Los evacuados contienen la respiración ante la llegada del huracán ‘Milton’: “Helene’ nos abrió los ojos”
Miércoles 09 de
Octubre 2024
Millones de residentes de la zona de Tampa dejan sus viviendas para buscar refugio en zonas más seguras
El tiempo antes de un huracán siempre es un tiempo raro. Un tiempo suspendido, puesto en pausa, donde la gente, forzada al descanso, mira el reloj y espera el momento del desastre. Así lo siente Carla Cabanes, a quien nunca se le verá jugar dominó un miércoles por la tarde excepto este miércoles 9 de octubre, a la espera de que el huracán Milton acabe de pasar por Tampa, en Florida, por donde no atravesaba uno similar desde hace más de medio siglo. Tiene un caldo de viandas que preparó su esposo y mucho café, lo necesario para esperar “un huracán extremadamente peligroso”, según lo calificó el Centro Nacional de Huracanes.
El lunes, en su centro de trabajo, le pidieron que no regresara hasta nuevo aviso. Se fue a casa, compró todo lo que hacía falta en Walmart y Billy’s y, aunque la zona en la que vive no es una zona de evacuación, aseguró las ventanas y puertas con madera porque tiene miedo tras ver, hace pocas semanas, el desastre que dejó Helene. “Esa tormenta dejó bastantes estragos, sobre todo en áreas de evacuaciones, hubo casas que lo perdieron todo, incluyendo los carros, hubo penetración del mar de hasta siete pies de altura. Y cuando ya estábamos pasando eso, pues llega la noticia de Milton”, cuenta por teléfono desde su casa en Town ‘N’ Country, al norte de Tampa.
No ha tocado tierra y Milton tiene atemorizada a casi toda la Florida, sobre todo a los vecinos de Tampa, Sarasota y Fort Myers, a los meteorólogos y a los que informan del parte del tiempo. Ha jugado incluso con el ánimo de la gente: se anunció como categoría cinco, dio un respiro cuando bajó a cuatro, pero volvió a subir y se espera que llegue a la costa occidental de Florida al menos con categoría 3. Tiene vientos máximos sostenidos de casi 250 km/h con fuertes ráfagas y, de acuerdo con el Centro, las comunidades costeras enfrentan una marejada ciclónica “potencialmente mortal”. Cerca de la medianoche Milton arribará al Estado del Sol.
Adriana Novoa, una profesora argentina de Historia en la Universidad del Sur de la Florida, abandonó su casa en New Tampa el lunes y salió por carretera rumbo a un hotel en Georgia, que tiene previsto abandonar el viernes. Aunque su zona no tiene orden de evacuación, en 2017 vivió una experiencia con el huracán Irma que no le gustaría repetir. “Esa vez decidimos salir a último momento y fue una pesadilla, no había ningún lugar donde pudiéramos quedarnos, fue una experiencia muy difícil”, asegura. Como casi todos los floridanos, Novoa está impactada por los pronósticos de Milton, pero no le parece una rareza ni algo de lo que la naturaleza no esté avisando desde hace tiempo. “Era obvio que íbamos a tener una mala temporada porque el agua del Golfo está hirviendo. Cada año hemos tenido amenazas de tormentas mayores, eso no sucedía antes con esta frecuencia”, dice en conversación telefónica.
Está segura de que el cambio climático es algo serio y sin embargo parece importarle muy poco a los gobiernos. Como profesora universitaria, Novoa cuenta que le han prohibido hablar de cambio climático. “Para mí esto es muy enervante. En la universidad nosotros no podemos hablar de cambio climático, ni ponerlo por escrito ni nada, es como que no existe oficialmente, al menos en la universidad. Yo enseño en una estatal y no se habla de eso, no existe, estamos en una época de censura. No hay consciencia de evitar las construcciones que se hacen en Florida cerca del agua”, dice.
También le preocupa el tiempo que vendrá después del desastre y quiénes estarán a cargo de la recuperación en un Estado cuyo gobierno ha arremetido particularmente contra los inmigrantes, quienes muchas veces cargan con las labores de construcción. “Va a ser difícil conseguir gente que trabaje y reconstruya. Nuestro gobernador asustó a la gente ilegal, muchos se han ido de Florida y eso puede ser un problema para conseguir mano de obra”.
El Centro de Huracanes lo ha dicho de forma clara: Milton “tiene el potencial de ser uno de los huracanes más destructivos registrados para el centro-oeste de Florida”. Comunidades enteras podrían quedar inundadas. La Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) comunicó que las inundaciones que causará “serán mortales” y recomendó que cuando comience la tormenta las personas no abandonen “el lugar de refugio, ya que las condiciones para conducir serán imposibles”.
Si la tormenta pasa cerca o justo al norte de la Bahía de Tampa, las olas podrían ser de entre 8 y 12 pies de altura. Por eso Guillermo Santana agarró su auto y se marchó con su pareja de San Petersburgo, una ciudad situada entre la bahía y el golfo de México, y que tuvo orden de evacuación. Les tomó cinco horas poder salir del Estado.
“Aquello parecía un oeste. Gente con trailers, con botes, nunca en mi vida había visto ese tráfico, una fila de casi una milla con carros para echar gasolina. Pero la tormenta Helene nos abrió los ojos. Por eso recogí todo, lo dejé todo limpio, nada que pueda volar. Este año también decidimos asegurar las ventanas de impacto”.
Ahora mismo todo lo que queda es esperar la trayectoria y el después de Milton, un huracán que podría dejar muchos más daños que Helene, que cobró la vida a más de 200 personas y fue declarado el más mortífero desde Katrina en 2005. Estimaciones de BMO Capital Markets dicen que las pérdidas podrían rebasar los 75.000 millones de dólares.
El lunes, en su centro de trabajo, le pidieron que no regresara hasta nuevo aviso. Se fue a casa, compró todo lo que hacía falta en Walmart y Billy’s y, aunque la zona en la que vive no es una zona de evacuación, aseguró las ventanas y puertas con madera porque tiene miedo tras ver, hace pocas semanas, el desastre que dejó Helene. “Esa tormenta dejó bastantes estragos, sobre todo en áreas de evacuaciones, hubo casas que lo perdieron todo, incluyendo los carros, hubo penetración del mar de hasta siete pies de altura. Y cuando ya estábamos pasando eso, pues llega la noticia de Milton”, cuenta por teléfono desde su casa en Town ‘N’ Country, al norte de Tampa.
No ha tocado tierra y Milton tiene atemorizada a casi toda la Florida, sobre todo a los vecinos de Tampa, Sarasota y Fort Myers, a los meteorólogos y a los que informan del parte del tiempo. Ha jugado incluso con el ánimo de la gente: se anunció como categoría cinco, dio un respiro cuando bajó a cuatro, pero volvió a subir y se espera que llegue a la costa occidental de Florida al menos con categoría 3. Tiene vientos máximos sostenidos de casi 250 km/h con fuertes ráfagas y, de acuerdo con el Centro, las comunidades costeras enfrentan una marejada ciclónica “potencialmente mortal”. Cerca de la medianoche Milton arribará al Estado del Sol.
Adriana Novoa, una profesora argentina de Historia en la Universidad del Sur de la Florida, abandonó su casa en New Tampa el lunes y salió por carretera rumbo a un hotel en Georgia, que tiene previsto abandonar el viernes. Aunque su zona no tiene orden de evacuación, en 2017 vivió una experiencia con el huracán Irma que no le gustaría repetir. “Esa vez decidimos salir a último momento y fue una pesadilla, no había ningún lugar donde pudiéramos quedarnos, fue una experiencia muy difícil”, asegura. Como casi todos los floridanos, Novoa está impactada por los pronósticos de Milton, pero no le parece una rareza ni algo de lo que la naturaleza no esté avisando desde hace tiempo. “Era obvio que íbamos a tener una mala temporada porque el agua del Golfo está hirviendo. Cada año hemos tenido amenazas de tormentas mayores, eso no sucedía antes con esta frecuencia”, dice en conversación telefónica.
Está segura de que el cambio climático es algo serio y sin embargo parece importarle muy poco a los gobiernos. Como profesora universitaria, Novoa cuenta que le han prohibido hablar de cambio climático. “Para mí esto es muy enervante. En la universidad nosotros no podemos hablar de cambio climático, ni ponerlo por escrito ni nada, es como que no existe oficialmente, al menos en la universidad. Yo enseño en una estatal y no se habla de eso, no existe, estamos en una época de censura. No hay consciencia de evitar las construcciones que se hacen en Florida cerca del agua”, dice.
También le preocupa el tiempo que vendrá después del desastre y quiénes estarán a cargo de la recuperación en un Estado cuyo gobierno ha arremetido particularmente contra los inmigrantes, quienes muchas veces cargan con las labores de construcción. “Va a ser difícil conseguir gente que trabaje y reconstruya. Nuestro gobernador asustó a la gente ilegal, muchos se han ido de Florida y eso puede ser un problema para conseguir mano de obra”.
El Centro de Huracanes lo ha dicho de forma clara: Milton “tiene el potencial de ser uno de los huracanes más destructivos registrados para el centro-oeste de Florida”. Comunidades enteras podrían quedar inundadas. La Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) comunicó que las inundaciones que causará “serán mortales” y recomendó que cuando comience la tormenta las personas no abandonen “el lugar de refugio, ya que las condiciones para conducir serán imposibles”.
Si la tormenta pasa cerca o justo al norte de la Bahía de Tampa, las olas podrían ser de entre 8 y 12 pies de altura. Por eso Guillermo Santana agarró su auto y se marchó con su pareja de San Petersburgo, una ciudad situada entre la bahía y el golfo de México, y que tuvo orden de evacuación. Les tomó cinco horas poder salir del Estado.
“Aquello parecía un oeste. Gente con trailers, con botes, nunca en mi vida había visto ese tráfico, una fila de casi una milla con carros para echar gasolina. Pero la tormenta Helene nos abrió los ojos. Por eso recogí todo, lo dejé todo limpio, nada que pueda volar. Este año también decidimos asegurar las ventanas de impacto”.
Ahora mismo todo lo que queda es esperar la trayectoria y el después de Milton, un huracán que podría dejar muchos más daños que Helene, que cobró la vida a más de 200 personas y fue declarado el más mortífero desde Katrina en 2005. Estimaciones de BMO Capital Markets dicen que las pérdidas podrían rebasar los 75.000 millones de dólares.
Con información de
El País
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