El rol del docente en el acoso escolar
Por:
Mariela Caputo
Sábado 07 de
Mayo 2022
Los modos de vincularse entre pares se miden por la interacción que se logra entre ellos, llevando a un niño o adolescente, a posicionarse en un rol en un grupo social en el que comparte muchísimas horas al día.
Los vínculos pueden ser de calidad, sinceros, duraderos, significativos y marcar su vida de una manera tanto positiva como negativa.
Un chiste, una cargada o una descalificación por parte de un par a otro, puede fomentar que un chico se sienta angustiado, ofendido y si esto se perpetúa en el tiempo, llegar a un nivel de sufrimiento y convertirse en situaciones de acoso escolar.
Desde un abordaje psico-socio-emocional, la persona que ejerce el bullying presenta un comportamiento menos inhibido y con mayor tendencia a generar respuestas impulsivas. Este tipo de comportamiento repercute en las actividades de la vida diaria que implican un proceso formal de toma de decisiones, afectando directamente a personas cercanas como un compañero de curso, transformándolo en una víctima.
¿Cómo actuar a tiempo y llegar a propiciar una acción preventiva desde el rol docente? Lo primero es trabajar con el grupo de estudiantes de un modo psicoeducativo. La psicoeducación es un modo de abordar ciertas problemáticas antes de que se instalen o sucedan, que permitirá ayudar a los chicos a modificar conductas, entender lo que les pasa a sus amigos estimulando la generación de empatía. Entre las intervenciones propuestas para realizar en el ámbito escolar con los niños se propone trabajar los pasos de la resolución de problemas, orientando a los chicos a reconocer un problema, y detectar una conducta inadecuada de un par o en sí mismos; con ejercicios de desarrollo de la empatía a través de cuentos, fábulas o videos cortos animados y el refuerzo positivo para motivar las buenas conductas, para generar la motivación para ser destacados por dichas acciones.
Tanto la comunidad educativa como las familias deben estar atentas a diversos signos de alarma que puede ayudar a identificar una característica de personalidad más abusiva. El niño o adolescente acosador, suele presentar un tipo de perfil en el que tienen tendencia a mostrarse irritables, aún en el hogar con los padres o hermanos. Entre las conductas observables a nivel cognitivo, suelen mostrar dificultades para manejar el control inhibitorio, por ende, pueden ser impulsivos a nivel verbal o motor. La falta de empatía se asocia a un déficit en las habilidades sociales, que por consecuencia genera la dificultad en la resolución de conflictos, empezando por costarles responsabilizarse de sus actos y tender a justificarlos y culpar a los demás. Utilizan un circuito o modelo de interacción con los demás basado en el dominio y la sumisión.
El niño acosado, también suele presentar un déficit en las habilidades sociales, ya que no logra tampoco regular su capacidad de autodefensa. Muchas veces no es consciente del acoso, ya que se posiciona en un lugar que se retroalimenta en un circuito interaccional inadecuado, que al mismo tiempo lo hace ser parte de “ese grupo” generando un rol que se instala y que lo mantiene en el sistema.
Para que una escuela brinde una adecuada educación afectiva debe apuntar a ser un espacio que construye estrategias didácticas para acompañar el desarrollo de la personalidad individual y social de sus estudiantes. La educación emocional es fundamental, incluirla al mismo nivel que los otros contenidos curriculares. El niño que hace bullying también necesita atención afectiva del maestro, para poder sentir la confianza de trasmitir sus estados emocionales, y anticipar una acción para que el adulto opere de mediador, y lograr frenar una acción inadecuada.
Toda la comunidad educativa debe estar consciente y comprometida acerca de la influencia que tienen estas dinámicas en la armonía emocional cotidiana e intervenir a tiempo.
Un chiste, una cargada o una descalificación por parte de un par a otro, puede fomentar que un chico se sienta angustiado, ofendido y si esto se perpetúa en el tiempo, llegar a un nivel de sufrimiento y convertirse en situaciones de acoso escolar.
Desde un abordaje psico-socio-emocional, la persona que ejerce el bullying presenta un comportamiento menos inhibido y con mayor tendencia a generar respuestas impulsivas. Este tipo de comportamiento repercute en las actividades de la vida diaria que implican un proceso formal de toma de decisiones, afectando directamente a personas cercanas como un compañero de curso, transformándolo en una víctima.
¿Cómo actuar a tiempo y llegar a propiciar una acción preventiva desde el rol docente? Lo primero es trabajar con el grupo de estudiantes de un modo psicoeducativo. La psicoeducación es un modo de abordar ciertas problemáticas antes de que se instalen o sucedan, que permitirá ayudar a los chicos a modificar conductas, entender lo que les pasa a sus amigos estimulando la generación de empatía. Entre las intervenciones propuestas para realizar en el ámbito escolar con los niños se propone trabajar los pasos de la resolución de problemas, orientando a los chicos a reconocer un problema, y detectar una conducta inadecuada de un par o en sí mismos; con ejercicios de desarrollo de la empatía a través de cuentos, fábulas o videos cortos animados y el refuerzo positivo para motivar las buenas conductas, para generar la motivación para ser destacados por dichas acciones.
Tanto la comunidad educativa como las familias deben estar atentas a diversos signos de alarma que puede ayudar a identificar una característica de personalidad más abusiva. El niño o adolescente acosador, suele presentar un tipo de perfil en el que tienen tendencia a mostrarse irritables, aún en el hogar con los padres o hermanos. Entre las conductas observables a nivel cognitivo, suelen mostrar dificultades para manejar el control inhibitorio, por ende, pueden ser impulsivos a nivel verbal o motor. La falta de empatía se asocia a un déficit en las habilidades sociales, que por consecuencia genera la dificultad en la resolución de conflictos, empezando por costarles responsabilizarse de sus actos y tender a justificarlos y culpar a los demás. Utilizan un circuito o modelo de interacción con los demás basado en el dominio y la sumisión.
El niño acosado, también suele presentar un déficit en las habilidades sociales, ya que no logra tampoco regular su capacidad de autodefensa. Muchas veces no es consciente del acoso, ya que se posiciona en un lugar que se retroalimenta en un circuito interaccional inadecuado, que al mismo tiempo lo hace ser parte de “ese grupo” generando un rol que se instala y que lo mantiene en el sistema.
Para que una escuela brinde una adecuada educación afectiva debe apuntar a ser un espacio que construye estrategias didácticas para acompañar el desarrollo de la personalidad individual y social de sus estudiantes. La educación emocional es fundamental, incluirla al mismo nivel que los otros contenidos curriculares. El niño que hace bullying también necesita atención afectiva del maestro, para poder sentir la confianza de trasmitir sus estados emocionales, y anticipar una acción para que el adulto opere de mediador, y lograr frenar una acción inadecuada.
Toda la comunidad educativa debe estar consciente y comprometida acerca de la influencia que tienen estas dinámicas en la armonía emocional cotidiana e intervenir a tiempo.

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