Raíces de la crisis: los desafíos de la Universidad en la Argentina

Por: Alieto A. Guadagni
Jueves 16 de Febrero 2023

Así como el diploma de la escuela secundaria se convirtió en el pasaporte para participar de la era industrial del siglo XX, hoy la educación universitaria es el requisito para ingresar en la era del conocimiento
El siglo XXI es el siglo del conocimiento, de la racionalidad científica y tecnológica, que contribuyen al cambio de las condiciones económicas y sociales. La innovación tecnológica, el espíritu empresarial, la armonía social y la ventaja competitiva de los pueblos dependen de la educación que expande su capital humano, que es más importante que el capital físico: según el Banco Mundial, el “valor del capital humano equivale a cuatro veces el valor del capital físico”.
 
El principio básico de la inclusión social es la igualdad de oportunidades para todos, más allá de las circunstancias de origen económico, étnico, social o de género. Como expreso Norberto Bobbio: “La mayor parte de las desigualdades son sociales y, como tanto, eliminables”, aunque lograr este objetivo exige un formidable esfuerzo político con amplio apoyo de la sociedad.”
 
El bajo nivel de conocimientos de nuestros alumnos viene siendo puesto en evidencia por pruebas internacionales. Los resultados de la prueba PISA (2018) ya habían evidenciado una situación crítica en lo que hace a los conocimientos de nuestros jóvenes. En América Latina, el nivel de conocimientos en matemática de nuestros adolescentes está por debajo de los niveles existentes en Chile, Uruguay, Costa Rica, Perú, Colombia y Brasil. Atrás nuestro, apenas están Panamá y República Dominicana
 
En este siglo el capital humano es más importante que el tradicional capital físico y los recursos naturales. Este capital humano es aportado esencialmente por la educación en todos los niveles y, en las últimas décadas, especialmente por la Universidad. Los cambios de este siglo identifican a la Universidad como la clave para un futuro próspero y con igualdad de oportunidades. Así como el diploma de la escuela secundaria se convirtió en el pasaporte para participar de la era industrial del siglo XX, hoy -un siglo después- la educación universitaria se ha convertido en el requisito para ingresar en la era del conocimiento del siglo XXI.
 
La Universidad argentina enfrenta tres desafíos: tiene pocos graduados, son pocos en las carreras científicas y tecnológicas, y tiene pocos estudiantes provenientes de hogares pobres. A pesar de la gratuidad generalizada de la Universidad pública, son pocos los graduados que provienen de hogares humildes. El siglo XIX fue el de la escuela primaria, el XX de la secundaria, mientras que este, que es el siglo de la ciencia y la tecnología, es el siglo de la Universidad. Por esta razón es grave que nos estemos quedando rezagados
 
Si tenemos en cuenta el tamaño de las poblaciones, nosotros matriculamos más estudiantes universitarios que los países latinoamericanos. Uno debería suponer que si tenemos más estudiantes deberíamos tener más graduados, pero no es así. Este rezago se ha acentuado en los últimos años, por ejemplo: Brasil y Chile vienen aumentando la graduación anual de sus estudiantes universitarios a un ritmo superior al nuestro.
 
Nuestra acumulación de capital humano calificado es insuficiente, porque incide negativamente una deserción universitaria muy alta. En América Latina esta deserción es menor en Cuba, Costa Rica, Ecuador, Chile, Brasil y México, donde alrededor de la mitad o más de los ingresantes concluyen su carrera universitaria, mientras que entre nosotros apenas la concluyen tres de cada diez ingresantes.
 
Condiciones de acceso
 
Recordemos que el ingreso a la Universidad es distinto en la Argentina que en la mayoría de los países del mundo, ya que entre nosotros legalmente rige el “ingreso irrestricto”. Pero el caso es que tenemos más estudiantes universitarios que muchos países, pero menos graduados, debido a la gran deserción por el pobre nivel educativo de los ingresantes. Nuestro sistema universitario es uno de los pocos que carece de una transición ordenada desde el ciclo secundario al universitario, ya que la mayoría de las naciones implementan exámenes estatales de evaluación de conocimientos al finalizar el ciclo secundario.
 
La ausencia de este tipo de exámenes generales al terminar la enseñanza media es una clara desventaja para nuestros alumnos, ya que deteriora el proceso de estudio en este nivel. Es común escuchar a nuestros profesores universitarios de primer año destacar las grandes deficiencias en la preparación de los estudiantes secundarios y la elevada deserción.
 
Este siglo se caracteriza por cambios basados en nuevas tecnologías que están levantando barreras entre “incluidos” y “excluidos”. Desigualdad y pobreza impulsan que sean muchos los que quedan marginados de los procesos educativos aptos para abrirles el nuevo mundo tecnológico.
 
Para avanzar en esta dirección y fortalecer la Universidad postulo cuatro propuestas de política educativa para el ámbito universitario.
 
1- Programa de becas para los alumnos de nivel terciario con escasos recursos económicos, principalmente en las carreras científicas y tecnológicas. Es interesante la experiencia del Fondo de Solidaridad (FSU), vigente en el Uruguay desde 1994. Los contribuyentes al FSU son los graduados en las instituciones universitarias públicas gratuitas. Este año la contribución anual es equivalente a 144 dólares, casi la cuarta parte de los graduados el año pasado han sido becados.
 
Los beneficiarios del FSU son los estudiantes uruguayos o extranjeros con residencia en Uruguay, que provengan de hogares que no cuenten con los ingresos suficientes para costear los gastos educativos necesarios para afrontar estudios terciarios. Esta beca mensual será este año de 289 dólares.
 
Para poder mantener el cobro de las becas los alumnos deben aprobar por los menos la mitad de las asignaturas del año. Las evidencias indican que los becados avanzan más rápido en sus carreras que lo que no tienen becas. Además, el FSU ha reducido la deserción universitaria de alumnos humildes.
 
Implantar en nuestro país un sistema de becas como el FSU permitiría beneficiar a la cuarta parte de los egresados anualmente en las universidades públicas. Pero si mejorara nuestro bajo nivel de graduación y, en consecuencia, aumentaran los contribuyentes futuros, las becas podrían llegar a beneficiar a más estudiantes. Si se concentran esas becas en las carreras científicas y tecnológicas se podría triplicar la actual escasa graduación anual en ciencias aplicadas y ciencias básicas, carreras que son cada vez más importantes. Todo esto, en un siglo caracterizado por rápidas transformaciones tecnológicas, que afectan el mundo laboral. La aplicación del FSU permitiría mejorar la inclusión social de nuestra universidad estatal, que a pesar de la gratuidad registra una reducida participación de alumnos de origen humilde.
 
2. Previo al ingreso a la Universidad pública o privada, aprobar un examen general secundario. Como el ENEM, en Brasil, y el PSU, en Chile, este examen también se aplicará a los estudiantes extranjeros. Serán públicos los resultados sintéticos por colegio, sin hacer conocer el puntaje de cada alumno.
 
3. Suministrar cada año información pública sobre las perspectivas laborales de todas las profesiones universitarias.
 
4. Evaluación del nivel de conocimientos de los graduados universitarios. Como el ENADE. de Brasil. Serán públicos los resultados sintéticos por facultad, sin hacer conocer el puntaje de cada egresado.
 
Con estas cuatro medidas no se resuelven todos los problemas de nuestra Universidad, pero sin ellas esa tarea sería mucho más difícil. El nuevo capital es el capital humano y ya es hora de fortalecerlo, promoviendo la inclusión social.
 
El autor es miembro de número de la Academia Nacional de Educación y director del Centro Educación Argentina de la Universidad de Belgrano.

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