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Dislexia, problemas de aprendizaje y las modas que impone el mercado
Sábado 30 de Septiembre 2017

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¿Por qué hay un auge de chicos con dislexia? ¿Qué deben saber familias y docentes sobre esta tendencia que gana el campo educativo y los medios de comunicación?.


La doctora en psicología Gabriela Dueñas señala que es clave entender que la dislexia, como dificultad que se manifiesta en la lectoescritura y/o en el cálculo, no puede ser considerada de manera simplista como un trastorno genético. Por el contrario, invita pensarlo como un problema que alude a muchas razones y es propio al proceso de aprender. Gabriela Dueñas es también licenciada en educación, psicopedagoga y profesora de grado y posgrado en diversas universidades del país, entre ellas en las Facultades de Psicología y de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Además de autora de diversas publicaciones, entre los últimos libros se encuentra: "Niños en peligro. La escuela no es un Hospital", editado por Noveduc.
 
En charla con La Capital analiza qué relación hay entre estos trastornos, las neurociencias y el mercado de la salud y la educación.
 
¿Qué deben conocer familias y docentes respecto de la dislexia? La educadora dice que lo principal es que conozcan que desde largo tiempo el término refiere "a ciertas dificultades en el aprendizaje y en la lectoescritura que manifiestan no pocos escolares". Una definición en la que se ponen de acuerdo distintas ciencias ligadas a la educación, como la psicología, la neurología, la lingüística o la didáctica, entre otras.
 
Señala que se trata de dificultades que aparecen luego de haber transitado los primeros tres años del proceso de alfabetización, es decir en el segundo ciclo de la primaria (4º y 5º grados), el tiempo necesario de los chicos en su alfabetización inicial. "Lo más importante que deben entender es que una vez detectada como un problema en el aprendizaje debe considerarse un «síntoma», y como tal, debiera abordarse".
 
Dice que como sucede con cualquier "síntoma" (del que quizás la "fiebre" sea su ejemplo paradigmático), las causas con las que nos encontramos frente a este tipo de señales que un niño expresa en la escuela son diversas: "En estos casos de «síntomas-problemas de aprendizaje» suelen estar presentes factores de carácter socioculturales, didáctico-pedagógicos y psicológicos. Sin descartar incluso algunas variables de carácter más bien biológico como la frecuente lateralidad cruzada".
 
"Si los aprendizajes y sus problemas estuvieran determinados biológicamente, la pregunta que se impone es ¿para qué existen las escuelas?".
 
Dueñas subraya que padres y maestros deben tener presente "que de ninguna manera la dislexia debe ser considerada como producto de una deficiencia o trastorno de carácter neurocognitivo de origen genético, tal como pretenden hoy instalar algunos como una novedad, apoyándose para esto en el recorte y la manipulación de ciertas investigaciones del campo de las neurociencias y la genética".
 
"Un problema de aprendizaje no puede pensarse de manera simplista como una deficiencia biológica. Si los aprendizajes y sus problemas estuvieran determinados biológicamente como el color del pelo, o de los ojos, la pregunta que se nos impondría es ¿para que existen las escuelas?, ¿Por qué la humanidad ha perdido tanto tiempo hablando de educación", prosigue la psicopedagoga.
 
Estigmas y clientes
 
La especialista advierte que este tipo de mirada, reduccionista, fuertemente sesgada y enmascarada de científica "responde a intereses diversos, necesarios de visibilizar para evitar caer en la trampa de estigmatizar a un niño desde temprana edad, adjudicándole una etiqueta o rótulo de «trastornado mental» desde los comienzos de su vida". Y lo que es peor —dice Dueñas— a partir de su supuesta deficiencia lo transforma de manera casi natural en un cliente de por vida de la industria farmacéutica.
 
"Digo cliente de por vida, cautivo del mercado de los laboratorios, ya que si bien no presentan remedios para la dislexia, con llamativa frecuencia la suelen ligar a otros trastornos mentales del tipo ADD/H, el TOD, o al TGD, entre otros. Todos inventos que lo único que buscan es sumar pacientes a la maquinaria patologizadora y medicalizadora de las infancias y adolescencias actuales".
 
"La patologización y medicalización de las infancias que impulsa el mercado es rentable para los profesionales que se dedican a vender servicios de salud y educación".
 
El "distinto"
 
Con este panorama en la mano, Dueñas advierte que "el niño en problemas con sus aprendizajes pasa a ser objeto de múltiples tratamientos de reeducación, rehabilitación y o adiestramiento cognitivo conductuales que incluyen una multitud de «profesionales al pie», que no le dejan tiempo libre ni para ir a jugar luego de la escuela. Donde también recibe «por su propio bien» atención educativa especial, a cargo de maestras integradoras que se ocupan de «adaptarle» la currícula de acuerdo a sus necesidades particulares, evidenciándolo así, ante el resto de sus compañeros, como «distinto», como si fuera posible pensar que existe algún niño que no tenga necesidades educativas especiales, o mejor dicho singulares, de acuerdo a sus historias y condiciones de vida".
 
—¿Por qué pareciera que hay un auge de chicos y chicas disléxicos en el último tiempo?
 
—Son muchas y complejas las razones. Pero voy a referir algunas de las más significativas en relación a esta problemática. Por un lado tenemos que considerar los profundísimos cambios socioculturales que se vienen produciendo de modo vertiginoso en los últimos tiempos con la llegada de las Tecnologías Informáticas de la Comunicación (Tics). Como en su momento ocurrió con la Imprenta, las Tics vienen impactando de manera significativa en la modelación de nuestro modo de ser y estar en el mundo. De manera particular en las nuevas generaciones que tienen novedosísimas formas de comunicarse, de jugar, de atender, de aprender, de captar y procesar la información. Mientras, las escuelas conservan un formato, concepciones, expectativas y estilo cultural propio de los tiempos modernos. Entre las escuelas modelo siglo XIX y los escolares modelo siglo XXI hay un "abismo" cultural desde donde se generan muchas problemáticas. Problemas que los chicos expresan, por ejemplo, en sus cuadernos cuando se los obliga a escribir en cursiva con lapiceras con cartucho de tinta mientras que ellos saben que hoy se escribe con distintos dispositivos con teclados o incluso sin ellos, y se lee a través de distintas pantallas. En estos contextos observamos que a muchos niños se les hace cuesta arriba aprender a leer y a escribir como lo hacían sus abuelos, porque no les resulta ni interesante, ni cuentan con experiencias previas o actuales significativas, que los convoque a realizar todo el esfuerzo y desarrollar todas las habilidades que se requieren para escribir en formato papel y lápiz con el que hoy se insiste desde el sistema educativo, y sólo allí. Por otro lado, está todo este problema ligado a la patologización y medicalización de las infancias actuales que impulsa el mercado con la colaboración de otros actores sociales. Algo que resulta rentable para todos aquellos profesionales que se dedican a vender servicios de salud y educación, confundiendo lo que son derechos con bienes de consumo.
 
—¿Qué intereses hay detrás en promover este problema?
 
—Además de los económicos en juego, hay otros intereses en danza ligados a la comodidad que supone desinvolucrarse como sociedad adulta de las complejas problemáticas con las que hoy nos interpelan niños y jóvenes desde y en las escuelas. Recordemos en relación a este tema que el lema de estos tiempos que vivimos es "no problem, be happy", mientras el mercado continúa modelándonos como consumidores, a veces hasta de espejitos de colores, como lo hacían los colonizadores cuando llegaron a América. Historias que se repiten, dirían algunos.
Fuente: La Capital
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