Israel causa más de 30 muertos en Líbano tras sumarse Hezbolá a la guerra
Lunes 02 de
Marzo 2026
La milicia libanesa lanza sus primeros proyectiles desde 2024 contra el país vecino en represalia por matar al líder supremo iraní
Hezbolá ha entrado en escena en la madrugada de este lunes con el lanzamiento de tres proyectiles contra el norte de Israel en venganza por haber matado al líder supremo iraní, Alí Jameneí, al inicio de su campaña bélica mano a mano con Estados Unidos, este domingo. Es el primer lanzamiento desde el alto el fuego que puso fin en 2024 a los dos meses de guerra que libraron y durante el que Israel ha seguido bombardeando casi a diario. Aunque ninguno de los proyectiles causó heridos o daños, el jefe del Estado Mayor de Israel, Eyal Zamir, advirtió de que la milicia “pagará un alto precio”. La aviación israelí comenzó a bombardear el sur de Líbano y la capital, Beirut.
El Ministerio de Sanidad cifra esta mañana los muertos en 31, mientras Zamir advierte de que vienen ”muchos días de combate” y el presidente de Líbano, Joseph Aoun, carga tanto contra Israel como contra la milicia chií, por inmiscuir el país en guerras en las que “no tiene nada que ver”. Mientras tanto, el ejército de Israel ha ordenado esta mañana a los habitantes de 53 localidades en el sur del Líbano y la Bekaa que las abandonen y permanezcan alejados al menos a un kilómetro de distancia.
Los bombardeos, hasta de una decena de Dahiye (los suburbios chiíes de Beirut, considerados feudo de Hezbolá y hogar de 700.000 residentes), generaron el miedo entre la población, con gente huyendo ante la previsible escalada. También en el sur, donde una portavoz castrense israelí ha exigido la evacuación de una cincuentena de municipios libaneses. Ello ha generado atascos en las salidas hacia el norte, con interminables hileras de vehículos colapsados en las intersecciones y ciudadanos que invierten horas en avanzar tramos cortos ante el sonido de las bombas.
Al anunciar el ataque desde Líbano, las Fuerzas Armadas de Israel no precisaron inicialmente si era obra de la debilitada milicia aliada de Teherán o de grupos armados palestinos en Líbano. Sí lo hizo a los medios locales un mando de seguridad israelí, que advertía de que la represalia sería dura.
Poco después, Hezbolá reivindicó el ataque en un comunicado en el que daba cuenta de “una andanada de misiles avanzados y una ráfaga de drones” contra un sistema de defensa antimisiles al sur de la ciudad de Haifa, en el norte de Israel. Añadió que se trata de su “represalia” por el bombardeo que mató a Jameneí, “en defensa del Líbano y su pueblo y en respuesta a los repetidos ataques israelíes”. “El enemigo israelí no puede continuar su agresión, que ya dura 15 meses, sin una respuesta de advertencia para detenerla y retirarse de los territorios libaneses ocupados. Esta respuesta es un acto legítimo de legítima defensa”, señaló.
El jefe del Estado Mayor de Israel, Eyal Zamir, ordenó entonces los “preparativos para la continuación de la actividad ofensiva y defensiva” e hizo “plenamente responsable de cualquier escalada” a Hezbolá por “iniciar una campaña” contra Israel. “Las tropas se han preparado para un escenario así [...] Cualquier enemigo que amenace nuestra seguridad pagará un alto precio; no permitiremos que el pueblo de Israel ni nuestra frontera norte sufran ningún daño”.
A diferencia de la guerra de 12 días del pasado de Israel contra Irán, en la que permaneció al margen, Hezbolá ingresa ahora a la batalla. Lo hace pese a las presiones internas, con un Gobierno creado el año pasado que ha declarado el objetivo de desarmar a la milicia chií, y a las amenazas externas: Israel advirtió en las últimas semanas al Ejecutivo de Beirut de que, si sucedía, bombardearía infraestructuras, incluido el único aeropuerto en funcionamiento.
Un país “arrastrado a nuevas aventuras”
El presidente Aoun ya subrayó el domingo —al comenzar la ofensiva contra Irán— que la potestad de “ir a la guerra o a la paz corresponde exclusivamente al Estado libanés”. El primer ministro libanés, Nawaf Salam, se ha pronunciado en la misma línea tras el lanzamiento de los cohetes contra Israel. Lo ha calificado de “acto irresponsable” que “pone en peligro la seguridad e integridad del Líbano y da a Israel pretextos para continuar sus ataques contra el país”. “No permitiremos que el país se vea arrastrado a nuevas aventuras y tomaremos todas las medidas necesarias para detener a los autores y proteger al pueblo libanés”, escribió.
Horas antes de que Hezbolá diera el paso de meterse en la guerra, el Alto Consejo de Defensa de Líbano se había reunido el domingo en el Palacio Presidencial para ahondar en ese mensaje. El Consejo, que concentra las principales carteras ministeriales del Gobierno, trató de proyectar una imagen de unidad y de rechazo a la idea de participar en el conflicto. Pero los esfuerzos del ejecutivo, que durante semanas ha tratado de convencer a la organización armada, han sido en vano.
Este lunes, algunos de los líderes tradicionales de Líbano han protestado por las acciones de Hezbolá. El druso Walid Jumblat, antiguo dirigente del Partido Socialista Progresista, ha pedido en un comunicado que el país se mantenga “neutral” ante la “inmensa confrontación que tiene lugar en la región”, y ha advertido de que “lanzar cohetes no nos traerá nada más que más sangre y destrucción”. Gebran Bassil, mandatario cristiano del Movimiento Patriótico Libre, ha rechazado que la tierra de Líbano “esté al servicio de Israel o de Irán”, y ha llevado su crítica un paso más allá al objetar el frente que la milicia proiraní abrió sobre Israel en octubre de 2023, en supuesta solidaridad con Gaza: “Ya advertimos [que aquello] solo nos traería destrucción (...) sin ser capaces de salvar a la Franja, y eso es lo que ha pasado”. En esta ocasión, dice: “Tampoco podremos salvar a Irán”.
Naim Qassem, el líder de Hezbolá tras el asesinato por Israel de Hasan Nasrala, ha calificado de “criminal y tiránica” la campaña bélica contra Irán de EE UU e Israel, pero se mostró ambiguo sobre si saldría en defensa de su principal proveedor de fondos y armamento.
Al final, la amenaza existencial que para esta formación supone el posible derrocamiento de la República Islámica ha terminado por decantar la balanza. El precio podría ser muy alto: varias informaciones no confirmadas especulan este lunes que los bombardeos sobre los suburbios beirutíes habrían provocado la muerte de Qassem y de otros dirigentes de Hezbolá, incluyendo el líder de su bloque parlamentario, Mohamad Raad.
Aunque sea en espacios privados, también algunos ciudadanos chiíes expresan su desencanto con la decisión de Hezbolá, una formación que también ofrece servicios sociales en los municipios donde los que profesan esa confesión son mayoría. Desde el alto el fuego firmado en noviembre de 2024 con Israel, que a la práctica solo ha regido sobre el lado libanés, el ejército israelí ha mantenido la ocupación de seis enclaves fronterizos y bombardeos casi diarios en los territorios controlados por Hezbolá. Ahora, tras 15 meses de ataques contra sus comunidades, muchos seguidores del grupo ven con incomodidad que la organización no haya actuado hasta que la República Islámica esté en peligro, algo que les hace sentir —a ellos y al resto de los libaneses— que los intereses de Irán prevalecen por delante de los suyos.
Las hostilidades, que Israel siempre vincula con miembros o objetivos de la milicia, mantienen alejadas de sus casas a decenas de miles de personas que esperaban reconstruir sus vidas con la llegada de la tregua. También han matado durante el cese a centenares de libaneses. Muchos, supuestamente afiliados a Hezbolá o a Hamás. Pero más de 130, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, eran civiles desvinculados de la lucha armada.
El Ministerio de Sanidad cifra esta mañana los muertos en 31, mientras Zamir advierte de que vienen ”muchos días de combate” y el presidente de Líbano, Joseph Aoun, carga tanto contra Israel como contra la milicia chií, por inmiscuir el país en guerras en las que “no tiene nada que ver”. Mientras tanto, el ejército de Israel ha ordenado esta mañana a los habitantes de 53 localidades en el sur del Líbano y la Bekaa que las abandonen y permanezcan alejados al menos a un kilómetro de distancia.
Los bombardeos, hasta de una decena de Dahiye (los suburbios chiíes de Beirut, considerados feudo de Hezbolá y hogar de 700.000 residentes), generaron el miedo entre la población, con gente huyendo ante la previsible escalada. También en el sur, donde una portavoz castrense israelí ha exigido la evacuación de una cincuentena de municipios libaneses. Ello ha generado atascos en las salidas hacia el norte, con interminables hileras de vehículos colapsados en las intersecciones y ciudadanos que invierten horas en avanzar tramos cortos ante el sonido de las bombas.
Al anunciar el ataque desde Líbano, las Fuerzas Armadas de Israel no precisaron inicialmente si era obra de la debilitada milicia aliada de Teherán o de grupos armados palestinos en Líbano. Sí lo hizo a los medios locales un mando de seguridad israelí, que advertía de que la represalia sería dura.
Poco después, Hezbolá reivindicó el ataque en un comunicado en el que daba cuenta de “una andanada de misiles avanzados y una ráfaga de drones” contra un sistema de defensa antimisiles al sur de la ciudad de Haifa, en el norte de Israel. Añadió que se trata de su “represalia” por el bombardeo que mató a Jameneí, “en defensa del Líbano y su pueblo y en respuesta a los repetidos ataques israelíes”. “El enemigo israelí no puede continuar su agresión, que ya dura 15 meses, sin una respuesta de advertencia para detenerla y retirarse de los territorios libaneses ocupados. Esta respuesta es un acto legítimo de legítima defensa”, señaló.
El jefe del Estado Mayor de Israel, Eyal Zamir, ordenó entonces los “preparativos para la continuación de la actividad ofensiva y defensiva” e hizo “plenamente responsable de cualquier escalada” a Hezbolá por “iniciar una campaña” contra Israel. “Las tropas se han preparado para un escenario así [...] Cualquier enemigo que amenace nuestra seguridad pagará un alto precio; no permitiremos que el pueblo de Israel ni nuestra frontera norte sufran ningún daño”.
A diferencia de la guerra de 12 días del pasado de Israel contra Irán, en la que permaneció al margen, Hezbolá ingresa ahora a la batalla. Lo hace pese a las presiones internas, con un Gobierno creado el año pasado que ha declarado el objetivo de desarmar a la milicia chií, y a las amenazas externas: Israel advirtió en las últimas semanas al Ejecutivo de Beirut de que, si sucedía, bombardearía infraestructuras, incluido el único aeropuerto en funcionamiento.
Un país “arrastrado a nuevas aventuras”
El presidente Aoun ya subrayó el domingo —al comenzar la ofensiva contra Irán— que la potestad de “ir a la guerra o a la paz corresponde exclusivamente al Estado libanés”. El primer ministro libanés, Nawaf Salam, se ha pronunciado en la misma línea tras el lanzamiento de los cohetes contra Israel. Lo ha calificado de “acto irresponsable” que “pone en peligro la seguridad e integridad del Líbano y da a Israel pretextos para continuar sus ataques contra el país”. “No permitiremos que el país se vea arrastrado a nuevas aventuras y tomaremos todas las medidas necesarias para detener a los autores y proteger al pueblo libanés”, escribió.
Horas antes de que Hezbolá diera el paso de meterse en la guerra, el Alto Consejo de Defensa de Líbano se había reunido el domingo en el Palacio Presidencial para ahondar en ese mensaje. El Consejo, que concentra las principales carteras ministeriales del Gobierno, trató de proyectar una imagen de unidad y de rechazo a la idea de participar en el conflicto. Pero los esfuerzos del ejecutivo, que durante semanas ha tratado de convencer a la organización armada, han sido en vano.
Este lunes, algunos de los líderes tradicionales de Líbano han protestado por las acciones de Hezbolá. El druso Walid Jumblat, antiguo dirigente del Partido Socialista Progresista, ha pedido en un comunicado que el país se mantenga “neutral” ante la “inmensa confrontación que tiene lugar en la región”, y ha advertido de que “lanzar cohetes no nos traerá nada más que más sangre y destrucción”. Gebran Bassil, mandatario cristiano del Movimiento Patriótico Libre, ha rechazado que la tierra de Líbano “esté al servicio de Israel o de Irán”, y ha llevado su crítica un paso más allá al objetar el frente que la milicia proiraní abrió sobre Israel en octubre de 2023, en supuesta solidaridad con Gaza: “Ya advertimos [que aquello] solo nos traería destrucción (...) sin ser capaces de salvar a la Franja, y eso es lo que ha pasado”. En esta ocasión, dice: “Tampoco podremos salvar a Irán”.
En defensa de Teherán
Naim Qassem, el líder de Hezbolá tras el asesinato por Israel de Hasan Nasrala, ha calificado de “criminal y tiránica” la campaña bélica contra Irán de EE UU e Israel, pero se mostró ambiguo sobre si saldría en defensa de su principal proveedor de fondos y armamento.
Al final, la amenaza existencial que para esta formación supone el posible derrocamiento de la República Islámica ha terminado por decantar la balanza. El precio podría ser muy alto: varias informaciones no confirmadas especulan este lunes que los bombardeos sobre los suburbios beirutíes habrían provocado la muerte de Qassem y de otros dirigentes de Hezbolá, incluyendo el líder de su bloque parlamentario, Mohamad Raad.
Aunque sea en espacios privados, también algunos ciudadanos chiíes expresan su desencanto con la decisión de Hezbolá, una formación que también ofrece servicios sociales en los municipios donde los que profesan esa confesión son mayoría. Desde el alto el fuego firmado en noviembre de 2024 con Israel, que a la práctica solo ha regido sobre el lado libanés, el ejército israelí ha mantenido la ocupación de seis enclaves fronterizos y bombardeos casi diarios en los territorios controlados por Hezbolá. Ahora, tras 15 meses de ataques contra sus comunidades, muchos seguidores del grupo ven con incomodidad que la organización no haya actuado hasta que la República Islámica esté en peligro, algo que les hace sentir —a ellos y al resto de los libaneses— que los intereses de Irán prevalecen por delante de los suyos.
Las hostilidades, que Israel siempre vincula con miembros o objetivos de la milicia, mantienen alejadas de sus casas a decenas de miles de personas que esperaban reconstruir sus vidas con la llegada de la tregua. También han matado durante el cese a centenares de libaneses. Muchos, supuestamente afiliados a Hezbolá o a Hamás. Pero más de 130, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, eran civiles desvinculados de la lucha armada.
Con información de
El País
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