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¡Por qué tanta violencia?

Jueves 20 de Diciembre 2018
Por: Lic. Laura Ludueña | Prof. de Historia. Lic. en Cs. Sociales. Integrante de la Comisión Directiva de la Unión Docentes Argentinos y de la Asoc. Cultural Sanmartiniana del Dpto. Castellanos -Santa Fe-

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El Dr. Freud, padre del psicoanálisis sostenía que los hombres tenemos una predisposición natural a considerar que las ideas desagradables son inciertas y, buscamos argumentos en su contra.

Parece que nuestro cerebro odia el malestar o la tensión interna que se produce cuando una creencia personal se ve cuestionada. En estos casos, tendemos a ignorar la nueva información para reducir el conflicto mental que esa idea nos produjo. O, simplemente buscamos nuevos argumentos que encajen con nuestras creencias para sentir así cierta tranquilidad. Por eso, cuando algunas situaciones nos resultan desagradables o no se corresponden con lo que nos han enseñado o, con lo que por siempre hemos creído, simplemente intentamos apartarlas, buscando argumentos en contra.  Esta realidad, propia del ser humano, se complejiza cuando entra en juego la violencia como forma de enfrentar los conflictos. Por lo menos en este último tiempo, observamos que esto es lo que ocurre en todas las dimensiones de la vida nacional. Lamentablemente, sobran los ejemplos que así lo confirman. Lo observamos cuando se debatió la despenalización del aborto; lo observamos cuando un partido de fútbol no pudo realizarse en el país; lo observamos entre quienes están o no del “colectivo femenino” que defiende a las mujeres de hechos de acoso, abuso, etc.  La realidad es que, cuando algo va en contra de nuestras convicciones, en vez de analizar el porqué de los cambios, las personas nos cerramos sobre nosotros mismos sin escuchar lo que perciben los otros y sólo lo entendemos como una agresión. Obviamente, esta forma de pensar niega el cambio y nos encierra dentro de patrones de pensamiento muy limitados que juegan en contra del desarrollo que todos queremos para nuestro país.  Podemos extender el ejemplo a lo que ocurrió en el Concejo de Rafaela cuando se aprobó el Proyecto de iniciativa popular de “Rafaelinos por la Vida” o, también, con lo que sucedía hace justo un año cuando hicimos una crítica a la Reforma Previsional sancionada por el actual gobierno. Si bien la habíamos hecho con una mirada más sociológica que política, muchos la interpretaron como una agresión al gobierno nacional. Hoy, con la perspectiva del tiempo, vemos que no estábamos errados. La Corte Suprema declaró inconstitucional la medida y falló a favor de los jubilados, luego de establecer que el índice de actualización de haberes deberá ser el del cálculo que más los beneficia.  Haciendo nuestra otra frase popular de Freud, “algunas veces, un cigarro es solo un cigarro.” Nuestras creencias, estereotipos y condicionamientos a veces nos impiden pensar con claridad. Así, le damos a las palabras o actos de las personas que piensan diferente a nosotros, un significado completamente erróneo, que es fruto de nuestras inseguridades y miedos. De ahí a la violencia, ya sea en actitudes, palabras o hechos, hay sólo un paso. Y en este contexto, no olvidemos el papel que juegan las Redes Sociales. Se han convertido en el espacio donde se mezclan noticias, rumores, verdades y mentiras, creando estados de opinión que consolidan la famosa brecha que hoy divide a los argentinos. Si uno quiere ser mínimamente objetivo o, si le interesa estar lo más cerca posible de la realidad, debe diferenciar a quienes están informados de quienes no lo están. Debe intentar, por lo menos, identificar a los creadores de opinión y saber cómo relacionarse con los diversos colectivos que existen en este conflictivo mundo actual.  No hace falta aclarar que, toda esta situación, puede provocar grandes problemas en las relaciones interpersonales e incluso terminar con algunas. Personalmente, he dejado de seguir en las redes, a varios amigos que hacían desde el desconocimiento total, críticas infundadas, agresivas y violentas, al país, a los mapuches, a manifestantes sociales, a beneficiarios de planes de ayuda económica, a políticos, funcionarios, deportistas, etc.; etc., etc. ¡ni el Papa se salvó!  No es necesario buscar significados ocultos en cada cosa que se dice, se hace o se publica. Cuando uno tiene dudas, simplemente tiene que preguntar, que indagar en los argumentos de quienes piensan distinto y luego, armar su propia opinión. Quizás la vida es más sencilla de lo que nos parece y somos nosotros quienes la complicamos. Si todos queremos una sociedad mejor, podríamos comenzar por no viralizar en las redes argumentos que no sabemos si son reales o no, empecemos por no emitir opiniones que, en vez de tender puentes, profundizan una grieta que parece no poder cerrarse. No es tan complicado si nos ocupamos cada uno desde su lugar, de hacer lo mejor que podemos. Las buenas intenciones y los valores no sirven posteados en las redes. ¡Debemos vivenciarlos! Solo así, podremos construir entre todos, una sociedad mejor. 
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