El primer límite a Milei
Por:
Walter Curia
Miércoles 24 de
Abril 2024
La clase media marchó en defensa de la educación pública. El Presidente subestimó una movilización que fue masiva y ejemplar, de la misma gente que está soportando el ajuste. Convendría que escuche.
El Gobierno subestimó la marcha en defensa de las universidades. Podría ser el error más grosero de Javier Milei en su corta experiencia en el poder.
No sabemos si Milei llegó a esa conclusión motu proprio o persuadido por sus asesores. Ya en otras ocasiones el Presidente sorprendió con evaluaciones extrañas. El fracaso de la llamada ley ómnibus en Diputados cuando se encaminaba a una media sanción, para él fue una victoria. Desde entonces su gestión no ha logrado el acompañamiento del Congreso salvo en cuestiones protocolares, como la aprobación de un grupo de nuevos embajadores. Y debió esforzarse.
La movilización por las universidades y en rechazo de un ajuste presupuestario fue multitudinaria y transversal, política y sociológicamente. Decenas de miles de personas, 150 mil en Buenos Aires, según cálculos conservadores de la policía porteña, marcharon por las calles de las principales ciudades del país en defensa de la educación superior libre y gratuita.
Si hubiera que describir la composición social de la movilización hay que decir que su corazón fue de clase media. No fue el sujeto de una marcha de la CGT ni el de una marcha de los movimientos sociales, dos sectores que cargan con su desprestigio. Cualquiera que haya participado o incluso la haya seguido por TV lo habrá notado. Alumnos, docentes y graduados universitarios, en muchos casos padres e hijos. La educación, y en especial la educación superior, han sido el motor de la movilidad social ascendente, orgullo de generaciones de argentinos.
No es la primera vez que esto ocurre. Hace dos décadas, antes de la gran crisis y durante el gobierno de Fernando de la Rúa, el entonces ministro de Economía Ricardo López Murphy intentó un ajuste en el presupuesto educativo. Una masiva movilización sacó al ministro del Gobierno, apenas duró una semana en el cargo. Una mirada retrospectiva indica que hubiera sido plausible el recorte de 13% que proponía el hoy diputado porteño. El ajuste lo haría meses después, fatalmente, el mercado.
El lunes, en su mensaje al país por cadena nacional, Milei reconoció el “esfuerzo heroico” y la “entereza” con la que los argentinos están soportando su política de duro ajuste fiscal. No podría tener más razón. Si ese acompañamiento no alcanzara, la multitud que se movilizó ayer en defensa de un derecho consagrado en la Constitución Nacional lo hizo sin protagonizar ni el más mínimo incidente. Es la misma gente que está soportando una pérdida brutal del poder de su salario desde hace no menos de seis años, acentuada especialmente hoy. La marcha, además de una de las más masivas de la historia reciente, fue ejemplar. En una pradera seca, que prendería ante el menor chispazo.
El Gobierno se tomó de elementos marginales a la convocatoria para desprestigiarla. Las presencias entre la gente de funcionarios del gobierno pasado y la de connotados dirigentes de organizaciones de derechos humanos en la tribuna junto a los rectores de universidades nacionales fueron en algún sentido funcionales a la estrategia oficial. No representan, sin embargo, la movilización. Ellos mismos lo saben.
El Presidente se ha impuesto como objetivo excluyente la reducción del gasto público. Fue lo que celebró como un canto a sí mismo en la cadena del lunes. Por más necesario que resulte, y lo es, una gestión no puede reducirse a eso. Milei debería revisar la cadena de responsabilidades en el ministerio del que depende la secretaría de Educación y definir una política que contemple la a la comunidad educativa.
La clase media se pronunció. Es el primer límite. A Milei le convendría registrarlo.
No sabemos si Milei llegó a esa conclusión motu proprio o persuadido por sus asesores. Ya en otras ocasiones el Presidente sorprendió con evaluaciones extrañas. El fracaso de la llamada ley ómnibus en Diputados cuando se encaminaba a una media sanción, para él fue una victoria. Desde entonces su gestión no ha logrado el acompañamiento del Congreso salvo en cuestiones protocolares, como la aprobación de un grupo de nuevos embajadores. Y debió esforzarse.
La movilización por las universidades y en rechazo de un ajuste presupuestario fue multitudinaria y transversal, política y sociológicamente. Decenas de miles de personas, 150 mil en Buenos Aires, según cálculos conservadores de la policía porteña, marcharon por las calles de las principales ciudades del país en defensa de la educación superior libre y gratuita.
Si hubiera que describir la composición social de la movilización hay que decir que su corazón fue de clase media. No fue el sujeto de una marcha de la CGT ni el de una marcha de los movimientos sociales, dos sectores que cargan con su desprestigio. Cualquiera que haya participado o incluso la haya seguido por TV lo habrá notado. Alumnos, docentes y graduados universitarios, en muchos casos padres e hijos. La educación, y en especial la educación superior, han sido el motor de la movilidad social ascendente, orgullo de generaciones de argentinos.
No es la primera vez que esto ocurre. Hace dos décadas, antes de la gran crisis y durante el gobierno de Fernando de la Rúa, el entonces ministro de Economía Ricardo López Murphy intentó un ajuste en el presupuesto educativo. Una masiva movilización sacó al ministro del Gobierno, apenas duró una semana en el cargo. Una mirada retrospectiva indica que hubiera sido plausible el recorte de 13% que proponía el hoy diputado porteño. El ajuste lo haría meses después, fatalmente, el mercado.
El lunes, en su mensaje al país por cadena nacional, Milei reconoció el “esfuerzo heroico” y la “entereza” con la que los argentinos están soportando su política de duro ajuste fiscal. No podría tener más razón. Si ese acompañamiento no alcanzara, la multitud que se movilizó ayer en defensa de un derecho consagrado en la Constitución Nacional lo hizo sin protagonizar ni el más mínimo incidente. Es la misma gente que está soportando una pérdida brutal del poder de su salario desde hace no menos de seis años, acentuada especialmente hoy. La marcha, además de una de las más masivas de la historia reciente, fue ejemplar. En una pradera seca, que prendería ante el menor chispazo.
El Gobierno se tomó de elementos marginales a la convocatoria para desprestigiarla. Las presencias entre la gente de funcionarios del gobierno pasado y la de connotados dirigentes de organizaciones de derechos humanos en la tribuna junto a los rectores de universidades nacionales fueron en algún sentido funcionales a la estrategia oficial. No representan, sin embargo, la movilización. Ellos mismos lo saben.
El Presidente se ha impuesto como objetivo excluyente la reducción del gasto público. Fue lo que celebró como un canto a sí mismo en la cadena del lunes. Por más necesario que resulte, y lo es, una gestión no puede reducirse a eso. Milei debería revisar la cadena de responsabilidades en el ministerio del que depende la secretaría de Educación y definir una política que contemple la a la comunidad educativa.
La clase media se pronunció. Es el primer límite. A Milei le convendría registrarlo.
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