Virginia, lugares donde pisa fuerte Trump, piensan en sus esposas, en sus hijas. Los ultraconservadores cristianos que van a misa todos los domingos y apoyan al republicano ahora dudarán.
El electorado femenino (56% del padrón) es vital para ganar cualquier elección. La mayoría de las damas (alrededor del 60%) prefieren a Hillary. Pero este escándalo va más allá de las mujeres: tiene gran impacto en las bases del partido, también entre los hombres y es una señal demoledora para la conservadora América Profunda, donde reina el magnate.
 
 
Con información de Clarin

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