El 53% de los docentes son hijos de padres sin secundaria
Jueves 01 de
Octubre 2015
Y solo el 19,3% viene de hogares que alcanzaron un título de nivel superior. Cada vez más, la profesión es elegida por los sectores medios bajos como un camino de ascenso social.
Un maestro es, entre otras cosas, un promotor de la cultura: el encargado de acercar a sus alumnos la literatura, las artes, las grandes ideas. ¿Qué pasa, entonces, cuando un futuro maestro se cría en un hogar sin libros, con poco acceso a los bienes culturales? Algo así sucede en la Argentina: el 53,7% de los docentes pertenecen a familias cuyos padres no terminaron la escuela.
El dato surge del Censo Docente 2014, que relevó a todos los docentes del sistema educativo, menos los universitarios. Según el Censo, apenas el 19,3% de los educadores son hijos de padres con educación superior completa, mientras que el 10,4% tienen padres sin título primario; la mayoría (42,8%) llegaron a terminar la primaria o a una secundaria incompleta.
Pero hay disparidades: en Capital, solo el 33,5% de los docentes tienen padres que no terminaron la escuela, mientras que la cifra supera el 64% en Chaco, Formosa y Jujuy, las tres provincias donde se registra el mayor “salto educativo” entre los maestros y sus padres.
Según los expertos, este dato ratifica que la mayoría de los docentes surgen de los sectores medios bajos, y ya no de la clase media, como sucedía antes, tras un largo proceso de “proletarización” y caída del salario desde los años 80. Muchos candidatos se acercan ahora a la enseñanza porque ven en ella una opción de progreso económico. Otra nueva tendencia es la elección de la profesión de manera “transitoria”, mientras se estudia otra carrera.
“La formación docente funcionaría como promesa de ascenso social para los sectores medios bajos y bajos”, plantea el reconocido sociólogo Emilio Tenti Fanfani, a partir de una investigación que realizó para el Instituto Nacional de Formación Docente. Tenti Fanfani explica que “los años de escolaridad promedio del padre y de la madre expresan el lugar que ocupaba la generación anterior en la estructura social”. Y agrega: “El clima educativo del hogar se asocia con la transmisión de un capital cultural desigual que constituye la base para los procesos posteriores de aprendizaje”.
El cambio en el perfil de los docentes también es reconocido por Juan Carlos Tedesco, investigador de la UNSAM y ex ministro de Educación. “El magisterio fue la primera puerta de entrada al mercado de trabajo para las mujeres de clase media y media alta. Luego se fueron ampliando las posibilidades y el magisterio empezó a competir con otras opciones. En simultáneo, con la universalización de la educación, la docencia se convirtió en una profesión de masas. Este proceso no se acompañó con condiciones de trabajo dignas; el salario docente fue la variable de ajuste. El resultado: la profesión empezó a ser elegida por jóvenes de origen social y perfil educativo más modesto”, afirma Tedesco, compilador del reciente La educación argentina hoy (Siglo XXI y Fundación OSDE).
El avance educativo de los maestros con respecto a sus padres no es un fenómeno exclusivo de esta profesión sino que responde a la ampliación de la escuela secundaria en los últimos 30 años. “Que la mayoría de los docentes sean hijos de padres sin secundaria no es ni bueno ni malo –señala Axel Rivas, investigador de Cippec–. Lo que debe preocupar es por qué aspiran a la docencia: ¿porque es un trabajo profesional especializado o porque es un empleo seguro? ¿Porque van a formarse en instituciones rigurosas o porque es una carrera no tan difícil con salida laboral?”.
Para Elena Duro, especialista en educación de Unicef, “la tensión que podría inferirse de este dato es el tema del capital cultural que posean los docentes y su incidencia en la transmisión de la cultura, en un sistema educativo que aparece como reproductor de desigualdades”. Existen, de todos modos, diferentes formas de “apropiarse” del capital cultural: no solo la vida familiar, sino también los consumos culturales y la educación formal. La experta afirma que los docentes “suelen estar actualizados, asisten a cursos de formación mucho más que en otras profesiones” y recomienda “incentivar los consumos culturales” entre los educadores.
Alguno interpretará estas cifras con nostalgia, pero no todo tiempo pasado fue mejor: hace 10 años, el porcentaje de docentes cuyos padres no habían terminado la escuela ascendía al 60%.
El dato surge del Censo Docente 2014, que relevó a todos los docentes del sistema educativo, menos los universitarios. Según el Censo, apenas el 19,3% de los educadores son hijos de padres con educación superior completa, mientras que el 10,4% tienen padres sin título primario; la mayoría (42,8%) llegaron a terminar la primaria o a una secundaria incompleta.
Pero hay disparidades: en Capital, solo el 33,5% de los docentes tienen padres que no terminaron la escuela, mientras que la cifra supera el 64% en Chaco, Formosa y Jujuy, las tres provincias donde se registra el mayor “salto educativo” entre los maestros y sus padres.
Según los expertos, este dato ratifica que la mayoría de los docentes surgen de los sectores medios bajos, y ya no de la clase media, como sucedía antes, tras un largo proceso de “proletarización” y caída del salario desde los años 80. Muchos candidatos se acercan ahora a la enseñanza porque ven en ella una opción de progreso económico. Otra nueva tendencia es la elección de la profesión de manera “transitoria”, mientras se estudia otra carrera.
“La formación docente funcionaría como promesa de ascenso social para los sectores medios bajos y bajos”, plantea el reconocido sociólogo Emilio Tenti Fanfani, a partir de una investigación que realizó para el Instituto Nacional de Formación Docente. Tenti Fanfani explica que “los años de escolaridad promedio del padre y de la madre expresan el lugar que ocupaba la generación anterior en la estructura social”. Y agrega: “El clima educativo del hogar se asocia con la transmisión de un capital cultural desigual que constituye la base para los procesos posteriores de aprendizaje”.
El cambio en el perfil de los docentes también es reconocido por Juan Carlos Tedesco, investigador de la UNSAM y ex ministro de Educación. “El magisterio fue la primera puerta de entrada al mercado de trabajo para las mujeres de clase media y media alta. Luego se fueron ampliando las posibilidades y el magisterio empezó a competir con otras opciones. En simultáneo, con la universalización de la educación, la docencia se convirtió en una profesión de masas. Este proceso no se acompañó con condiciones de trabajo dignas; el salario docente fue la variable de ajuste. El resultado: la profesión empezó a ser elegida por jóvenes de origen social y perfil educativo más modesto”, afirma Tedesco, compilador del reciente La educación argentina hoy (Siglo XXI y Fundación OSDE).
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Para Elena Duro, especialista en educación de Unicef, “la tensión que podría inferirse de este dato es el tema del capital cultural que posean los docentes y su incidencia en la transmisión de la cultura, en un sistema educativo que aparece como reproductor de desigualdades”. Existen, de todos modos, diferentes formas de “apropiarse” del capital cultural: no solo la vida familiar, sino también los consumos culturales y la educación formal. La experta afirma que los docentes “suelen estar actualizados, asisten a cursos de formación mucho más que en otras profesiones” y recomienda “incentivar los consumos culturales” entre los educadores.
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Con información de
Clarin
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